Por Valentina Arroyave

Foto Cortesía de Kbala
La Comuna 13, un territorio que aún guarda las cicatrices de una historia marcada por el conflicto, se revela ante nosotros como un lugar en constante transformación. En una entrevista con Kbala, promotor de turismo y líder comunitario, tuvimos la oportunidad de conocer más sobre la lucha de la comunidad por rescatar su memoria y su identidad a través del arte y la cultura. Kbala, con su perspectiva crítica, nos permitió adentrarnos en la esencia de la comuna, contándonos cómo, a pesar de la violencia que ha marcado su historia, los habitantes de la 13 encontraron, en su momento, en el Hip Hop, el arte y el liderazgo local un motor de resistencia y esperanza.
Durante la conversación, Kbala nos compartió cómo la guerra y el conflicto fueron parte de su realidad cotidiana, cómo la gente tuvo que convivir con el miedo y la incertidumbre, pero también aprendió a transformar esa misma violencia. El rap, el grafiti y la danza fueron, según él, las respuestas de los jóvenes ante la adversidad, convirtiéndose en una forma de rebelión, no solo contra la violencia, sino también contra la invisibilidad que la comuna había sufrido durante años.
“El rap nos llegó primero con el breakdance, nos gustaba cómo bailaban y después comenzamos a intercambiar música. Comenzamos a encontrar cosas en común, porque esas canciones hablaban del gueto, de la guerra, de la falta de oportunidades, y nos dimos cuenta de que teníamos los mismos problemas. Entonces el hip hop se convirtió en una forma de expresarnos y una alternativa para los muchachos de los barrios”, cuenta Kbala. Y dice también que fueron especialmente “las Cuchas”, aquellas mujeres imparables de las que tanto ha aprendido, quienes comenzaron a ejecutar y sembrar el cambio, al integrar el arte como un mecanismo para la transformación social y la organización.
En 2010, cuando aún no existían las famosas escaleras eléctricas, varios raperos de la comuna, entre ellos Kbala, se juntaron para dar inicio a lo que hoy se conoce como “Grafitour”, un recorrido por las calles de la Comuna 13 para mostrarle a los locales la cotidianidad del territorio, más allá de la guerra. “Queríamos mostrar otra cara de la comuna y, sobre todo, de su gente, luchadora, trabajadora, creativa y resistente, pero también queríamos contarle al mundo lo que habíamos vivido durante la guerra y lo que había pasado en 2002”. Es decir, las múltiples violaciones a sus derechos que habían sufrido en medio de las operaciones militares de 2002, entre las cuales la más importante es conocida como “Operación Orión”. Todo eso lo hacían a través del arte, de la música, el grafiti y la danza y los recorridos llegaban a durar hasta 9 horas.
Luego llegó la construcción de las escaleras eléctricas y con ella creció el interés turístico por la comuna 13, algo que nadie se esperaba.
No obstante, Kbala también señaló los retos que enfrenta la comuna hoy en día. «No les importa el territorio, les importa la plata», expresó con crudeza. A medida que el turismo ha crecido en la zona, la Comuna 13 ha experimentado un cambio en su dinámica, y aunque la llegada de turistas ha traído algunos beneficios, muchos habitantes sienten que el verdadero espíritu del barrio se ha diluido. El arte, que antes era un grito de resistencia, ahora se ha convertido en una atracción turística que, a veces, no refleja el sufrimiento y la lucha que hay detrás de cada mural, de cada historia de vida. Para Kbala, el desafío radica en encontrar un equilibrio entre el turismo, la preservación de la memoria y el sentido profundo de pertenencia en el territorio.
En nuestra entrevista, Kbala compartió su visión de un turismo consciente, que no se limite a consumir imágenes superficiales de la comuna, sino que respete y valore la rica historia y cultura local. Cada mural, cada calle, tiene una historia de lucha y resistencia. El turismo debe aprender a escuchar esas historias y no solo verlas como un espectáculo visual. Según él, la clave está en ofrecer un turismo cuyo interés no sea meramente económico, sino que se base en el respeto y la autenticidad, permitiendo que los visitantes se conecten de manera genuina con la comunidad.
A través de las palabras de Kbala, podemos entrever que la verdadera transformación no depende de las políticas institucionales ni de los proyectos turísticos que se implementan desde fuera, sino de la fuerza y la voluntad de la misma comunidad; sin embargo, la construcción de la memoria sí es una responsabilidad nuestra como sociedad-país y las organizaciones estatales deben tomar partido en la reparación de las víctimas.
De Kbala aprendí que debemos ser narradores y escritores de nuestras historias, debemos impactar vidas y conectar con las personas, aprender a decir las cosas a tiempo y a destiempo, porque el mañana es incierto; hay que dejar un legado y compartir nuestro conocimiento, porque aquel que sabe mucho y no lo enseña, al final no sabe nada. Por otro lado, me quedo con que la memoria colectiva y el arte continúan siendo las armas más poderosas de resistencia en la Comuna 13, no solo frente a la violencia que ha marcado su historia, sino también frente a las amenazas de la comercialización y la deshumanización del territorio. A través del trabajo de personas como Kbala, la comunidad busca recuperar su voz y su dignidad, mientras sigue enfrentando los retos de un futuro que necesita, más que nunca, ser vivido con autenticidad y respeto.
Este testimonio nos invita a reflexionar, sobre todo, acerca de cómo reimaginar el turismo como una herramienta de respeto y transformación, que no solo valore, sino también proteja, el alma de La 13.
