19 de mayo: de la marcha festiva diurna a la represión sin par nocturna

Por Álvaro Lopera

Llegamos a las 9:30 a.m. a lo que fue la multitudinaria marcha del 19 de mayo en la ciudad de Medellín. La Minga punteaba con cantos y música que solo los hermanos indígenas tienen en su haber. La festividad era total: los sindicatos estaban allí, impulsando con sus consignas propias -que dan cuenta del proceso de privatización neoliberal de las empresas estatales- el paro nacional indefinido que camina por toda Colombia desde el 28 de abril; los jóvenes, que no tienen futuro con un Estado que no los representa; los pensionados, los pobladores humildes de los barrios, a los que se sumaban aquellos de las comunas que visitábamos con nuestras consignas, comparsas, performances, caminaban muellemente al son de la música y de ese sol inmisericorde del medio día plagado de luz ultravioleta que a todos nos bronceó.


La Minga indígena punteaba la gran marcha popular del 19 de mayo- Fotos: Álvaro Lopera

Pero también en la punta de la marcha salieron de la nada unos personajes extraños, unos tales contratistas con chalecos que los identificaban como funcionarios encargados de los derechos humanos, solicitando orden y no sé qué otras cosas en la caminata, como si la Alcaldía estuviera dirigiendo la marcha de todo el pueblo. Un compañero de derechos humanos de la Central Unitaria de Trabajadores-CUT los conminó a respetar el evento organizado por el pueblo, que es ajeno a los deseos de la burocracia institucional, y les recomendó retirarse. Posteriormente este compañero manifestó algo que se está viendo en todo el país: “Estos son tipos extraños que vienen a tomar datos, a pedir nombres y teléfonos con la pretendida tarea de velar por los derechos humanos, pero lo que hacen realmente es elaborar bases de datos para después ir por cada uno a sus casas y golpear individualmente hasta hacer desaparecer los nuevos liderazgos e intentar frenar en seco el paro nacional”.

Efectivamente no los volvimos a ver; o mejor, los olvidamos, pues el ambiente de solidaridad, festividad y fuerza nos convocó más que el temor a ser avistados por los siniestros que en todas partes están impulsando el papel más procaz del Estado: desaparecer, matar, torturar, herir o dispersar violentamente las protestas pacíficas con el brazo armado terrorista: el Escuadrón Móvil Antidisturbios de la policía, ESMAD.

Partimos del barrio El Salvador, situado en la comuna 9 (Buenos Aires- zona oriental) y recorrimos varios barrios de ella: La Milagrosa, Buenos Aires, Caicedo, antes de pasar a la comuna 8. En los balcones de las casas y apartamentos veíamos a ese pueblo animado cantando, golpeando con furor las cacerolas vacías, agitando la bandera nacional –la misma que muchos marchantes llevaban plegada a su cuerpo, pero de una manera invertida que significa un S.O.S para el mundo: primero el color rojo, seguido del azul y de último el amarillo- y tocando un sinnúmero de instrumentos improvisados creados por la imaginación y el deseo de acompañar la protesta.



Por mi futuro, viva el paro

Varios carros llenaban con sonido y música popular las partes medias y traseras de la marcha. Explicaban desde sus altoparlantes la razón del paro, por qué es una mentira mediática aquello de que somos vándalos por el hecho de marchar, a sabiendas que en esencia todas las marchas nacionales son pacíficas; se aclaraba el hecho de que tenemos una gran lista de exigencias económicas y políticas –que bien podrían llamarse ‘Un nuevo memorial de agravios’- pero también que la dignidad nos obligaba a pedir la renuncia de todo el gobierno, incluido el presidente.

La utopía marchaba a nuestro lado y nos hacía caminar con la frente en alto. La emoción del espíritu nos llevaba a pensar en la posibilidad de tomar el cielo por asalto; pero, cuando nuestros cuerpos ya estaban un tanto cansados y escuchábamos noticias de la realidad nacional, esa que nos pone los pies en la tierra cuando elucubramos y navegamos por otros lares, concluíamos que está todo por hacerse, empezando por lograr la unidad de todo el pueblo hasta que los propósitos principales de justicia y democracia puedan lograrse.

Comparsa motorizada

A medida que avanzábamos, iba quedando claro que no habría negociación con el gobierno fascistoide hasta que aparecieran los desaparecidos –más de 500- en todo el país; hasta que los responsables de haber dado la orden de asesinar, herir y acallar la protesta aceptaran respetar el derecho constitucional de salir a las calles a protestar contra la ignominia y la injusticia, y fueran llamados a tribunales nacionales o internacionales para responder por sus crímenes; hasta que el gobierno paralizara el accionar de los “niños bien” –léase paramilitares- que siguen haciendo de las suyas con la policía en distintas ciudades como Cali, Buga, Tuluá, Bucaramanga, Bogotá y Medellín, y recientemente Buenaventura y Quibdó; hasta que se inicie el proceso de desmonte del ESMAD y reforma de la policía, aparato que es el sostén de la actual dictadura que se cierne sobre todo el pueblo colombiano.

El Comité Nacional de Paro –el cual sigue siendo un intento aún no acompañado por el conjunto de los luchadores de todo el país- habla de más de 102 exigencias que se traen desde el año 2019, año en que se hizo la gran movilización nacional en el mes de noviembre y que fue birlada por el gobierno de Duque al no cumplir en 18 meses ninguna de las reivindicaciones, las mismas que ahora hacen parte del inventario de las exigencias nacionales.

El recorrido

Medellín no es un valle propiamente dicho. Esta ciudad está integrada en el área metropolitana que se conoce como El Valle del Aburrá –el río Aburrá también es conocido como el río Medellín-, pero la conformación topográfica es fundamentalmente montaña. La gran mayoría de barrios y corregimientos hacen parte de la agreste montaña que rodea la ciudad y en ella se alberga, además, todo lo conocido como la periferia de la ciudad. La marcha subía y bajaba al son del relieve y allí estábamos todos agitando las consignas.


Cacerolazo y bandera, todo suma

Terminado el recorrido en la comuna 9, y después de haber sentido a ese pueblo que saluda la marcha y protesta, bajamos a un ritmo lento, de la mano de ese sol que obligaba a cantar: Qué hijueputa calor/ qué hijueputa calor/ pero más hijueputa es el presidente de la nación/, que rematábamos con ese pequeño verso que se canta, o mejor, se grita desde el vientre: Uribe/ paraco/ el pueblo está verraco. Entre fotos, compases y conversa con los compañeros que caminaban a nuestro lado, seguros de que todo el país también lo hacía, arribamos a la comuna 8, más conocida como Villa Hermosa, antiguo suburbio obrero, ahora tapizada con casas de todos los estratos. Subimos y bajamos por los barrios La Mansión, Villa Hermosa, Batallón Girardot.

Encontrábamos familias enteras cantando y bailando; los niños con sus padres se sumaban a la fiesta y los primeros incursionaban en el canto reformando viejas canciones: Colombia/ unida/ jamás será vencida/, por “el pueblo unido jamás será vencido”. Pero se le oía muy bien a esa niña de no más diez años, quien posteriormente hizo su presentación artística en uno de los carros que cerraban la marcha.



Colombia unida jamás será vencida

Esas subidas nos quitaban el aire, pero no las ganas de seguir cantando y mirando lo que se veía alrededor: una fiesta de la solidaridad. Muchos hombres y mujeres desde sus balcones, talleres, negocios, nos arrojaban agua debidamente atomizada como para que nuestra humanidad soportara ese cansancio que ya empezaba a sentirse en nuestros cuerpos, no así en nuestro espíritu. Vivimos aquello que tanto amó el Che Guevara: “La solidaridad es la ternura de los pueblos”.

Cuando miraba para atrás, y siempre lo hago, me encontraba que la larga y lenta marcha en vez de disminuir, aumentaba imparablemente. Nos animaba saber que de otros barrios había salido otra marcha y caravanas motorizadas que seguramente veríamos cuando llegáramos al objetivo final: El parque de los deseos, rebautizado al calor de la lucha como El parque de la resistencia. A ello se sumó que en medio de una cuesta de más de 30 grados supimos que la reforma a la salud había pasado a mejor vida. Ya habíamos alcanzado otros logros en medio de este pantano de sangre que ha acumulado la represión del gobierno de Iván Duque: había caído la reforma tributaria y salió como un ladrón por la puerta de atrás el sujeto que la impulsaba, Alberto Carrasquilla, cerebro gris del robo de los bonos municipales de agua por un valor superior a $20 mil millones de pesos, y de la anterior reforma tributaria de 2019 que le quitó más de $20 billones de impuestos al gran capital financiero, industrial y extractivista. Pero también se había ido con el rabo entre las patas la momia del Ministerio de Relaciones Exteriores, Claudia Blum. Se empezaba a desgranar la mazorca gubernamental con la fuerza combativa de la mano del pueblo.



Solidaridad, la ternura de los pueblos

Pasamos por varias entidades de salud, a lo que los manifestantes llenos de emoción al ver a las enfermeras aplaudir y asomarse con sus uniformes y el tapabocas respectivo, saludaban con el estribillo A ustedes muchas gracias/ a ustedes muchas gracias, pues al fin y al cabo ellas han sido la primera línea del combate contra el Covid-19. Ya en la cima de la comuna 10, más conocida como La Candelaria, vimos a lo lejos el objetivo y nos dispusimos a llegar allí para sentarnos un rato y poder hablar con nuestros compañeros y amigos. Había que celebrar estos logros, teníamos que pensar cuáles serían los siguientes pasos en medio de la andanada represiva que Duque disparó desde principios del movimiento con aquello conocido como “Asistencia militar”, eufemismo que significa militarización de las ciudades, asunción del poder militar-policial por encima de los mandatarios seccionales y despliegue de todas las arbitrariedades posibles.

La amenaza

Después de cruzar Villa Hermosa y al pasar frente al Batallón Girardot, los jóvenes entonaron la consigna: Y yo no voy a ser/ un falso positivo/ pa’ darle vacaciones/ a un tombo malparido. Es conocido que la Cuarta Brigada de Medellín, de la cual hace parte el Batallón Girardot y el Batallón Pedro Nel Ospina, se distinguió por su ferocidad en la implementación de las ejecuciones extrajudiciales, mal llamadas “falsos positivos”, organizadas administrativamente en el gobierno de Álvaro Uribe, en donde fueron asesinados, de acuerdo con la Justicia Especial para la Paz -JEP, 6.402 jóvenes, las mismas que aún no han llevado a prisión a ningún oficial de alto cargo del Ejército, a sabiendas que fue una política de Estado tal como lo fue la implementación del paramilitarismo.

Nos disponíamos a bajar de esta comuna, cuando un compañero obrero se acercó sigilosamente y susurró: “Pilas, acaban de ver un camión con hombres armados, todos con camisas blancas”. Era de esperarse algo similar. Medellín es una ciudad sitiada por cerca de 340 bandas armadas por el paramilitarismo que, si bien actúan desde la óptica del narcotráfico y del cobro de la vacuna extorsiva a los pequeños negocios y habitantes de las comunas donde hacen presencia, las usan para contener toda manifestación de oposición al poder. Donde tienen presencia es imposible hacer proselitismo electoral o político opositor de cualquier orden, so pena de ser amenazado o asesinado.

La advertencia parecía salida de los cabellos, pues mirábamos para atrás y nos “tranquilizábamos” un tanto al ver la procesión de policías -no eran del ESMAD-, que nos siguieron desde el inicio de la marcha hasta el descenso a la comuna 10. No podría ser que acometieran una barbaridad con dicha presencia policial. “Tal vez la tengan reservada para más tarde”, musitó un compañero que estaba a mi lado.

El arribo al Parque de La Resistencia

Bajando la loma que se encuentra al costado del barrio Manrique central, ya en la comuna 4 (Aranjuez), encontramos las barras del Atlético Nacional y Deportivo Independiente Medellín, las mismas que confraternizaron en la lucha contra este mal gobierno, y ayudaron a impedir que la Copa América se hiciera en una Colombia bañada en sangre y sin respuestas del gobierno de extrema derecha. Cantaban y marchaban al son de ese futuro que se merecen nuestros jóvenes.



Barras del Nacional y del Medellín en pie de lucha

Cerca de las 4 p.m. fue tomado dicho parque por la muchedumbre. Los muchachos y muchachas se reunían y ese sitio se atiborró de melenas, trajes variopintos, canciones y pancartas de todo orden, propios de la juventud. A estas alturas, los que pasamos de los 50 teníamos el esqueleto resentido y el cansancio se sentía hasta en el pelo. En el aire no se respiraba un ambiente de suspenso, quizás la alerta temprana no tenía razón alguna. Decidimos regresar a casa para tomar un descanso necesario. En el camino nos encontramos con una pancarta que nos reforzó la alegría, pues allí estaba planteado un reto de la juventud hasta ahora inexpugnable: borrar el legado de Uribe.



Borrar todo tu legado, será nuestro legado

A las 8:30 pm supe por las redes que había ataques de la policía allí donde todo estaba bien cuatro horas antes. También llegaron noticias de heridos, corredores humanitarios, detenidos. Un amigo narró una historia que coincidía con la versión inicial acerca de los hombres armados, y fue esta: “Antes de las 6pm empezaron a llegar al parque unos tipos de apariencia lumpenezca y parece que atracaron a varios de los muchachos que allí estaban relajados, tomando cerveza o simplemente conversando. Se armó una gresca porque corretearon a los ladrones, pero detrás de ellos empezó a llegar el ESMAD, primero en una actitud pasiva pero posteriormente, sin pensarlo, empezaron a gasearlos y a insultarlos, para terminar con heridos y detenidos”.

Como en todas las marchas, se activó la primera línea, o sea la de defensa de las movilizaciones, y posteriormente la cuarta línea, la brigada médica. Llamé a una oficina de derechos humanos y comentaron que los corredores humanitarios estaban activados y que si sabía de violaciones de derechos humanos inmediatamente lo comunicara por algún medio. Al día de hoy, no hay reportes consolidados de detenidos o heridos.

La Noche y la Niebla (N.N.)–a las escondidas- configura un elemento escénico histórico del fascismo relacionado con los prisioneros en los campos de concentración nazis. Los N.N. son aquellos muertos que no tienen dolientes ni identificación. Ahora son los cientos de desaparecidos de todo el país y los encontrados en el río Cauca y desmembrados después de detenciones masivas en Cali. Todo indica que la orden del gobierno es usar la combinación de herramientas ilegales y legales para llegar a los mismos resultados del viejo fascismo hitleriano.

Una de las consignas más cantadas por la muchachada Que lo vengan a ver/ que lo vengan a ver/ esto no es un gobierno/ son los paracos en el poder, retumbó en mi cabeza toda la noche.

Un comentario en “19 de mayo: de la marcha festiva diurna a la represión sin par nocturna

  1. Siete decadas de padecimiento, de gobiernos terroristas, de gobiernos sumisos, de gobiernos narco paracos,de desapariciones,asesinatos y pues sencillamente el pueblo se canso de todo ello. Desde mi patria Bolivariana les nevio a todos los colectivos que hoy luchan en Colombia por liberarse del uribismo, del narco gobierno, de la sumision por intereses narcos al gobierno imperial, mi apoyo solidario. Solo elpueblo salva al pueblo y el pueblo colombiano, sus estudiantes, al igual que en Chile, han abierto los espacios de lucha porque ya estan cansados de tanta represion. Somos un mismo pueblo, reconocemos a un mismo padre dela patria, Simon Bolivar,aunque la oloigarquia de aquella y la actual lo aborrezcan, el pueblo esta claro que el camino es el mismo y que la lucha sigue siendo la misma. Ayer nos liberamos de un imperio asesino, hoy debemos liberarnosde un imperio quien poco valora al pueblo colombiano y que utiliza su territorio, con 7 bases militares, para proteger la produccion y transpote de cocaina hacia Estados Unidos y otros paises del mundo. Abrazos y apoyo solidario hermanos colombianos, somos una misma patri y luchamos por una misma cusa. Feliz noche.

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