Editorial No 41: Por un desarrollo de la vida humana y no del capital

Nunca llegar implica no llegar nunca /Luis Vasquez Elorza /2016
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Por desarrollo social deberíamos entender un mejoramiento cualitativo de la humanidad. Este incluye, desde luego, mejores condiciones materiales de existencia, pero no puede reducirse a ello ni convertirse en su meta más significativa. De hecho, el mejoramiento de las condiciones materiales no solo no tiene sentido, sino que es virtualmente imposible sin el mejoramiento de los demás aspectos de la vida. Y es que la idea de desarrollo está vinculada con la conquista de la dignidad humana, así que para medir el nivel de desarrollo de una sociedad no solamente hay que tomar en cuenta la cantidad de bienes de que esta dispone para satisfacer sus necesidades sino saber cómo los usa y, sobre todo, cómo los ha adquirido. La dignidad, desde luego, incluye unas condiciones materiales básicas para cada contexto histórico, en el que la gente no muera de hambre ni viva a la intemperie ni tenga que venderse para sobrevivir. Pero también podemos tener abundancia material y ser absolutamente indignos, como les acontece precisamente a los capitalistas, cuyas fortunas se incrementan permanentemente con el sufrimiento y la miseria de los demás.

Y el Plan Nacional de Desarrollo del presidente Duque parece estar dirigido a garantizar el incremento de las fortunas de los grandes capitalistas y no, como debiera ser, a mejorar las condiciones de vida de la mayoría de colombianos y mucho menos a garantizar para ellos una vida digna, donde la gente no tenga que recurrir a prácticas oprobiosas para satisfacer sus necesidades más básicas. Y no es que Duque y el resto de la clase capitalista de Colombia y del mundo estén confundidos con respecto a lo que es propiamente el desarrollo; más bien es que su indigencia moral los hace ciegos ante el sufrimiento que la búsqueda de sus propósitos particulares infringe al resto de la humanidad.

No se le puede escapar al presidente ni a nadie medianamente inteligente, por ejemplo, que una política económica orientada por un modelo extractivista al servicio de las corporaciones transnacionales, no solo atenta contra la biodiversidad de los territorios y destruye el equilibrio de los ecosistemas, sino que en el mediano plazo somete al hambre y a la miseria a las comunidades rurales y después de ellas a la gente en las ciudades. No puede escapárseles que en un país donde el sistema pensional es administrado por fondos privados con ánimo de lucro, poner a pagar pensiones por horas a los trabajadores que apenas logran trabajar unas cuantas horas a la semana no garantiza la pensión de tales personas, sino que mejora las condiciones financieras de los fondos privados, pues aquellos que no tiene trabajos dignos y estables tampoco tienen esperanza de pensionarse algún día. No es que el gobierno no se dé cuenta de eso, sino que responde a otros intereses, lo suyo no es mejorar las condiciones de vida de la gente sino las oportunidades de acumulación de capital de su propia clase. Por eso, en vez de una política que brinde empleos decentes a aquellos que no los tienen, busca despojarlos de lo poco que ganan en las escasas horas que logran trabajar.

El asunto entonces no es de diferentes concepciones de desarrollo, sino de diferentes intereses económicos y políticos. El problema es que los sectores populares, aquellos que sufren en carne propia las políticas que los poderosos implementan desde el gobierno para mantener su poder económico y político, no tienen claros sus propios intereses, pues parte de la estrategia de dominación implementada por las clases dirigentes son la ignorancia, la confusión y la desinformación de las masas para manipularlas y hacerles creer permanentemente que ellos son los iluminados de la sociedad y los más idóneos para conducirlas al logro de sus verdaderos objetivos, cuando lo único que pretenden es ganar sus votos para seguir controlando las instituciones y el gobierno en favor de intereses particulares y en detrimento del interés general. De ahí pues que la tarea no sea convencer al gobierno y a la clase dirigente de que están equivocados en su concepción de desarrollo, sino ayudar a las masas a comprender que las políticas de “desarrollo” que implementan dichos gobiernos están por obligación en contra de los intereses de los sectores populares. Esto no puede lograrse con las mismas estrategias de manipulación implementadas por la clase dirigente; al contrario, se trata de redimir a las masas de su condición de masas y propiciar su transformación en colectivos pensantes, críticos y autónomos, es decir en sujetos políticos, en sujetos realmente humanos y esto se logra a través de procesos comunitarios de educación popular, de investigación participativa, de comunicación popular, entre otros.

Es en este sentido que el mejoramiento de las condiciones materiales de existencia, en términos del desarrollo social, no puede llevarse a cabo sin el mejoramiento de las dimensiones propiamente humanas de los individuos. El mejoramiento de la humanidad se hace evidente precisamente cuando somos mejores seres humanos, cuando en contra de nuestra condición de masa nos erigimos como verdaderos sujetos políticos, tanto en el plano individual como colectivo, es decir, nos convertimos en agentes de nuestra propia historia. Solo los colectivos conscientes, y no las masas manipulables, pueden de verdad movilizarse contra las políticas que someten a las mayorías al hambre y la indigencia en una sociedad que produce riqueza por montones. Solo estos individuos y colectivos conscientes pueden poner a la dignidad como horizonte del desarrollo social, de tal manera que estemos en capacidad de decidir qué es lo que realmente necesitamos como humanidad y qué precio estaríamos dispuestos a asumir por ello, a qué riquezas artificiales y relaciones de poder artificiosas habríamos de renunciar para avanzar en la construcción de una vida realmente humana. Por eso la lucha que damos hoy por las condiciones materiales de existencia tiene que avanzar a la par con las estrategias que cualifican a los seres humanos y los hacen dignos de una vida realmente confortable, que no requiera del expolio a la naturaleza ni del envilecimiento de los hombres o la destrucción de otras formas de vida.

Dreams/George Lilinga

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