Francia no es sinónimo de libertad, igualdad y fraternidad

Por Álvaro Lopera

FRANCIA NO ES SINOMINO DE LIBERTAD 1
Foto: Salah Lamrani

Salah Lamrani es un joven parisino de 28 años, hijo de inmigrantes que viajaron después de la segunda guerra mundial desde la antigua colonia francesa, Argelia, para vivir en la Francia de la revolución, el país que tiene en su bandera los tres colores: azul por la libertad, blanco por la igualdad y el rojo, que emula la fraternidad.

Un poco de historia

Argelia fue colonia de Francia desde el año 1830 hasta 1962, año en que el Frente de Liberación Nacional le ganó la guerra a la potencia colonial. Pero la inmigración en firme fue posterior a la primera y segunda guerras mundiales, y fue ciertamente impulsada por los intereses del capitalismo francés que veía en la población árabe-musulmana una muy buena gente que solo rezaba y que no bebía ni hacía huelgas, lo cual no resultó cierto, pues muchos se vincularon activamente al movimiento obrero.

Los padres de Salah y casi todos los inmigrantes se convirtieron en mano de obra barata y se dedicaron a hacer autopistas, vehículos, puentes, centrales nucleares y cuanta infraestructura existe en Francia. La Francia moderna es, pues, hija de la inmigración del norte de África.

Marco político de la inmigración y de sus hijos

Para entender bien el marco sociológico en que se mueve Salah, “debemos tener en cuenta que ellos, los hijos de los inmigrantes, son huérfanos políticos e ideológicos, en tanto no solo fueron traicionados en sus más caras expectativas por el Frente de Liberación de Argelia que no llevó la revolución hasta las últimas consecuencias, sino también por los sindicatos y partidos de la izquierda francesa”, afirma con toda la calma que le es posible, Fausto Giudice, periodista director de Tlaxcala (tlaxcala-int.org), actual residente en Túnez y gran amigo de Salah.

La CGT (Confederación General de Trabajadores) comunista los dejó aislados, sin responsabilidades de dirección -los máximos cargos alcanzados fueron delegados de oficina- y sin expectativas. Muchos de ellos abrevaron en el trotskismo y en el maoísmo, pero tampoco pudieron encontrar un referente que los mantuviera atados a un ideal. En el escenario gremial y político fueron separados por una mano segregacionista. “Ahora, desafortunadamente, internet y cuanto adefesio se encuentra allí es el padre ideológico de muchos jóvenes hijos de la inmigración francesa, gracias a eso ‘El Estado Islámico’ hace de las suyas con notoria facilidad”, explica Fausto.

El entorno de Salah

Salah es árabe-musulmán y profesor titular de francés en el Instituto de Enseñanza Secundaria Romain-Rolland de Tremblay-en-France (suburbio de 35.000 habitantes), perteneciente al departamento de Seine-Saint-Denis (1.500.000 habitantes); es decir, enseña francés a chicos de 10-14 años en una barriada pobre de la periferia en el noreste de París. Estos niños son hijos de inmigrantes que viven en apartamentos muy humildes denominados HLM (habitaciones de alquiler moderado pertenecientes al Estado) que hacen parte de enormes torres en los “barrios sensibles”, como denominan a las comunas pobres francesas –similares a las nuestras-. Estas barriadas son intervenidas permanentemente por la policía, de la mano de los vigilantes o informantes pagados por las alcaldías, casi todos inmigrantes y buenos gatilleros. En cada mezquita tienen a uno de ellos.

Nuestro hombre es un joven inquieto y rebelde que se separa un poco de la media de los inmigrantes y, además, habla varios idiomas, entre ellos el inglés. Por ello fundó un blog en donde sube traducciones de personajes que tienen una huella antioccidental tales como Vladimir Putin, presidente de Rusia, Hasan Nasralá, secretario de Hezbolá -organización que Estados Unidos, la Unión Europea y la Liga Árabe tachan arbitrariamente de terrorista- y Bachar Al-Assad, presidente de Siria. A eso se le suma que creó un canal en youtube con intervenciones de estos personajes y con traducciones propias.

Llegó el “Estado de Emergencia” a Francia

El vendaval del terrorismo se instaló en Europa sin mucho esfuerzo, puesto que los países ricos habían sembrado mucho antes sus agrias raíces en los países colonizados por ellos. Las masacres coloniales en suelo argelino y en el mismo suelo francés -para contar solo un caso-, nunca juzgadas, siguen siendo el acicate de venganzas interminables.

El 13 de noviembre del año pasado, en medio de la resaca de la guerra en Siria, varios atentados causaron la muerte de muchos ciudadanos franceses, y abrieron la caja de Pandora de las medidas de emergencia antiterroristas, que atentan contra las libertades políticas. A partir de estos 130 muertos, los árabes todos, hombres y mujeres, pasaron a ser sospechosos de simpatizar con el terrorismo. Salah, es uno de ellos.

A pesar de ser profesor en una barriada periférica y enseñar a niños las bases idiomáticas del francés -el mismo que no hablan millones de árabes y africanos residentes en Francia-, y dedicarse con devoción a su labor, fue acusado de simpatizar con ideas proclives al fundamentalismo y al terrorismo, pues “su blog así lo indicaba”. Los compañeros de trabajo fueron los encargados de llevar el dato a los padres de familia, que son marroquíes, tunecinos y argelinos. La alarma sonó, pusieron la queja al Rectorado, entidad encargada de los colegios de esas barriadas, e Isabelle Chazal, Directora de Recursos Humanos (DRH) de la Academia de Créteil, decidió suspenderlo cuatro meses por el “mal ejemplo” que representaba para sus alumnos.

El colegio contrató a dos vigilantes para que evitaran la entrada de Salah a las instalaciones, pues en una actitud provocadora, él decidió presentarse diariamente en el mismo horario de trabajo, al frente de la institución. Antes había sido expulsado de un colegio francés en Egipto, por su actitud rebelde y por la misma razón del blog.

La orden impartida por el gobierno “socialista” de Hollande es que los árabes tienen que demostrar con hechos que no son aliados del “Estado Islámico” ni del terrorismo en general. Salah, en su blog, siempre demostró que odia el terrorismo y cualquier fundamentalismo que atente contra el derecho de los pueblos.

Con este acto traicionero, los humildes padres, con hijos muy pobres y casi todos árabes musulmanes, quieren demostrar obediencia al poder francés. Esperan quedar bien con el “Estado de Emergencia” lanzado por la comunidad europea, la misma que tiene en la mira el “fundamentalismo islámico”, el cual se transmutó, a punta de propaganda racista-xenófoba, en sinónimo de árabe. Mirando prospectivamente la historia, el próximo paso de Europa será el abierto fascismo.

Un comentario

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