Aprendizajes de la pandemia

Por Gearóid Ó Loingsigh

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La pandemia ha sido una experiencia llena de aprendizajes, tanto a nivel personal como en lo político. Todos hemos aprendido cosas sobre nosotros mismos, lo que es importante de verdad en nuestras vidas, nuestros patrones de consumo, nuestras relaciones de amistad entre otras cosas. Algunos aprendieron, por primera vez en sus vidas, la realidad del capitalismo.

Marx decía que una de las bases del capitalismo es la extracción de plusvalía de los trabajadores. Sin el trabajo no hay ganancias, no hay capital y, por ende, no hay capitalismo. La derecha siempre ha presentado una visión contraria, que es el empresario quien genera ganancias, productos, flujo de capital, provisión de bienes y servicios. La pandemia mató ese mito de una vez por todas.

Se implementaron, con distintos grados de éxito y rigurosidad, en todo el mundo, medidas de cuarentena y confinamiento. Y, de repente, los empresarios tuvieron que reconocer que ellos no producen nada y que sin sus trabajadores no son nada. Es el trabajador quien genera riqueza, sin los trabajadores el mundo para, sin los empresarios ni nos damos cuenta, como el chico aburrido que se va temprano de la fiesta. Pero también aprendieron muchos que los políticos saben que el mundo es así, y por eso su principal preocupación era como reactivar la “economía”, es decir, cómo obligar a los trabajadores a producir para generar ganancias y poner el capital a fluir, y no cómo iban a salvar a la gente. Eran más importantes las ganancias que las vidas.

Eso también se vio en Colombia desde el primer momento. Y no obstante las griterías entre el bobo del Palacio Nariño y la boba del Palacio de Liévano, ellos estaban de acuerdo que lo más importante era la economía burguesa. Ninguno de los dos quería romper con la lógica capitalista, abolir el pago de arriendos, servicios públicos, pagos de seguridad social, etc., durante el confinamiento. Tampoco querían limitar las ganancias del sector bancario, no tenían nada qué decir y López siguió especulando con el terreno del Hospital San Juan de Dios en vez de adecuarlo en la lucha contra el Covid-19, pues la especulación era más importante que las vidas humanas.

También aprendimos algo muy importante sobre Claudia López. Todos sabemos que Duque es algo bobito, que toca la guitarra mejor que gobierna, que tiene más destreza con un balón que con el manejo de una crisis. Además, cuando habla transmite esa misma imagen, de un bobo, quien además sabe que es bobo e incompetente. La imagen de López es distinta, ella habla con autoestima, confianza, como una persona segura, pero es igual de incompetente e inepta que Duque.

Cada vez que toma una decisión, la modifica sustancialmente a los pocos días. Cuando comenzó el confinamiento anunció que los que salieron de Bogotá no podrían volver a la ciudad y luego cambió de opinión con una operación retorno, improvisada y mal manejada. Todas sus decisiones eran de este estilo, algo que nos indica que quien toma las decisiones en su gobierno no son expertos en la materia, sino la misma López. Las medidas tomadas durante el confinamiento eran igual de ineptas. El día sin IVA fue un desastre para el país; el bobo Duque lo aprobó sin tener en cuenta las aglomeraciones que iba a provocar y Claudia López tampoco previno que eso iba a pasar y no tomó ninguna medida para evitarlas, fue un día normal para la policía. Dos idiotas balanceándose sobre un hilo a la vez.

Con el paso del tiempo las improvisaciones siguieron. López decretó cuarentenas estrictas, que en la práctica no eran tan estrictas, por localidades. Fijó fechas concretas para las localidades y a los pocos días las cambió de nuevo. Dijo que las tres localidades de Teusaquillo, la Candelaria y Usaquén no iban a entrar en cuarentena, aunque no lo descartó de plano. Luego cambió de idea y anunció que sí y fijó fechas para esas tres zonas. De nuevo, a los pocos días, anunció que se sumarían otras 4 zonas. Y como para terminar como comenzó, cambió las fechas de nuevo.

Ninguna de sus decisiones se basa en datos epidemiólogos, pues cuesta creer que toma una decisión sobre las localidades y un par de días después se presenta una situación tan distinta que toca modificar las medidas de esa forma. López se guía por sus instintos, que son igual de problemáticos que las decisiones de Duque. Puede que salga de esto con una imagen favorable, pero ser alcalde no es lo mismo que ser congresista; de un alcalde se espera resultados en su gestión y mientras alcaldes como Peñalosa muestran cosas como obras etc., la verdadera capacidad de gestión no se ve en cómo se malgasta plata ajena, aunque algo de eso siempre hay, sino como se enfrenta a una crisis.

Claudia López ha enfrentado una crisis mayor, pero no acertó en nada, las cifras de contagio se dispararon, cuando el país y la ciudad como tal comenzaron bien. Todas sus decisiones son improvisadas sin base alguna en datos y análisis profesional.

Yo he aprendido que puedo vivir sin mucho trago, pizza y bares. También aprendí que la gritona de López no tiene capacidad alguna. Lo sorprendente es que ella logró convencer a muchos que era una persona capaz con pensamientos críticos, pero al Covid-19 no le impresionan sus gritos, como a las víctimas del conflicto no les convencen los gritos de Uribe, dos personajes muy parecidos, aunque Uribe no es bobo, pues, por lo menos comparado con Duque y López.

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