No lo controlas, él te controla

En tu vida diaria, varias horas lo tienes en tus manos, cientos de minutos te concentras solo en él, miles de segundos irradia tus ojos y millones de milisegundos lo conservas a tu lado guardado. Porque te mantiene “conectado” y por eso a donde quiera que vayas lo llevas.

Por Jhon Mario Marín Dávila

Ilustracion: Berat Pekmezci

Siento un estrujón que hace desaparecer mis pensamientos, producto de una persona que me acababa de chocar, porque mientras caminaba estaba más consciente del celular que de su camino. Con una voz simple me dice: disculpa, y sigue su camino haciendo uso del celular. No me queda más que seguir caminando, tragarme mi rabia mientras me pregunto: ¿qué ha hecho el celular con los seres humanos?

Empiezo a observar que por donde voy caminando son más las personas que tienen un celular en sus manos que aquellas que las llevan libres. En una tienda de café se encuentra una señora y una muchacha, con dos pocillos en la mesa que no paran de echar humo, sus miradas están perdidas, al igual que sus palabras, solo se ven sus cabezas agachadas y sus dedos moverse con habilidad en sus celulares.

Más adelante hay varios negocios de comidas, donde se encuentran varias mesas con personas concentradas en sus celulares, esperando su pedido; las otras personas mientras comen con una mano con la otra manipulan su celular. Puedo decir que entre más de 9 personas que logro ver, solo dos no tienen en sus manos un celular.

Dejo de observar, me está cogiendo la tarde para llegar a la reunión, acelero mi paso y entro a la estación Madera del metro; hago fila para recargar la tarjeta cívica mientras que las personas que tengo adelante y atrás tienen sus cabezas inclinadas hacia abajo, mirando su celular.

Atravieso los torniquetes, bajo las escaleras para llegar a la plataforma y coger el metro, me ubico en la mitad del vagón y me sujeto de la varilla que separa los puestos. El tren arranca y comienzo a observar que la gran mayoría de las personas sentadas y paradas están sumergidas en el celular, solo unas 3, contándome entre ellas, no tenemos celular.

Comienzo a ver de reojo los celulares que tengo cerca para saber que hacen en el celular y puedo notar que están navegando en Facebook, Instagram, TikTok, WhatsApp, Juegos, entre otras. Un señor me descubre que estoy mirando su celular y de inmediato lo bloquea y me mira con enojo.

Me bajo en la estación Suramericana y voy camino a la tienda café donde está programado el encuentro con 3 amistades. Saludo con alegría y nos sentamos en la mesa, hacemos el pedido y nos disponemos a conversar. Esta compañera y 2 compañeros tienen en las manos sus celulares; mientras no hablan están pendientes de ellos y cuando toman la palabra, pausan su actividad en el celular y lo aprietan fuerte con su mano.

Luego de un rato ya me siento incómodo, porque sus ojos miran más ese aparato que a mis ojos y pareciera que la cita y la conversa la hubieran concretado con otras personas a través de sus celulares; les pregunto: ¿por qué no están disfrutando del tinto por estar en el celular? Y me responden que están atendiendo los mensajes del trabajo, o respondiendo los mensajes de su familia, amistades y pareja. “Me estoy actualizando”, dice uno con desparpajo, “pues si no estás conectado hoy en día no existes”.

La última respuesta me revuelca mi tripa; sin embargo, respiro hondo, me trago mi indignación y los motivo a que lo dejen a un lado. Este mensaje lo aceptan y aunque dejaron de estar inmersos en el celular, lo siguen mirando esporádicamente.

Se acaba la reunión y muy cuestionado de la manera en que nos hipnotizan los celulares, decido no devolverme para la casa en metro, sino en bus. Voy hasta el paradero, donde se encuentran 2 personas y ni se percatan que yo llegué; una estaba riéndose mientras miraba su celular y la otra atendía una llamada.

Llega el bus de Bello, subo, le pago el pasaje al conductor y logro ver que su celular tiene conectado unos audífonos (manos libres) que atrapan sus orejas. Paso el torniquete, el bus está casi lleno, así que con cautela busco un puesto. En el trayecto a la silla, noto que la gran mayoría está jorobada, dos personas están dormidas; las otras están conectadas en sus celulares.

Camino lento antes de llegar al puesto para observar qué hacen con el celular; logro ver que unos están en redes sociales, juegos y aplicaciones de apuestas. Antes de llegar a la silla el bus frena en seco y casi caigo. En la escaramuza me aporreo terriblemente la mano, pienso entonces que las personas se preocuparían por mí, pero no es así; todas están más preocupadas porque en el sacudón a alguien se le cayó el celular. Sin embargo, la atención se les dispersa en unos segundos y vuelven a anclarse en el celular. Esto me llena de rabia, así que me siento rápidamente a sobarme mi mano y a esperar llegar rápido a casa.

Al bajarme del bus todavía me queda un pequeño recorrido a pie para llegar a casa: primero tengo que atravesar un puente peatonal y luego caminar varias cuadras. Mientras lo cruzo observo que una pareja de enamorados se toman una foto con el celular, dándose un beso, supongo que querían tener de fondo la autopista con los carros y menciono en voz baja: “Al fin de cuentas el estado de enamoramiento es como los celulares, te hace perder”.

Al cruzar el puente peatonal tengo que caminar dos cuadras para llegar a casa, y en el trayecto veo que por la autopista va un motociclista, a unos 40 Km/h, haciendo uso de su celular. Me pregunto: ¿acaso no se percata que puede provocar un accidente? Cuando voy a cruzar el semáforo para poder llegar a casa, veo a los conductores de los dos primeros carros manipulando sus celulares.

Me lleno de ansias y estrés pues el celular al controlarnos y nosotros no controlarlo a él, modifica nuestros cuerpos: ya somos más jorobados, y nos roba la interacción de las miradas con el otro ser humano. Entro a mi casa, me tiro a la cama y pienso: me incomoda mucho estar rodeado de celulares y no de personas y cuando se me esfuma este pensamiento no dejo de repetirme la pregunta: ¿qué ha hecho el celular con los seres humanos? Entonces me levanto y cojo mi celular para ver los mensajes que tengo acumulados.

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