El subpresidente Duque, las guarimbas y la minga

Por Renán Vega Cantor

Dos términos aparentemente extraños se han difundido a nivel internacional en los últimos años, uno se usa en Venezuela, el de guarimba, y otro en Colombia, el de minga. Guarimba significa hoy en Venezuela la acción violenta contra el gobierno bolivariano promovida y financiada por los ricos, que recurren a una violencia extrema, como quemar vivos a los que conciben como sus enemigos chavistas. Uno de los guarimberos es Juan Guaidó, miembro del partido de extrema derecha Voluntad Popular, al que pertenece Leopoldo López, y responsable directo del asesinato de 44 personas durante las guarimbas de 2014.

Por su parte, minga es un vocablo de origen quechua que significa trabajo comunitario realizado para beneficiar a la comunidad. Por derivación en Colombia se viene hablando de minga social desde hace unos quince años, y ha estado asociada a la movilización indígena desplegada en distintos momentos. Adquiere importancia en estos momentos en los departamentos del sur de Colombia, siendo su epicentro principal el Cauca, puesto que miles de comuneros indígenas han paralizado la actividad económica durante varias semanas, para exigir el cumplimiento de los acuerdos que varios gobiernos han firmado y se han negado a cumplir.

Nos encontramos ante dos tipos de movilización completamente opuestos. Las guarimbas son una expresión de la extrema derecha, forman parte de la rebelión de los ricos y cuentan con el apoyo y asesoramiento directo del gobierno de los Estados Unidos, a través de sus agencias, como la USAID, y de ONGs de fachadas aparentemente civiles. Su objetivo inocultable es el derrocamiento de un gobierno legítimo, y para ello recurren a métodos criminales, para lo cual cuentan con el respaldo de falsimedia internacional, que los presenta como “abanderados de la libertad y la democracia”.

Las guarimbas hasta hace poco se habían llevado a cabo en territorio venezolano de manera exclusiva, pero el 23 de febrero adquirieron una dimensión internacional al ser escenificadas desde el lado colombiano de la frontera, con el apoyo directo del régimen del subpresidente Iván Duque actuando como mandadero de su amo imperial. Lo que se vio en esa fecha, con la fachada de una pretendida ayuda humanitaria, fue la acción de los guarimberos que intentaron entrar a la fuerza a territorio venezolano y de paso quemaron la supuesta ayuda humanitaria, como lo ha reconocido The New York Times, un medio desinformativo del capitalismo mundial. Esas guarimbas al otro día, el domingo 24, procedieron a atacar a los guardias fronterizos de Venezuela en una acción que se prolongó durante varias horas, pero al final fueron repelidas y devueltas al lado colombiano.

En pocas palabras, el régimen de Iván Duque se ha convertido en una fuerza de apoyo (económica, territorial, diplomática, militar, mediática, ideológica, artística…) de los guarimberos, a la cabeza de los cuales se encuentra Juan Guaidó, como se acaba de probar en Venezuela al ser desarticulado un nuevo intento de organizar atentados y saboteos, coordinados por asesores directos de Guaidó. En cierto sentido, entonces, puede decirse que gran parte de los altos funcionarios del gobierno de Duque se han convertido en patrocinadores de los guarimberos, a muchos de los cuales se les ha concedido asilo en Bogotá, desde donde siguen realizando sus acciones criminales. Al respecto, uno de los casos más descarados es el de Julio Borges, uno de los responsables del atentado contra Nicolás Maduro el 4 de agosto de 2018, acogido en Bogotá e invitado, para más señas, a la posesión presidencial de Iván Duque, y luego nombrado como “Embajador” de Guaidó ante el Grupo de Lima. Sobre ese individuo se han dictado órdenes de captura por parte del Tribunal Supremo de Justicia por múltiples delitos, entre ellos los de organizar guarimbas que terminaron con la muerte de decenas de venezolanos chavistas.

Que Iván Duque en persona está comprometido con los guarimberos se demuestra con su presencia en Cúcuta los días 22 y 23 de febrero, cuando, cumpliendo órdenes directas de sus amos imperiales, intentó forzar, violando elementales normas del derecho internacional, la entrada de la pretendida ayuda humanitaria. Luego se supo que tal ayuda estaba compuesta de cadenas, máscaras antigases, clavos, pitos, alambre de púas e instrumentos de esa índole tan necesarios para alimentar a la gente, si por eso se entiende aprovisionar a las guarimbas.

Pero ese protagonismo de Iván Duque y sus funcionarios del alto gobierno no se ve por ninguna parte en el caso de la Minga del sur de Colombia, pese a que los indígenas reclaman su presencia. Y, como era de esperarse, contra las justas protestas de los comuneros, Duque ha acudido a la represión, a la criminalización y la calumnia, acompañado por los mismos medios de desinformación que tanto alaban a las guarimbas criminales en Venezuela. Como suele ser corriente en nuestro país, a cualquier protesta social, por legítima y justa que sea, se le responde violentamente con toda la represión del Estado y con la violencia simbólica de siempre, que consiste en acusar a los que protestan de ser guerrilleros, terroristas y/o narcotraficantes, para justificar la represión y los asesinatos.

Ya van cerca de una decena de muertos, la mayor parte de ellos en una extraña explosión que ocurrió en Dagua. El Ministro de Defensa, sin ninguna evidencia ni investigación, ya la calificó como “un acto criminal que ocurrió allí provocado por ellos mismos al manejar irresponsablemente unos explosivos sin tener el conocimiento”, y, además, “sus propósitos eran claramente criminales”. Es decir que ese individuo que oficia como Ministro de Guerra, por clarividencia ya sabe cómo fue lo sucedido, cuando lo sospechoso es que ese hecho se presente en medio de una gran movilización social, y podría tener el fin de amedrentar a la gente que protesta.

Como no podía faltar, a la Minga se le ha acusado desde los círculos uribistas de estar dirigida por las Farc, como si estas todavía existieran: este es el argumento de contra-insurgencia social que caracteriza al Estado colombiano y a las clases dominantes de este país.

Como podemos ver, muy distinto es el comportamiento del régimen de Duque, del bloque de poder contrainsurgente y de falsimedia en cuanto a las guarimbas y la minga indígena. La primera es presentada como una acción valerosa contra el gobierno de Nicolás Maduro, sin importar que se acuda a las formas más brutales de violencia contra los pobres. Y además participan directamente en su organización, patrocinio y financiación el subpresidente Duque en persona, la vicepresidenta, el Miniesterio de Relaciones Exteriores, el Embajador en Estados Unidos…. Mientras que la Minga en Colombia es descalificada, sus protagonistas perseguidos y criminalizados, sus reivindicaciones tergiversadas y calumniadas.

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