Don Isidro Sosa: un homenaje a la dignidad campesina

Por Andrea Moreno Sosa y Ángel Rodríguez Beltrán

isidro sosa 1
En la Foto: Isidro Sosa

El 5 de marzo de 2017 falleció don Isidro Sosa Páez, un adulto mayor, como se denomina hoy a los ancianos curtidos por el paso de los años. En una sociedad urbanizada, saturada de imágenes y desinformada al tiempo que se ahoga en un mar de información, ni el nombre de él ni la noticia de su muerte se conoció. De todas maneras, si se hubiese conocido poco habría importado, más tratándose de un humilde labriego.

Porque eso fue don Isidro, un campesino que creció, vivió y murió en Tibacuy, un municipio de Cundinamarca empotrado entre dos regiones que sobresalieron por las luchas agrarias gestadas allí desde los años veinte de la centuria pasada: Sumapaz y Tequendama. En estas dos regiones, como lo indica una extensa bibliografía sobre la rebeldía campesina, se desató un importante movimiento agrario que marcó la historia no solo de esos territorios, sino del país. Valga recordar que destacados líderes como Jorge Eliécer Gaitán, Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela, acompañaron a los campesinos colonos y aparceros de Sumapaz en las luchas por el derecho a tener un pedazo de tierra para cultivar y poder vivir de forma digna.

Estos líderes influenciaron a los agrarios con ideas afines al liberalismo radical, al socialismo y al comunismo. También los motivaron a organizarse, dando origen a una cultura agraria rebelde que se arraigó con fuerza y promovió dinámicas políticas de extraordinario significado, como lo fueron las ligas y sindicatos agrarios y las autodefensas campesinas. Además, al calor de esos movimientos sociales, fueron apareciendo nuevos y múltiples liderazgos (en gran parte desconocidos), que imprimieron dinámicas especiales al movimiento agrario.

Un ejemplo lo encontramos en don Isidro Sosa Páez, quien nació el 12 de junio de 1918 en la Vereda La Cajita, de Tibacuy. Sus padres, labriegos provenientes de Boyacá (igual que ocurrió con la familia de Juan de la Cruz Varela), arribaron a aquel lugar atraídos por la bonanza cafetera. En una de esas haciendas, propiedad de la familia Holguín, lograron hacerse a una pequeña parcela, que tomaron en calidad de aparceros.

En esos terrenos, el joven Isidro se desenvolvió junto a sus otros hermanos, adquiriendo pronto un sentimiento de rebeldía que se despertó al observar las condiciones en que vivía con sus padres, y por la agitación que se registraba a lo ancho y largo de la región. Por cierto, su padre, Ciervo Sosa, se convirtió en líder campesino, ejerciendo en su hijo Isidro una fuerte influencia.

Ciervo fue asesinado el 10 de enero de 1935, luego de haber sido nombrado presidente de la liga campesina de Tibacuy, por órdenes de los hacendados, quienes no estaban interesados en que se fomentara la organización campesina. En los años siguientes, muchos campesinos se vincularon al Partido Comunista, al que veían como una fuerza política que ponía en un lugar especial las demandas de los agrarios. Isidro también se vinculó al Partido, y participó en las escuelas de cuadros que la organización comunista realizó en Viotá, población cercana a Tibacuy. En esas escuelas conoció a dirigentes como Víctor Julio Merchán, que influyeron en su formación política.

La efectividad del liderazgo de don Isidro se muestra en hechos como haber logrado, junto al movimiento agrario, la parcelación de tierras, en especial de las haciendas de la familia Holguín, particularmente entre 1960 y 1969. De igual manera, se observa en la construcción de carreteras para beneficio de las familias campesinas y el acceso a servicios públicos como la energía, logros obtenidos gracias a la presión sobre los organismos oficiales. Aún hoy se recuerda que ayudó a conseguir la libre producción de cultivos que antes estaban prohibidos, como lo fue el café.

Desde luego, don Isidro fue un líder reconocido socialmente. Ese perfil se fortaleció por su origen campesino, y por ser poseedor de un carácter que lo alejaba de posturas autoritarias. Nunca sacó beneficio de la parcelación, y la posesión de tierra que tuvo nunca fue mayor a 10 fanegadas, un poco más de 6 hectáreas.

El 5 de marzo de 2017 falleció don Isidro Sosa Páez, un adulto mayor, como se denomina hoy a los ancianos curtidos por el paso de los años. En una sociedad urbanizada, saturada de imágenes y desinformada al tiempo que se ahoga en un mar de información, ni el nombre de él ni la noticia de su muerte se conoció. De todas maneras, si se hubiese conocido poco habría importado, más tratándose de un humilde labriego.

Porque eso fue don Isidro, un campesino que creció, vivió y murió en Tibacuy, un municipio de Cundinamarca empotrado entre dos regiones que sobresalieron por las luchas agrarias gestadas allí desde los años veinte de la centuria pasada: Sumapaz y Tequendama. En estas dos regiones, como lo indica una extensa bibliografía sobre la rebeldía campesina, se desató un importante movimiento agrario que marcó la historia no solo de esos territorios, sino del país. Valga recordar que destacados líderes como Jorge Eliécer Gaitán, Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela, acompañaron a los campesinos colonos y aparceros de Sumapaz en las luchas por el derecho a tener un pedazo de tierra para cultivar y poder vivir de forma digna.

Estos líderes influenciaron a los agrarios con ideas afines al liberalismo radical, al socialismo y al comunismo. También los motivaron a organizarse, dando origen a una cultura agraria rebelde que se arraigó con fuerza y promovió dinámicas políticas de extraordinario significado, como lo fueron las ligas y sindicatos agrarios y las autodefensas campesinas. Además, al calor de esos movimientos sociales, fueron apareciendo nuevos y múltiples liderazgos (en gran parte desconocidos), que imprimieron dinámicas especiales al movimiento agrario.

Un ejemplo lo encontramos en don Isidro Sosa Páez, quien nació el 12 de junio de 1918 en la Vereda La Cajita, de Tibacuy. Sus padres, labriegos provenientes de Boyacá (igual que ocurrió con la familia de Juan de la Cruz Varela), arribaron a aquel lugar atraídos por la bonanza cafetera. En una de esas haciendas, propiedad de la familia Holguín, lograron hacerse a una pequeña parcela, que tomaron en calidad de aparceros.

En esos terrenos, el joven Isidro se desenvolvió junto a sus otros hermanos, adquiriendo pronto un sentimiento de rebeldía que se despertó al observar las condiciones en que vivía con sus padres, y por la agitación que se registraba a lo ancho y largo de la región. Por cierto, su padre, Ciervo Sosa, se convirtió en líder campesino, ejerciendo en su hijo Isidro una fuerte influencia.

Ciervo fue asesinado el 10 de enero de 1935, luego de haber sido nombrado presidente de la liga campesina de Tibacuy, por órdenes de los hacendados, quienes no estaban interesados en que se fomentara la organización campesina. En los años siguientes, muchos campesinos se vincularon al Partido Comunista, al que veían como una fuerza política que ponía en un lugar especial las demandas de los agrarios. Isidro también se vinculó al Partido, y participó en las escuelas de cuadros que la organización comunista realizó en Viotá, población cercana a Tibacuy. En esas escuelas conoció a dirigentes como Víctor Julio Merchán, que influyeron en su formación política.

La efectividad del liderazgo de don Isidro se muestra en hechos como haber logrado, junto al movimiento agrario, la parcelación de tierras, en especial de las haciendas de la familia Holguín, particularmente entre 1960 y 1969. De igual manera, se observa en la construcción de carreteras para beneficio de las familias campesinas y el acceso a servicios públicos como la energía, logros obtenidos gracias a la presión sobre los organismos oficiales. Aún hoy se recuerda que ayudó a conseguir la libre producción de cultivos que antes estaban prohibidos, como lo fue el café.

Desde luego, don Isidro fue un líder reconocido socialmente. Ese perfil se fortaleció por su origen campesino, y por ser poseedor de un carácter que lo alejaba de posturas autoritarias. Nunca sacó beneficio de la parcelación, y la posesión de tierra que tuvo nunca fue mayor a 10 fanegadas, un poco más de 6 hectáreas.

Don Isidro Sosa se casó en dos oportunidades. La primera, cuando tenía cerca de 21 años, y enviudó a los dos años. Luego con María Chiquinquirá Rincón, con quien tuvo 4 hijos y 6 hijas. Sus restos hoy reposan en el cementerio del pueblo, en medio de las tierras que fueron el escenario en donde se desenvolvió como persona y como líder agrario.

Don Isidro Sosa se casó en dos oportunidades. La primera, cuando tenía cerca de 21 años, y enviudó a los dos años. Luego con María Chiquinquirá Rincón, con quien tuvo 4 hijos y 6 hijas. Sus restos hoy reposan en el cementerio del pueblo, en medio de las tierras que fueron el escenario en donde se desenvolvió como persona y como líder agrario.

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