Editorial No 8: La utopía también está hecha de memoria

Cabezote 8

En momentos tan aciagos como este, cuando el fascismo acecha la esperanza desde adentro y desde afuera, se hace más evidente la necesidad de buscar en el pasado la chispa que nos permita encenderla de nuevo. En realidad, siempre ha estado en el pasado esa posibilidad secreta de que el presente no sea para los oprimidos una repetición del horror; pero el poder de los vencedores intenta siempre borrar el vínculo de estos oprimidos con su pasado, que no es solo de opresión sino también de resistencia, incluso en los momentos más oscuros de la historia. Por eso la activación de la memoria colectiva de los oprimidos es una obligación moral con nuestros antepasados y a la vez un acto de resistencia suprema, que puede y tiene que hacer tambalear la supuesta legitimidad del orden social existente, construido con la aniquilación de quienes se resistieron.

Hasta ahora la historia la han escrito los vencedores, borrando de paso cualquier huella de las acciones y proyectos de los vencidos que pusieran en cuestión no solo la legitimidad de su victoria sino de sus proyectos de vida. Por eso esta historia aparece como limpia y continua, sin interrupciones, algo así como el resultado del desenvolvimiento natural de la vida social, como manifestación permanente e irrefutable del progreso. De tal manera que a los vencidos no solo se les ha negado su lugar en su presente respectivo sino que se les ha expulsado de la historia. Así pasó, por ejemplo, con los proyectos de economía campesina y autogestionada de las desmovilizadas guerrillas liberales en el sur del país a principios de los 60 del siglo pasado, o con el movimiento Golconda encabezado por un grupo de sacerdotes colombianos inspirados en Camilo Torres y en la Teología de la Liberación, que insistían en construir el reino de Dios aquí en la tierra.

No obstante, en la rememoración de sus sueños, de sus proyectos, de sus formas de lucha, está la posibilidad más real y concreta de romper no solo la apariencia de continuidad de la historia sino de abrir el presente a otras posibilidades, aquellas en las que quepan los sueños de justicia y libertad que desde siempre animaron a todos los oprimidos de la historia.

El progreso ha sido un vendaval que arrasa a su paso todo lo que le ofrezca resistencia, y por eso ha dejado en la cuneta de la historia un sinnúmero de sueños y proyectos colectivos que pudieron habernos legado un presente distinto, sin la dominación del hombre por el hombre ni sobre la naturaleza. La memoria, sin embargo, mantiene vivos esos proyectos, en la medida en que sabe que su fracaso no debe asumirse como un hecho dado e inmodificable, y que en una sociedad injusta y violenta la legitimidad de nuestros sueños no está asociada casi nunca al éxito. La legitimidad de estos proyectos está en la fuerza misma del sueño que encarnaban. En ellos late un pasado frustrado, al que no se le permitió ser, y al que la rememoración puede darle una segunda oportunidad; eso implica redimir ese pasado de su fracaso.

De esa manera, la memoria reconoce que este presente pudo ser distinto, y en ese reconocimiento late también la posibilidad de otro presente, que no sea mera continuidad y proyección de lo que hasta ahora ha sido, sino justamente su interrupción. El pasado de los vencidos sigue estando presente hoy como posibilidad que depende de la actualización de estos proyectos. De ahí que la memoria no sea solo el registro de recuerdos pasados como en una base de datos, sino la actualización política de proyectos que los vencedores arbitrariamente truncaron y con ellos truncaron, asimismo, la posibilidad de un mundo mejor.

Y así como en las homilías católicas los creyentes invocan al espíritu santo y lo reciben en sus propios cuerpos, la memoria de la resistencia también necesita rituales para invocar y recibir en nuestro ser el espíritu de todos los que han soñado y luchado por un mundo mejor, desde Espartaco hasta la Teología de la Liberación, pasando por Wat Tyler (dirigente de las revueltas campesinas en la Inglaterra de 1381), los Comuneros, Olimpia Gouge (autora de la declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana), Bolívar, Martí, Zapata, Quintín Lame, Gandhi, la República Española, la Unidad Popular en Chile, las Panteras Negras, Mandela, el Che Guevara y un sinnúmero de individuos, colectivos y procesos que han encarnado grandes sueños de humanidad aún en medio de la represión más brutal.

Estos sueños de justicia y libertad han fundado desde el principio de los tiempos la posibilidad de un mundo mejor, donde la felicidad sea posible para todos y no solo el privilegio de unos cuantos logrado con la opresión de todos los demás. Su actualización, sin embargo, no puede ser una mera repetición. Al fin de cuentas cada presente ofrece unas posibilidades y unas dificultades concretas a la inserción de los viejos sueños de la humanidad; la imaginación y la creatividad son las que nos ayudan a vislumbrar el momento y la práctica que permiten abrir el presente y articularlo con un pasado concreto que lo fecunde con la tradición de una resistencia que se daba por perdida. La actualización es reinvención del presente a partir de un pasado redimido, incorporación de su impulso emancipatorio en unas formas y acciones nuevas que interrumpan definitivamente el tiempo de los vencedores, el de la opresión y sometimiento, e inauguren los tiempos de la libertad y la justicia por las que han dado la vida multitud de generaciones de oprimidos.

Por eso El Colectivo en su trasegar abreva permanentemente en la memoria colectiva de la resistencia a fin de apropiarse de ella, porque en su actualización está la posibilidad real de la utopía. Y se compromete también con el testimonio del presente, porque la memoria de los pueblos es fugaz, fragmentaria, diseminada, y está amenazada siempre con desaparecer bajo el cúmulo de información con que nos bombardean permanentemente los grandes medios y los tratados de los historiadores oficiales cuya pretensión única es legitimar la historia de los vencedores. El poder intenta por todos lados borrar la historia de la resistencia, nuestro compromiso es recuperarla, preservarla y actualizarla en las prácticas y el sentir cotidiano de todos los que hoy queremos interrumpir la historia de opresión que nos ha tocado vivir.

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