Niños migrantes en los Estados Unidos

De las jaulas de la guardia fronteriza (Trump) a las jaulas del pentágono (Biden)

Por Renán Vega Cantor


Las jaulas de niños del gobierno de Joe Biden. Fuente: BBC

Las imágenes son escalofriantes y parten el alma: dos niñas ecuatorianas, de tres y cinco años respectivamente, son lanzadas desde una altura de cuatro metros por el Muro de la Infamia de Estados Unidos; un niño mexicano de 9 años muere ahogado al intentar cruzar el río Bravo para ingresar a Estados Unidos; un niño nicaragüense llora desconsolado, diciendo que lo han abandonado en el desierto de Estados Unidos; miles de niños están enjaulados como animales en el país “más civilizado y democrático del mundo”.

Los cultores liberales del “bonachón” Joe Biden argumentarán que eso era lo que sucedía en tiempos del malévolo Donald Trump, pero que ahora estamos ante una nueva política migratoria del gobierno del Partido Demócrata. No es así, las escenas de sufrimiento y maltrato a niños son de hoy y las está llevando a cabo la administración Biden.

En las jaulas en donde se encierra a los niños se cometen todo tipo de crímenes, empezando por la separación de padres e hijos, hacinamiento, maltrato, pésima alimentación, abandono sanitario (y esto en épocas de coronavirus es una pena de muerte), camas inadecuadas, abusos y violencia sexual.

Se suele decir que los niños son el futuro del mundo y lo que pasa con los niños en Estados Unidos indica un futuro sombrío: de cárceles, torturas, represión, violación, racismo, dolor y muerte.

Hay niños que llevan meses enjaulados por el gobierno de los Estados Unidos, tal es el caso de una niña salvadoreña de nueve años que en febrero de este año completó 531 días detenida en una jaula de la “democracia estadounidense”, en donde ha pasado dos navidades. A finales del año anterior se contabilizaban 28 niños con más de 500 días encarcelados en el “país de la libertad”. Entre los niños enjaulados hay bebés de menos de un año, como demostración de que en ese “paraíso de la libertad” y la “democracia” no se discrimina ni por edad ni por sexo, porque a todos los pobres se les castiga por igual, así estén en pañales.

¿Por qué tratan de ingresar niños que marchan sin compañía de ningún adulto, ni siquiera de sus padres? Esto es resultado de una política aparentemente humanitaria de Biden, pero que es terriblemente criminal: como ahora a los niños que ingresan a Estados Unidos no se les deporta, esto ha generado la expectativa y el riesgo a enviar a los niños solos y desamparados. Para el migrante desesperado no importa que sus niños terminen en jaulas con tal de que acaricien el “sueño americano”. Suponen que, admitido su hijo, luego los acogerán a ellos, o que los niños podrán ser recibidos por algún amigo o familiar que ya está instalado ‒muchas veces sin permiso de residencia‒ en territorio de Estados Unidos.

No importa que eso pueda significar una separación para toda la vida, y los niños se queden sin padres, y nunca más se vuelvan a encontrar con sus progenitores. Por ello, los niños que logran entrar a Estados Unidos llevan pedazos de papel en los que tienen anotado un número telefónico de algún pariente, esperando que lo vengan a buscar. Es como una especie de pasaporte de la desesperación hacia lo desconocido, porque es frecuente que nadie venga a reclamar al niño.

Mientras tanto, Biden y sus funcionarios les dicen a los migrantes que no intenten ir a Estados Unidos, que sus fronteras siguen cerradas, que le entendieron mal, porque él nunca dijo que iba a permitir el ingreso de extranjeros pobres.

Como para darse cuenta de que nada ha cambiado en política migratoria en el gobierno de Biden, las jaulas en que están los niños no se han desmantelado, siguen en funcionamiento. Como gran cosa, Biden ha anunciado que ahora las jaulas van a cambiar de lugar y de administrador: ya no van a ser los capitalistas privados, que se lucran con el dolor infantil y administran las jaulas transfronterizas, los que “cuiden” a los niños, ahora esa labor se le transfiere al Pentágono, con una vasta experiencia en violaciones de niños, asesinatos, maltratos y torturas en el mundo entero.

El “gran cambio” migratorio de Biden estriba en que a los niños abandonados no se les expulsa directamente a México o a su país de origen, sino que ahora se les va a enjaular en las mazmorras del Pentágono. Esto es como decirle a alguien que escoja la forma como lo van a matar: si en la horca o en la silla eléctrica, a eso se reduce la democracia Made in Usa.

Qué puede esperarse de las bases del Pentágono, si allí los niños van a estar a merced de militares con antecedentes de irrespeto de derechos, violaciones sexuales a menores, e impunidad absoluta, como ya lo sabemos en Colombia, por la nefasta experiencia de Tolemaida. Cómo verificar el trato que le dan a los niños, si entrar a una base es casi imposible y los militares no le rinden cuentas a nadie.

Enviarlos a las jaulas del Pentágono tiene otro significado simbólico, el de catalogar a los niños como potenciales delincuentes que deben ser apresados en bases militares, ya que representan un peligro potencial para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Para darse cuenta de la continuidad en la política antiinmigrantes del nuevo gobierno de Estados Unidos con respecto a la de su antecesor, solo basta recordar que se mantiene la orden de Trump de expulsar a los inmigrantes que acabaran de ingresar a Estados Unidos para evitar contagios de covid-19. La única modificación es que ahora se deja a los niños en las jaulas, sin la compañía de sus padres.

Nótese la gran paradoja del “país de la libertad”, que siempre pregonó que los comunistas quieren robarles los hijos a sus familias. Ese infundio lo hace realidad Estados Unidos, donde brutalmente un Estado les arrebata los hijos a sus padres, a estos los expulsa, y a los niños los encierra en jaulas, como si fueran animales salvajes en cautiverio. Joe Biden prometió acabar con la “crueldad” de las políticas de inmigración de la era Trump en plena campaña electoral, aunque debió decir que iba a refinar esa crueldad. En resumen, el gran cambio migratorio en Estados Unidos en la era Biden radica en que a los niños se les traslada de una jaula a otra.

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