Historia del siku

Por Diana Lucia Villegas Álvarez

Foto: Tomada de puntal.com.ar

El siku es un instrumento milenario de 4000 años de antigüedad, que en quechua significa tubos atados, y en aymara tubos que dan sonido: En Occidente se le conoce como zampoña, y en el mundo académico como flauta de pan. Es originario de Perú, Ecuador, Chile, Argentina, Bolivia y Colombia, aunque es muy complejo encontrar restos arqueológicos debido a que su material, caña, es perecedero. Sin embargo, se han hallado restos en huesos de camélidos; también hay evidencias de la antigüedad del instrumento por las vasijas de barro o pequeñas esculturas halladas en tumbas, donde se muestran personajes tocándolo. Últimamente, se han construido sikus en metal y PVC.

Este instrumento consiste en dos paneles de hileras de tubos: uno llamado Ira (líder), el más corto compuesto por entre 6 y 10 tubos, y el segundo Arka (seguidor), el más largo, de entre 7 y 11 tubos, el cual se ejecuta mediante el diálogo musical entre los intérpretes del instrumento a quienes se les llama sikuris. En aymara esto se llama Jaktasiña irampi arcampi (interacción del líder y seguidor).

Según el tamaño, recibe diferentes nombres que están asociados a la cosmogonía andina:

-El más pequeño se llama Chilli, liku, kallu, tarke, wiswi, tijili, requintos y llorones, están asociados al wawa o bebé. Representan la tercera parte de la tropa, lo tocan los viejos o mayores, porque al soplar deben hacer el más mínimo esfuerzo; pero no solo por eso, sino porque son ellos quienes deciden con cual melodía iniciar y lo hacen tocando solos la primera vuelta. Enseñan con el ejemplo, la plenitud y el goce por la vida.

-La Malta, mala, mali, wajo, ankuta y cantante, representan la vigorosidad, los mas jóvenes, por tanto, son los más numerosos de la tropa, los encargados de la musicalidad base del conjunto. Es ejecutado por los jóvenes que recién se inician en la vida adulta, y también en la vida colectiva; es el instrumento del aprendiz, que llega curioso a acercarse a aprender, para luego ser convocado. Empezará participando, tocando los primeros temas para ser guiado por otros.

– La Sanja, basto, toyo, jacha y machu, representa a los viejos y sabios, y también a la tercera parte de la tropa, es entregado a los adultos, quienes también tocan el bombo o los tambores, y además toman el rol de director. Son quienes asumen la responsabilidad de llamar a la tropa y dar todas las indicaciones a los músicos.

Se le llama Sikuri a quien interpreta el siku; ellos tocan en tropas, bandas, comparsas o agrupaciones, interpretando al unísono el instrumento; tradicionalmente, tocan un solo tipo de instrumento, de una sola línea melódica, pero en familias o tamaños diferentes, las cuales generalmente van acompañadas de bombos, platillos, chachas, tarolas. El orden de los sikuris suele ser: primeras (malta, basto, chili), segundas o bajos (segunda malta, segundo basto, segundo chili), quintas o contras (contra chulli, contra malta).

El sikuri es caracterizado por la complementariedad, donde un compañero toca Arka y el otro Ira. Ese es el fundamento de esta práctica, donde no existe la individualidad, sino lo colectivo, donde prima el otro, su forma y su ritmo. Teniendo esto presente, generalmente las tropas se deben organizar en círculos o hileras con sus respectivas parejas; la organización en círculos además hace alusión al orden concéntrico del hombre andino, así como su horizontalidad y el trato por igual con el otro. Por otro lado, se dice que Ira representa lo masculino y Arka lo femenino, notándose en ello una oposición y a la vez un complemento entre ambos, y de esta forma simbolizando los rasgos de la cosmovisión andina.

La práctica de sikuriar está relacionada con diferentes eventos y acontecimientos y para cada uno corresponde un ritmo diferente: el siku se toca para diferentes momentos como el ciclo vital: el bautizo, el paso a la juventud, el matrimonio, los velorios; el trabajo: el momento de siembra, de mercado, la ganadería, el trabajo comunal; las fiestas patronales, como es el caso de la Virgen de la Candelaria en Jujuy, Argentina, en Puno, Perú (donde, además, el siku es considerado Patrimonio nacional), la cruz de mayo en Huancane, Perú; además en carnavales como el Carnaval de negros y blancos en Pasto.

Según la tradición andina, la práctica de sikuriar es un ritual a la Pachamama por la fertilidad que nos brinda, es por ello que se dice que la mujer no debe tocar, ya que ella es la representación de la Pachamama; además, se dice que la mujer al soplar se seca y por ello queda incapacitada para alimentar a sus hijos. Sin embargo, con la colonia, y más adelante con la globalización todo esto cambió, pues desde mediados del siglo XX ha cobrado gran relevancia el tema de la “igualdad de género”.

Es por esto que, para las mujeres del mundo andino, ha sido un modo de resistencia tomar un instrumento como el siku. En regiones de Argentina, Bolivia y Perú todavía se observa que para las “warmis sikuris” (mujeres sikuris) tocar el siku ha sido una lucha constante con sus compañeros sikuris para que ellas se puedan apoderar del mismo, de lo que significa tocar en una tropa. En algunos grupos se pueden ver hombres y mujeres tocando, pero asimismo existen grupos de warmis sikuris, como es el caso de las Warmis Sikuris Arequipa (Perú), las Lakitas Matriasaya (Chile), las Warmis Sikuris Sagrada Coca (Bolivia), las 5 de septiembre (Colombia), las Kantutas Warmis Sikuris (Argentina). Es común verlas en las marchas de reivindicación por los derechos de las mujeres los 8 de marzo, en protestas contra la megaminería y otros.

Además, en Buenos Aires, Argentina, se viene realizando desde hace 17 años el encuentro regional de sikuris del Abya Yala que reúne a grupos de sikuris de diferentes regiones. Desde hace dos años se viene efectuando de manera virtual debido a la pandemia, que se ha expandido por todo el territorio; pero esto ha hecho que más grupos de sikuris se visibilicen como es el caso de la Escuela Popular de Sikuris, la cual participó este año con varios videos e intervenciones.

En Colombia, aparte de la Tropa Sikuris y la Escuela Popular de Sikuris del Valle de Aburrá, también se encuentran los Sikumanday de Manizales, los Sikuris Suaya de Bogotá, los Ibana jai de San Lorenzo, Caldas, los Sikuris de Tibasosa, Boyacá, la Comunidad de Zampoñas Urbanas, entre otros.

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