Dignidad o esclavitud –“los de afuera”

Es nuestra elección si vivimos libres o esclavos de un sistema que no da oportunidades y el cual nosotros no elegimos

Por Lyda Samoral

Foto: CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca)

El pueblo indígena se caracteriza por su sangre ardiente, por su visión de libertad, y se enfoca en la construcción colectiva de propuestas para dignificar la vida mediante procesos comunitarios construidos y basados en la persistencia o, como muchos dirían, en la terquedad o la rebeldía.

Hablar de autonomía Nasa es hablar de un pueblo (todos) en resistencia que, en ocasiones, pareciera diluirse en medio de las condiciones que ponen otros, “los de afuera”, quienes han llegado “con estrategia engañosa amigable de posicionamiento” a nuestro territorio y abusando de nuestra amabilidad y generosidad para con la vida, han engañado a los más ingenuos arrastrándolos a un mundo desequilibrado de producción agrícola diferente a la nuestra. Ahí es donde empezó una pesadilla de no acabar para nuestras comunidades en nuestros territorios, cuando llegaron con los primeros cultivos de marihuana en el sector de Corinto; “de la mejor”, decían cuando se hablaba de la marihuana de Corinto, la “moño rojo” en ese entonces, ahora ya se habla de marihuana mejorada, (híbrida y castrada). Como si fuera poco y de la manera más irrespetuosa a nuestros usos y costumbres, otra vez, “los de afuera”, convirtieron nuestra planta más sagrada (coca) en fortín de guerra y destrucción hacia nuestra propia gente, nuestra cultura, todo un atropello a nuestra espiritualidad.

La vida del indio, desde su esencia, es muy diferente a la vida del blanco, pero le ha tocado conocer y vivir como los blancos para sobrevivir en un mundo impuesto por “los de afuera”; un mundo no natural, no tranquilo; un mundo no equilibrado, sin armonía; un mundo de competencia discriminatoria que descalifica atrevidamente los usos y costumbres libres, equilibrados, armoniosos y que, además, juzga las formas diferentes de vivir.

Entendemos como indios que cuando se ignora algo, no se logra entender ese algo y que da miedo en ocasiones atreverse a conocer ese algo, porque simplemente no fue lo que nos enseñaron o ese algo no estuvo en el programa de adiestramiento social. En el campo es diferente: cuando naces, “naces libre”, tus ojos al abrirlos, a los pocos minutos y horas de nacido, ven libertad, ven naturaleza, tu nariz respira aire limpio (aire de verdad), los espíritus del aire, del agua, de la naturaleza en pleno solo te acarician y así poco a poco vas creciendo, vas conviviendo con un mundo libre, donde se hace lo que las manos van indicando tocar, se visualiza lo que los ojos van aprendiendo a ver, se escucha lo que los oídos van sintiendo sonar; así, poco a poco, se va aprendiendo en libertad, se aprende a sentir física y espiritualmente lo que “los de afuera” no entienden y, como no entienden, luego juzgan, porque creen que su verdad es la única verdad.

En medio de un mundo que nos envuelve y nos atrapa en sistemas que no son nuestros sistemas, nos encontramos sumergidos, pero con una diferencia frente a muchos: nosotros conocemos mucho de nuestro mundo y ahora conocemos mucho del mundo de “los de afuera”, aquellos que llegaron a nuestro territorio a cambiar nuestra cultura, a romper nuestras formas de prácticas familiares y a atropellar nuestra espiritualidad. Hoy en día conocemos nuestros derechos y conocemos los sistemas que han usado “los de afuera” para acabar con la libertad, no solo la nuestra, si no la libertad de la humanidad; hoy conocemos y nosotros también sin querer y sin pensarlo entramos en el mundo económico de “los de afuera”, un mundo sin libertad.

Analizando nuestra vida comunitaria en el territorio con “los de afuera” y con sus problemas que hoy son nuestros problemas, nos sentamos como se sienta el indio alrededor del fogón, nos sentamos a pensar, nos sentamos a hablar en comunidad y a tomar decisiones en construcción colectiva como es nuestra costumbre y salimos después de muchos debates comunitarios con una propuesta nueva, una decisión comunitaria. Decidimos no seguir alimentando la barriga avara y despiadada de nuestro verdugo, decidimos desde hace muchas conversas, sacar a “los de afuera” de nuestros territorios, no a las personas que viven en el marco del respeto a la vida y a la libertad, pero sí a aquellos grupos que se dicen defensores de la vida y de la patria, pero que acaban con ellas; decidimos sacar a los corruptos, mentirosos, manipuladores y tóxicos de nuestros territorios. Y también decidimos sacarlos de nuestro sistema económico; nos pensamos una economía desde nuestro pensamiento indio, decidimos independizarnos parcialmente, con cautela, despacio, pensadito- pensadito.

Hoy decidimos que para cortar muchas de las incidencias externas de consumismo innecesario es preciso complementar nuestro sistema de autonomía. Por eso hoy estamos colectivamente construyendo nuestra moneda propia; justo en este preciso momento nuestras comunidades se están pensando después, de varios años de proceso, cómo será nuestra moneda.

Hoy en los territorios, nuestros jóvenes, mayores, niños y niñas, están haciendo a puño (dibujos a mano alzada) las propuestas para la moneda que servirá como herramienta de intercambio en nuestro territorio y entre nuestras comunidades y las comunidades que la acepten; hoy creamos nuestra propia economía, con principios comunitarios claros y diferentes a la “renta nacional” (renta para unos corruptos); hoy nosotros compraremos y venderemos con nuestra moneda nuestros propios productos.

Hoy nosotros contrataremos servicios con nuestra moneda, hoy nosotros decidiremos cómo es nuestra renta y cómo se distribuirá, tanto en lo administrativo como en la redistribución comunitaria necesaria. Somos estado colombiano y queremos seguir siéndolo, pero rechazamos rotundamente el narcoterrorismo a que nos hemos visto sometidos por quienes están en el poder del gobierno nacional, “los desvergonzados”, como decimos humildemente los indios. Irónicamente ellos nos dicen déspotamente “esos indios”; nosotros seguiremos muy humildemente, pero muy con la cabeza en alto, haciendo propuestas de desarrollo local para las comunidades del mundo y estaremos siempre dignificando y defendiendo la vida libre en construcción colectiva.

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