Frontino, al abrigo del Plateado…un perseguido por su codiciado oro

Por Luz Celina Alcaraz

Parte de la identidad del frontineño es el Cerro Plateado. Enclavado en la cordillera occidental, con una altura de 3.840 metros sobre el nivel del mar, el majestuoso gigante domina el horizonte, donde se yergue el pueblo descendiente del glorioso Nutibara, enarbolando el señorío de esta estirpe. La diversidad de sus ecosistemas pertenece al Parque Nacional Natural de las Orquídeas junto con Urrao y Abriaquí. También es el hábitat del oso de anteojos, y entre las bromelias, orquídeas y trepadoras, el colibrí del sol, con vuelo libertario, reivindica la ya casi desaparecida especie.

De sus agrestes breñas frotan las aguas del hermoso río Cerro que desciende cautivando las veredas y rumorando abraza al pueblo donde lo renombramos río Frontino. Serpenteando se aleja y vierte sus aguas al sufrido y saqueado río Herradura.

La topografía del Cerro Plateado, que ha sido inspiración de poetas y cantores, desde lejos asemeja el cuerpo de una mujer embera que dormita plácidamente. Lo real es su mechón blanquecino cercano a su cúspide, que con los destellos del naciente sol irradia un haz de luz que invade su dominio. Esa blanca estrella, en el frontal de nuestro cerro, nos otorgó el gentilicio de frontineños.

1825: año en que llegaron los saqueadores del oro

El origen de su llegada, dice el historiador Gabriel Poveda Ramos, “fue cuando la banca inglesa, para hacerle un préstamo a Colombia, le exigió al gobierno del vicepresidente Santander la entrega de las minas nacionales, en arriendo, a las compañías inglesas, para explotarlas en su beneficio. Con el canon del arrendamiento, Colombia le pagaba el empréstito a A.B Goldsmeth and Company”, prestamista.

Entonces los banqueros ingleses y sus colegas enviaron ingenieros de minas a aprender técnicas de mineros artesanales, denunciar y reconocer yacimientos y filones para sus compañías, comenzando el apoderamiento y saqueo de la riqueza mineral del país. Y se adueñaron de minas del Tolima (Santa Ana), Marmato, Titiribí (Zancudo, Chorros), Sonsón, Amalfi y Anorí, titulándolas a nombre de compañías inglesas.

Llegaron al país tanto ingenieros ingleses como alemanes y después norteamericanos. Algunos de ellos: Waltek, De Greiff, Moore, Greiffenstein, los White, Freidel, Eastman, Johns, Wolf, Johnson. Trabajaron y crearon sus emporios en el país, entre ellos: La Frontino and Bolivia Company, la Western Andes Mining Company, la Pato Mines, la Colombia Corporation. Después llegarían las compañías francesas.

Se instalaron en Colombia y fueron investidos como los dueños de la explotación del oro y la plata; arribaron, como era de esperarse, con adelantos técnicos: molino liviano de pisones de metal que reemplazó mucha mano de obra, uso de pólvora para abrir galerías y túneles, uso de máquinas a vapor, cianuración y mercurio para el amalgamamiento del oro.

Finalizando el siglo XIX llegaron las máquinas eléctricas, la dinamita, las turbinas pelton, la técnica de fundición del oro y de las herramientas para el trabajo minero. Nacía la industrialización, se implementó el trabajo asalariado y las empresas capitalistas. Los ingleses empezaron a transferir sus inversiones a los mineros norteamericanos, pues vieron que aquellos tenían tecnología más avanzada para la minería. El tío Sam se apuntó al desvalijamiento.

No solo se roban la riqueza mineral

Los depredadores del oro siempre llegan a las minas explotadas. Utilizan y manipulan a los mineros artesanales y estos les abren el corazón de sus minas, les sirven de guía, informan sobre las vetas y filones, les enseñan sus túneles, sus clavadas, atajos y secretos, les muestran el conocimiento empírico del trabajo minero. Engañados con espejitos, después son expulsados con las manos vacías tras una vida dedicada a la minería. Otros se vinculan a la explotación como asalariados. Actualmente sucede lo mismo: las mutinacionales exploradoras manejan satélites y llegan a las minas ya existentes: Buriticá y Popales en Abriaquí son ejemplos de esto. La información del minero autóctono es valiosísima para ellos. Cuando cumplen su función, el despido es su contraprestación.

El plateado filón aurífero

Descubierto desde el siglo XIX, fue invadido por los ingleses desde 1915, cuando se asentaron en la base de la imponente montaña, arropada de vegetación y aguas. Con ellos inició la neocolonización de la minería en Frontino míster Kanvelst, míster Malta, Kembo, Sting, Forest, Arturo Ringwesqui, este último alemán. Trabajaban en la mina llamada Apique, de propiedad de la compañía inglesa Karmen Vale, que le había comprado a la también compañía inglesa Frontino and Bolivia Company, que extraía el oro de Remedios.

Estos ingenieros de minas montaron la infraestructura con energía eléctrica y máquinas de vapor en las entrañas del cerro. Implementaron las galerías subterráneas y la rueda hidráulica. El enrielado para sacar en coches el material, el cual trituraban en los arrastres y con molinos de pisones, luego lo lavaban, extraían el oro y utilizaban los crisoles para fundir los metales. El aporte de la ingeniería inglesa consistió en los adelantos modernos para la extracción del metal precioso para sus compañías.

En el paraje del cerro surgió apenas un caserío modesto de mineros pobres en tanto que los extranjeros construyeron sus viviendas acordes con su estilo de vida. Trabajaron 7 ingleses y un alemán hasta 1943, cuando se fueron a la guerra. La mina quedó abandonada y con el tiempo los derrumbes la taparon.

Los actuales mineros del cerro

En el cerro han existido minas que son de particulares, los mismos que destaparon la famosa mina Apique. De ellas muchos pobladores barequeros han devengado su subsistencia, así como los dueños de los arrastres, sistema artesanal limpio que consiste en una rueda hidráulica para moler el material y extraer el oro.

En la mina Apique, que actualmente funciona como una asociación, están de nuevo trabajando con los montajes que dejaron los extranjeros con el objetivo de llegar a la industrialización del oro. El plateado cerro cumple casi 2 siglos soportando pólvora y dinamita en su alma aurífera.

Qué hay del ecosistema del Plateado

Las quebradas, manantiales, afluentes y nacimientos han sufrido lo suficiente con la minería. La lavada inmisericorde del material sacado del socavón siempre genera la sedimentación de las fuentes hídricas y las sustancias tóxicas contaminan el agua, fuente de vida. El río Cerro ahora es opaco, turbio…triste.

Así algunos mineros se preocupen por el ambiente, existe muy poca minería limpia. Hay proyectos ecoturísticos para visitar, como museo, las minas del Plateado y ver los malacates, motobombas y toda la chatarra que abandonaron los ingleses, mas no el oro, pues está en otros bolsillos. La prosperidad que prometía dicha explotación, nunca se vio.

Como dice la canción: “solo nos van dejando miseria y sudor de obrero”.

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