Vía pandemia, en la escuela colombiana se impone el texto impreso en medio de la era digital

Por Edison Villa Holguín

Foto: tomada de Cedro en línea

Introducción.

Hay una necesidad que hoy es remediada por el desaparecido medio análogo, conocido como “portador de texto” o “guía orientadora del aprendizaje” en formato físico: esa necesidad es provocada por la atención que se hace desde el sistema educativo en modo pandemia. El texto guía en físico se retoma porque la mayor parte de la población atendida en el sistema educativo oficial no tiene las condiciones para acceder al formato digital, lo que evidencia que la escritura y la lectura por medios impresos vuelven a escena como posibilidad para el aprendizaje de la comunidad educativa.

La tradición didáctica de manera masificada con los portadores de texto guía para nuestro contexto se dio entre los años 70 y 90 del siglo pasado; mal que bien, estos auxiliaron o complementaron los aprendizajes de aproximadamente cuatro generaciones. Ya con el cambio de milenio se inicia la era digital y los dispositivos curriculares empiezan a implementarse electrónicamente, mediados parcialmente por la internet; así se dio inicio a la circulación administrativa y académica en la novedosa interacción desde la textualidad electrónica por correo e hipervínculos en redes cableadas.

Lo obsoleto del sistema de atención educativa

El sistema de atención educativa oficial no ha avanzado en el diseño infraestructural para propiciar la digitalización total ni parcialmente a la población, con lo cual esta no accederá al derecho a la educación por medios virtuales. Según la historia de las políticas educativas, tampoco se ha avanzado en la forma presencial, para participar plenamente de esa garantía.

Según datos estadísticos, más del 65% de la población colombiana rural y urbana tiene como condición el trabajo informal y de subsistencia. De allí un 40% de dicha población urbana al 2020 tuvo conectividad comprada al menudeo para el uso en plataformas y redes sociales, normalmente buscando mantener un vínculo comunicativo, informarse o recrearse de manera efímera. Para tener conectividad en una plataforma educativa se necesitan otras condiciones; solo quienes tengan servicio permanente pueden hacerlo, es decir el 35% de los hogares del total de la población, donde los ingresos pueden ser más regulares. Y en la ruralidad colombiana ni hablar de redes, torres de señal y conectividad.

Si antes el enfoque crítico ponía en cuestión la realidad del sistema educativo colombiano en términos de su calidad, cobertura y contenido por alienante, discriminador, reduccionista y negacionista; en medio del ambiente de pandemia, además de esas agudas problemáticas, se diagnostica que la implementación de la educación virtual en un contexto como el colombiano trastoca varias condiciones sociales y físicas como la infraestructura, la atención desde el derecho educativo y la intención pedagógica.

Así la cosas, la educación en época de pandemia en Colombia es de forma remota para amplios sectores poblacionales que no solo no alcanzaran la conexión virtual, sino que no están interesados en la vida en plataforma; para ellos el formato lecto-escritor en impreso es el que mediatiza el proceso de atención educativa, como se hacía antes, pero ahora a control remoto.

Los cambios en la forma de enfocar la relación enseñanza-aprendizaje

La novedad de la imagen en movimiento y la idea de una sociedad digitalizada posee total atención en la población infantil y juvenil, pero por dichas vías aún no se logra acceder al contenido ofertado en el sistema educativo.La pandemia deja esta y otras realidades del sistema educativo al desnudo, igual que ocurre con el milagroso funcionamiento del sistema de salud pública.

En el presente escolar, esta situación se mitiga de manera singular, desde las posibilidades y recursos del cuerpo docente y los estudiantes. Esto se hace a través de lo nombrado como guía pedagógica y en las capacidades del estudiantado tratando de apropiarse de su autoformación, en la modalidad de la educación por correspondencia al mejor estilo de la época clásica.

La atención remota, digital o a distancia ha implicado que en el campo educativo se retomen conceptos pedagógicos en des-uso, como el autodidactismo, autoaprendizaje y el instructivo didáctico reeditado para los nuevos tiempos. Esto involucra de una manera diferente al estudiante y en especial a la docencia, a padres de familia, a académicos de la educación y al pensamiento editorial en torno a lo didáctico.

Al parecer, lo más adecuado o conveniente para que en este presente escolar no se siga aumentando la brecha de segregación y exclusión de los medios y herramientas por las que se vehiculiza la cultura contemporánea, es que ambos formatos hagan mixtura buscando así una salida para desarrollar los contenidos de las áreas de conocimiento acumulados en el proceso de humanización en contenedores híbridos.

Las posibilidades del formato impreso en la escuela

Lo clave a asumir es que los portadores de texto guía virtuales o físicos tienen hoy pretensiones instructivas y tutoriales, que son complementadas con nuevos argumentos, personajes y problemáticas en las situaciones genuinas en las que se desenvuelve el móvil de la vida contemporánea. Las poblaciones lectoras son otras, las lecturas son otras, los títulos, las historias y la literatura con contenido infantil y juvenil no es la misma de las generaciones pasadas. Desde el rol docente es muy clave caer en la cuenta de que este es uno de los factores condicionantes del acercamiento que tiene la infancia y la juventud a los textos y a su posterior comprensión.

Eso implica revisarse en los roles que poseemos en el ámbito docente en la selección textual y sus modelos discursivos, la producción propia y la adecuación de instructivos, pensando en la población lecto escritora para la que va dirigido el material, pero sobre todo en la compleja relación de acompañantes distantes del proceso, que se nos atraviesa hoy vía pandemia. Asumir dichos roles con conciencia se hace muy necesario, pues en la anhelada búsqueda o consolidación de lectores y escritores desde los ambientes escolares, las mediaciones docentes tendrán que enfocarse en estrategias y herramientas de trabajo textual.

En nuestros contextos reales y concretos, el texto en papel parece seguir siendo la tecnología más fiable para plasmar, vehiculizar y mediar con los contenidos de las áreas de conocimiento. Además de la tranquilidad de que no hay que depender de la actualización del software y de no tener la preocupación por que se acabe la batería, para muchas personas leer en el papel no deja de ser una experiencia placentera y cómoda a las vistas. Allí releer puede resultar más sencillo para las idas y vueltas que damos en ese procesamiento interno de información, posibilitándonos de manera muy especial el recuerdo y comprensión de lo leído, uno de los fines más importantes del proceso de socialización por medio de sistemas educativos.

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