Por Anderson Vélez Ricardo

El mundo del punk en Medellín llora la muerte de «Alexis el crespo» quien murió intentando evitar una pelea, en medio de un toque de bandas en El Tierrero. Foto: tomada de redes sociales.
El 12 de septiembre, en la cancha El Tierrero, en el barrio El Popular, Comuna 1 de Medellín, un lugar que en el último tiempo se ha vuelto un punto de reunión de la escena punk en la ciudad con toques que se realizan de manera recurrente, se estaba realizando un “toque” con el fin de recoger ayudas para las personas afectadas por el terremoto ocurrido el 10 de agosto. Ese día, en horas de la noche, un joven le quitó la vida al Crespo. Lo más triste, aparte del fallecimiento del Crespo, fue que la persona que lo atacó fue otro punkero, un joven que asistía al “toque” y que actuó en medio del licor y ciertos psicoactivos, como contaron algunas personas que asistieron al evento. Este hecho generó una ola de repudio hacia la persona que cometió el vil acto, sobre todo porque el Crespo era una persona sumamente tranquila, como relatan las personas que lo conocían. Según contaron sus amigos, él solo quiso apaciguar la discusión y por ello fue apuñalado vilmente.
Después de ocurrido el hecho, empezó una ola de mensajes y de indignación en redes sociales, con muchos mensajes de odio hacia la persona que cometió el acto. Entre esos mensajes había algunos que incitaban a cobrar venganza de la misma manera. Luego encontraron las redes sociales de este joven y los mensajes fueron peores. Sin embargo, hubo algo entre todos estos mensajes que me llamó mucho la atención y fue la frase: “Punk no mata Punk”. Esto me hizo pensar mucho en cómo la escena del Punk Medallo surgió y cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo.
Si bien el punk en la ciudad nace en un contexto sumamente violento, siempre ha sido una escena muy unida. Desde los parches que se realizaban en los años ochenta, que buscaban reunirse en torno al rock, al punk y al metal, hasta la capacidad de autogestión para ayudar a las personas que lo necesitan. Un ejemplo de ello fue la Rockatón en sus dos ediciones, pero también se hizo un Pogotón, que fue un concierto de bandas de punk de la ciudad para ayudar económicamente a Fany, una mujer desplazada de la tragedia de Machuca que llegó a Medellín y, justo después, por un deslizamiento de tierra, perdió su casa. Ese Pogotón fue organizado por IRA, una de las bandas de punk más importantes de la ciudad y de Colombia. Ese día, un 5 de julio de 2008, había un trapo colgado que decía “Punk solidario, pogo y paz”.
Eso somos los punkeros: somos rebeldes, somos críticos, pero buscamos la paz, somos solidarios y somos una escena unida. Por esa razón, “Punk no mata Punk”, el punk no mata a nadie. A pesar de todo el estigma que cargamos socialmente en un país que se deja llevar por las apariencias, de una ciudad conservadora, camandulera y que no respeta las diferencias, hemos sido nosotros, luchando contra todo, quienes hemos logrado ganar espacios en los territorios, en la academia, en la calle y en lo institucional; de a poco nos han respetado y nos han reconocido como figuras preponderantes en la cultura de esta ciudad.
Por eso el Punk Medallo se llama de esa manera: porque nació con las realidades crudas de esta ciudad, creció con el dolor y con el rechazo, y hoy hemos evolucionado por nuestras capacidades para demostrar que el otro nos importa, que somos capaces de aportarle a los territorios, que somos más que música y que somos más que una estética. Somos una escena dispuesta a brindarle la mano a quien lo necesita y no nos podemos olvidar de que somos una escena unida, que nos debemos cuidar entre nosotros como lo hemos hecho hasta el día de hoy.
El punk debe ser un espacio de cuidado para todos y todas, y debemos crear esas redes de apoyo porque no nacimos del privilegio. Quizás por esa misma razón nos encontramos en los mismos espacios, nos encanta el ruido y nos sigue gustando el pogo. Eso somos: rechazados por el sistema, pero dispuestos a cuidarnos y a mostrar nuestra alma con tal de ayudar al otro, como ese 5 de julio de 2008 y como ese 12 de septiembre de 2026. En esos días la escena se reunió por una misma razón: aportar un granito de arena por el otro; en el 2008 por Fany y en el 2026 por los damnificados del terremoto.
Que la muerte de El Crespo no se recuerde con odio, sino que se recuerde como él era: un punkero tranquilo, que apoyaba la escena, que salía con su cresta con orgullo, a quien no le faltaba su chaqueta con parches y con esas botas con las que caminó esta ciudad que rechazamos en muchos sentidos, pero que es nuestro hogar. El Crespo, a su manera, creía en esto del punk para parchar, para reunirse con sus parceros y parceras, pero sobre todo porque, como él, sabemos que el Punk Medallo no morirá y que vivirá en nuestros corazones como los parceros y parceras que hemos perdido por esta violencia absurda.
El punk no ha muerto, los parceros y parceras no han muerto, seguimos más vivos que nunca.
