La nueva fase del Plan Colombia

Por Rubén Darío Zapata

Imagen tomada de: celag.org

El 17 de agosto se reunió en Colombia el consejero de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Robert O’Brien, con el presidente Iván Duque, para presentar la iniciativa ‘Colombia Crece’ que, en palabras del propio Duque, es la nueva fase del Plan Colombia. Como el original Plan Colombia, implementado en el país en 1998 durante el gobierno de Andrés Pastrana, el propósito de esta nueva fase será el combate al narcotráfico y a las organizaciones criminales. Pero, además, aseguran sus presentadores, tendrá también un alto componente de inversión social destinada al desarrollo de los territorios y a la mejora de su infraestructura.

Antecedentes

El plan Colombia se implementó en medio de las negociaciones de paz desarrolladas por el gobierno de Pastrana y la guerrilla de las FARC y tuvo bastantes críticas porque, según muchos sectores del país, el gobierno jugaba a una doble banda: diálogos con la guerrilla al tiempo que fortalecía las fuerzas militares para combatirlas con el pretexto de que estaba combatiendo el narcotráfico. En este sentido, el apoyo militar de los Estados Unidos se denunciaba como una intervención de ese país en los asuntos internos de Colombia, en tanto obstaculizaba el desarrollo de las negociaciones de paz.

El caso es que en 2001 el gobierno de Pastrana cortó las negociaciones con las Farc, pero dejó unas fuerzas militares fortalecidas con equipos norteamericanos de alta precisión, que fueron esenciales para los bombardeos que luego realizarían a los campamentos guerrilleros durante los dos gobiernos de Uribe. Ahora, en la presentación de la nueva fase del plan Colombia, el presidente Duque reconoció como el gran logro del Plan Colombia haber escalado la lucha contra las FARC.

Coincidencias sospechosas

El anuncio de esta nueva fase del Plan Colombia está antecedido del arribo polémico de tropas estadounidenses, supuestamente para asesorar al Ejército colombiano en el combate al narcotráfico. El país no tuvo noticia de tal disposición sino hasta pocos días antes de su desembarco y no por boca del gobierno colombiano sino del estadounidense. Además, dicho arribo no fue discutido ni aprobado en el Congreso, como ordena la Constitución, sino que fue una decisión arbitraria del gobierno de Iván Duque.

La oposición ha cuestionado no solo la forma en que se tomó la decisión, sino los verdaderos propósitos de la presencia de las tropas gringas en el territorio nacional, pues, aunque se suponía estaban destinadas a las zonas azotadas por el narcotráfico, entre estas se han privilegiado las fronteras con Venezuela.

Y es que el gobierno de Duque se ha expresado en varias ocasiones a favor de la posibilidad del derrocamiento de la “dictadura” de Maduro y la instauración de la “democracia”. De hecho, el gobierno de Maduro acusó al gobierno colombiano de participar en un plan de desestabilización fraguado a principios de este año: la Guardia Nacional Venezolana desmontó una estructura paramilitar que se había instalado y entrenado con mercenarios gringos en la Guajira, ante la total indiferencia del gobierno de Duque, para incursionar en territorio venezolano y asesinar al presidente y a sus funcionarios más cercanos.

Por otra parte, este anuncio se realiza en medio de un recrudecimiento de la violencia en el campo, con el retorno de las masacres como prácticas recurrentes de los grupos armados. Frente a este fenómeno, el gobierno ha advertido que se trata de una guerra entre los diversos grupos de narcotraficantes que se disputan el control del negocio en el territorio. Ello parece justificar una mayor militarización, aunque se trata de las zonas más militarizadas del país, y el reinicio de las fumigaciones con glifosato sobre los cultivos de coca, aun en contra de los acuerdos de paz que establecían una política integral de desarrollo rural y la sustitución gradual y voluntaria de cultivos.

Lo que hay detrás

Según María Fernando Barreto, investigadora independiente, ni el Plan Colombia ni la iniciativa Colombia Crece son las motivaciones para el ingreso de tropas militares gringas al territorio colombiano. Más bien son planes para legalizar, legitimar y ordenar la presencia estadounidense en el territorio colombiano, que no se limita a lo militar.

Según Barreto, las tropas norteamericanas han estado circulando libremente por Colombia desde los años 90, so pretexto de ayudar al país en la guerra contra el narcotráfico. “Al principio del plan en Colombia se habló de 2 bases, luego de otras 3. Primero de 300 soldados, después de 600 y luego de 2.000 soldados. Después esas cifras se quedaron en la memoria colectiva de los colombianos, como si fuera realmente el tamaño de la presencia militar de Estados Unidos en el país. Pero lo que en realidad ha pasado es que Colombia toda se ha convertido en una base militar de los Estados Unidos”.

Por otra parte, señala esta investigadora, hoy Estados Unidos está moviendo por el mundo no solo tropas sino, sobre todo, contratistas militares privados, que reclutan mercenarios en los diversos países. En Colombia no solo les prestan servicio a las fuerzas militares, sino también a las compañías minero-energéticas. “Por ello es todavía más difícil identificar cuál es la real presencia militar de Estados Unidos en Colombia”, concluye Barreto.

¿Venezuela como objetivo?

Barreto advierte que, lejos de lo que muchos creen, la guerra en Colombia no ha terminado ni el conflicto social y armado se ha resuelto. En ese sentido, la principal víctima de este fortalecimiento militar es el propio pueblo colombiano. El principal objetivo es poner en cintura la protesta social y combatir la insurgencia. Sin embargo, es indudable que también Venezuela está en la mira. Y es que, según Barreto, las razones que tiene Estados Unidos para atacar a Venezuela son varias. “Primero por razones políticas: porque Venezuela se ha constituido en un mal ejemplo para el disciplinamiento que los Estados Unidos quiere imponer sobre nuestra América. En esa tarea el esclavo ejemplar es el Estado colombiano”.

También hay muchas razones económicas, entre ellas el fortalecimiento mismo del narcotráfico como negocio, tal y como sucedió en Afganistán con el cultivo de opio durante el tiempo que permaneció allí la brigada gringa. Y es que el narcotráfico es un gran negocio que financia el aparato militar industrial, los ejércitos paramilitares que los Estados Unidos necesitan para reconquistar nuestra América y, particularmente, Venezuela. Para asegurar ese negocio es necesario bajar los costos de producción y en eso se hace necesario controlar hoy el Lago de Maracaibo, que acorta el camino de la droga hacia Estados Unidos y Europa.

Y la razón más conocida: Venezuela tiene las mayores reservas mundiales de petróleo, mientras que Colombia ha dejado de ser autosuficiente. Por eso ha recurrido al fracking, pero esta práctica, aparte de ser antiecológica, tiene costos muy elevados, lo que la vuelve poco rentable. “Por eso Colombia aspira a que, si Estados Unidos se apodera, con su ayuda, de las reservas petroleras de Venezuela, a ella le corresponda una parte”. Razones de peso para venderse.

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