Venezuela: Otra mirada sobre la crisis

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Imagen tomada de: http://www.cubadebate.cu/

Por Anyela Heredia

Contrario a lo que afirman los medios masivos de comunicación colombianos y las multinacionales de la información como CNN, numerosas voces de la izquierda y la prensa alternativa mundial han evidenciado que lo que se presenta en Venezuela actualmente es una guerra mediática con la intención de derrocar al  gobierno chavista por vías de hecho. Para tal fin, la oposición se ha valido de una estrategia de manipulación mediática que pretende generar la imagen de caos y de crisis de gobernabilidad en el país y solicitar una intervención externa.

Así también lo ve y lo ha experimentado directamente el colombiano Hernán Rúa, integrante del grupo musical Pasajeros, exiliado desde 2004, quien vive desde hace 10 años en Mérida-Venezuela y trabaja con un programa del Ministerio de Agricultura.

Para Rúa, “en Venezuela hay una ofensiva internacional que busca socavar la imagen del presidente de la república Bolivariana”. Esto se viene haciendo, realmente, desde que Chávez anunciara a Nicolás Maduro como su sucesor. Tal como se hizo con el mismo Chávez, con Sadam Husein, con el líder libio Muammar Gadafi, y hoy con Bashar al-Ásad en Siria.

Durante años, regiones enteras de Venezuela se hundieron en la depresión generada por la extracción del petróleo en manos de particulares. Al llegar a la presidencia, Chávez nacionalizó el petróleo e impuso un pago de regalías que antes las multinacionales no pagaban. En aquel momento, el barril de petróleo se vendía en 7 dólares, pero gracias a sus negociaciones con los jefes de la OPEP (nombrados por Bush como “el eje del mal”), el petróleo subió a 110 dólares el barril. Razones de más para que sus detractores, nacionales e internacionales, intentaran derrocarlo en más de una ocasión.

De manera que la conspiración contra el proceso bolivariano comenzó con Chávez y arreció, poco después de que este anunciara su enfermedad, con la crisis económica. Hernán Rúa recuerda que precisamente la ofensiva económica comenzó, como en el Chile de Salvador Allende, mediante una crisis en el abastecimiento de productos tan necesarios como el papel higiénico.

¿Quién acapara y encarece los productos?

Curiosamente, en Venezuela el control de la producción agrícola lo tienen los empresarios privados, así como el control de la importación y la distribución de alimentos. Antes de Chávez, el país dependía casi exclusivamente de la renta petrolera en manos de una burguesía parasitaria, cuyo negocio nunca fue producir sino vivir de la captación de los dólares del petróleo. Cuando Chávez llegó al poder, comenzó a fortalecer lo que llamó “la siembra del petróleo”, invirtiendo toda la renta petrolera en el aparato productivo venezolano e incentivando la producción agrícola directamente desde el campesinado. No obstante, el control sobre la importación y la distribución de alimentos siguió en manos de los empresarios de siempre.

Un ejemplo de ello es Empresas Polar, de propiedad de Lorenzo Mendoza, dedicada al procesamiento y distribución de alimentos, bebidas alcohólicas y gaseosas. La Polar, como le llaman los venezolanos, es un oligopolio que produce la harina de maíz precocido marca PAN, que en Colombia se consigue por todos lados, pero no en Venezuela.

Allí existen condiciones muy favorables para la producción: la energía que se produce es la más barata del mundo, el gas y la gasolina son muy baratos y el agua tampoco representa un costo significativo en la producción, además de las amplias exenciones de impuestos; y el Estado proporciona los dólares preferenciales al empresariado para que importe todo lo que necesita para producir. Pero a la hora de distribuir, los productos no llegan al precio del dólar subsidiado, sino que cuestan hasta cien veces más. Eso genera un fenómeno inflacionario imparable.

Si hay producción, ¿por qué la escasez?

La familia Mendoza, los Ardila Lulle de Venezuela, son los dueños de los grandes molinos que fueron montados y crecieron gracias al dinero del Estado, cuando ellos mismos estaban en el poder. Hoy continúan produciendo y venden todo lo que producen, pero no tienen el poder político (que en Venezuela está dado por el petróleo de PDVSA).

Según Rúa, el maíz nunca ha escaseado, prueba de ello es que la cerveza, que lleva componentes de maíz, nunca escasea; pero la harina, tan importante para elaborar las arepas, base de la dieta de los venezolanos, sí. Esto se explica porque el control de la distribución de alimentos lo tienen los oligopolios como La Polar.

Durante su gobierno, Chávez montó algunas fábricas pequeñas y medianas de procesamiento de maíz e hizo convenios con Argentina y con Irán para el procesamiento tanto de leche como de harina que se distribuía a través de los Mercales. Pero esto representa apenas entre 5 y 10 %  de la producción nacional.

Muchos subsidios que implementa el Estado buscan garantizar la alimentación básica, a través de diversos mecanismos, pero sobre todo a través del Mercal para que los productos básicos lleguen directamente a la casa de los venezolanos. Sin embargo, toda aquella producción de los oligopolios, subsidiada por el Estado, se fuga, principalmente para Colombia (40% aproximadamente), y otros países del Caribe como Aruba, Curazao, Trinidad y Tobago y Brasil.

Parece que de lo que se trata es de quebrar la moral del pueblo, afirma Rúa, pues no es cualquier producto el que escasea. En determinado momento fue el papel higiénico, en otros las toallas higiénicas, los pañales, la harina, el café, el azúcar, todos productos de primera necesidad.

“Un paquete de 20 pañales a mí me costaba 200 bolívares hace más o menos 1 año. De repente, los pañales dejaron de aparecer en los supermercados, hacíamos la cola y al final no alcanzaban para todos”. Eso genera mucha inconformidad, relata Hernán. Pero cuando viajó a Colombia a visitar a su familia fue testigo de cómo esos mismos pañales se conseguían en Cúcuta por todas partes a precios exorbitantes.

Otro ejemplo es el de la leche en polvo que se produce en Venezuela y se vende en Cúcuta a ocho mil pesos, mientras que allá no se consigue. Lo mismo pasa con la leche de Mercal subsidiada, que allá cuesta 2 mil bolívares y en Cúcuta se consigue 5 veces más cara. Pese a que los lecheros reciben ingentes subsidios por parte del Estado, seguramente es más rentable convertir la leche en polvo para venderla en Colombia que vendérsela barata al gobierno para que reparta vasos de leche a los niños pobres.

La estrategia de la aparente escasez ha sido implementada de múltiples formas. Por ejemplo, lo que han llamado “simplificación de la producción” con la mayonesa y otros productos que en Venezuela son de alto consumo. Las empresas no dejaron de producirla, pero cambiaron el tamaño. De un momento a otro no se volvió a conseguir la mayonesa de tamaños pequeños, solo paquetes de un kilo y más. Normalmente, la gente de escasos recursos no puede comprar esos productos, que nunca escasearon realmente, pues siempre estuvieron al alcance de quienes sí los pudieran comprar. Igual pasó con la pasta dental, los jabones y muchos otros productos.

El resultado es la desmoralización de una buena parte de la población que antes estaba con el chavismo, y la movilización de la opinión internacional en favor de esa oposición corrupta constituida por los mismos empresarios responsables de la escasez y la inflación.

¿Por qué provocar una crisis?

Venezuela tiene la reserva de petróleo probada más grande del mundo, en lo que se conoce como la franja petrolífera del Orinoco, además de inmensas reservas de coltán y otros metales. En su momento, Chávez convocó a empresas de todas las nacionalidades a explotar esa franja: iraníes, chinas, rusas, norteamericanas, brasileras, etc. Ya no son las multinacionales norteamericanas las que tienen el control sobre esa producción. Obviamente, el interés de los norteamericanos en el petróleo de Venezuela sigue siendo grande, pues llevarlo desde allí tarda tres días en barco, mientras que el petróleo que proviene del Medio Oriente puede demorarse hasta tres meses en llegar allá.

El objetivo, entonces, es que la derecha retome el control político, para que las multinacionales norteamericanas puedan recuperar de nuevo el control sobre el petróleo. Lo cierto es que no lo lograron vía golpe de Estado contra Chávez y tampoco lo han logrado en la guerra económica contra Maduro. Por eso no les queda sino justificar la intervención extranjera alegando la crisis y el caos.

¿Del lado de quién está el pueblo?

Hernán Rúa cuenta que en Venezuela el 40% de la población es chavista, 20% está con la oposición y el 40% restante es el denominado NINI (ni con los unos ni con los otros), que oscila de aquí para allá de acuerdo a las circunstancias.

A pesar de todas las crisis, ya en el primer semestre de 2017 el gobierno de Maduro mostraba signos de recuperación y crecimiento económico. Tras una fuerte crisis de precios, Maduro consiguió un acuerdo internacional para recortar la producción y de esa manera recuperar el precio del petróleo. El barril pasó de 20 a 50 dólares, ese fue el primer paso hacia la recuperación económica, pues el presupuesto general del país está calculado sobre una base de 30 dólares el barril, el excedente se destina entonces para inversión social.

Además, a pesar de las crisis en Venezuela no ha cesado nunca este tipo de inversión. Por ejemplo, ya van entregadas un millón seiscientas mil viviendas subsidiadas totalmente desde que comenzó el gobierno de Maduro. Se trata de viviendas de no menos de 70 m² para las familias de escasos recursos, tanto en el campo como en la ciudad. La salud, por su parte, continúa siendo absolutamente gratuita, aunque en ese sector también se ha vivido el acaparamiento de los medicamentos importados por las transnacionales con subsidios del gobierno.

Por otro lado, el Estado ha venido estimulando la producción primaria, tanto en el campo como en la ciudad, y ha estimulado respuestas como la que se dio frente a la crisis de la harina. “Ya tu encuentras en las esquinas la masa de las arepas, del maíz molido por la misma gente. La crisis ha hecho que la gente produzca y sea más recursiva”, afirma Rúa. Al mismo tiempo, muchos han comenzado a cuestionar su dinámica de consumo en lo referente a productos que escasean como gaseosas, mayonesa y otros que, si bien habían estado siempre en la canasta de los venezolanos, no son necesarios para la vida.

Maduro ha intentado equilibrar el problema de la inflación con mecanismos de presión hacia el empresariado como el alza en los salarios. Y ha combatido el acaparamiento por medio de un sistema de distribución directa casa por casa, con una canasta de 19 productos básicos que atiende ya cerca de seis millones de familias en todo el país.

Todo lo anterior ha conducido a que una buena parte de los que votaron a favor de la oposición en las elecciones a la Asamblea Nacional, hoy cuestionen el papel de la oposición, pues no cumplió su  promesa de que “si ganamos la Asamblea, esa será la última cola que hagan los venezolanos”.

¿Y la democracia qué?

“La guerra en Venezuela es en un 80% mediática; ese es uno de los pocos, si no el único país del mundo, donde los que protestan son los ricos”, afirma Hernán Rúa. Su tesis es que los líderes políticos de la oposición, de extracción social alta, están utilizando la crisis generada en la población para victimizarse y decir que están viviendo en una dictadura. Pero se trata de una estrategia foquista, aplicada en varios otros lugares del planeta, donde un pequeño grupo de la población genera focos de inestabilidad (quemando llantas, saqueando tiendas de ropa, licoreras, protestando en la calle, atentando contra vehículos de transporte público y hospitales y desatando acciones violentas en contra de los militantes chavistas). Luego estos hechos aparecen magnificados en los medios, dando la imagen de un país incendiado e ingobernable, asediado por la represión de la Guardia Nacional.

Toda esa estrategia que en apariencia pretende convocar las elecciones presidenciales antes de tiempo (las próximas elecciones de noviembre son para alcaldías y gobernaciones, de las cuales el  chavismo controla el 70 %) perseguiría precisamente lo contrario. Pues derrocar a Maduro por la vía electoral implica gobernar bajo los preceptos de la Constitución Bolivariana y lo que quieren es tumbar de raíz todo lo que el chavismo ha hecho. Eso sería posible solo mediante un golpe de facto, pero para ello necesitan conquistar las Fuerzas Armadas, que aún se encuentran del lado del gobierno.

Mientras tanto, continúan arreciando los ataques contra el gobierno y la militancia chavista. “Basta ver las cifras de muertos del lado del chavismo (entre los que se cuentan 300 campesinos muertos en la lucha por la tierra), cifra que no se hace pública en ningún medio de comunicación. Estos ataques los han realizado, según han podido comprobar las investigaciones judiciales, francotiradores y mercenarios, muchos de ellos colombianos, pagados por la oposición”. En cambio, dice Rúa, ‟no hay un solo desaparecido en Venezuela desde que Chávez asumió el gobierno, lo que comprueba que la supuesta represión del régimen chavista no es más que un show mediático orientado a exigir la intervención extranjera”.

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