La “regalatón” protesta de los campesinos de San Cristóbal

Por Álvaro Lopera

El domingo 21 de enero, el corregimiento de San Cristóbal, municipio de Medellín, amaneció con un vestido distinto: un gran número de campesinos se tomó parte de la vía que conduce a Occidente, para hacer algo sorprendente: regalar hortalizas de todo tipo, expuestas en plena carretera nacional, a todo el que pasara por allí. Caracol se mofó de la protesta escribiendo en su portal: “Campesinos dicen estar quebrados y realizan una ‘regalatón’ de una tonelada de comida en Medellín”.Todos los medios estuvieron allí, pero muy pocos le dieron la relevancia a este acto político que pretendió desnudar la falta de políticas públicas contextualizadas en el territorio y el desprecio hacia el campesinado periurbano.

Se regalaban las hortalizas como protesta
Fotos: Álvaro Lopera

Frutos de mi tierra

Ese día, el sol se encargó de poner la nota alegre. La temperatura a las 9 de la mañana alcanzaba los 28 grados. La luz que enceguecía a los participantes en la protesta reverberaba en el pavimento ardiente. Y ahí, a 500 metros del túnel Fernando Gómez Martínez, en la ruta que conduce a Santa Fe de Antioquia, ocupando 100 metros de un carril de esa vía nacional que ha agregado tantos impuestos y costos de servicios públicos a los campesinos, estaban puestas múltiples hortalizas: vitorias, zanahorias, espinacas, lechugas y hasta tubérculos como la papa criolla; también se veía un buen surtido de cebolla junca y cilantro, el cual fue el rey de la fiesta, por su abundancia. Todo un jolgorio de frutos de esa tierra tan apreciada, no solo por los campesinos, sino también por las urbanizadoras y por catastro municipal.

Mientras sus compañeros protestan, él trabaja sus 500m2

Por qué la “regalatón”

Anteriormente los campesinos de San Cristóbal habían salido a las calles, unas veces apoyando el paro agrario, y otras, denunciando su situación. Esta es la tercera vez que se hacen sentir, aclaró Darío Posada, líder campesino. La “regalatón” pretende, dijo, denunciar el maltrato y la mala comercialización de sus productos por la gran cadena de intermediarios que existen entre el productor y el comprador. “Es anecdótico que un campesino para producir un manojo de cebolla junca tarde tres meses, para que después venga un intermediario, pague mal –y a veces hasta devuelva la producción– y en un día se gane lo que al campesino le costó 90 días de trabajo”, afirmaba vehementemente.

Campesinado y sus prácticas sean patrimonio

La protesta pretende visibilizar a los campesinos que producen en un área promedio de 600 metros cuadrados, para que la administración invierta en educación campesina, en salud, en materias primas, ayude a la comercialización o a la creación de centros de acopio, impulse el mercado de las semillas nativas e instale los distritos de riego sin alto costo para ellos. También luchan porque la administración municipal le dé vía libre al Distrito Rural Campesino, con todo lo que ello significa en inversiones, y reconozca los saberes campesinos y su cultura como patrimonio cultural y material de la ciudad. Darío habló de soberanía alimentaria como estandarte urgente para Medellín y de 2.500 familias campesinas –muchas de las cuales han sido víctimas de desplazamiento forzado– con sus hijos que no saben qué les depara el futuro con la expansión urbanística de Medellín.

El túnel y su ampliación: otro tema que alimenta la protesta

Explican como los afecta la vía y el túnel

La primera boca del túnel fue inaugurada el 20 de febrero de 2006 y a la fecha el gobierno nacional no le ha respondido a los campesinos de San Cristóbal por los daños y afectaciones causados, pues a partir de la construcción de este se agrietaron muchas viviendas y hubo pérdida total de otras; desapareció más de la mitad de los afluentes de agua, lo que provocó una disminución significativa de la producción, y los que sobrevivieron redujeron considerablemente su caudal. A lo anterior se suma la gran cantidad de gases y ruido que aportan las interminables caravanas de vehículos que lo cruzan, afectando con todo ello la biodiversidad del territorio, según palabras del líder de la vereda Naranjal, Alonso Velásquez. Y para colmo de males, los peajes no benefician en nada al sector.

Esta boca obligó a que muchas de las aguas superficiales y subterráneas fueran canalizadas por el túnel, conduciéndolas al sector de Palmitas, afectando directamente a 74 familias de la vereda Naranjal que habitan la parte superior del túnel. Tampoco se ha hecho ninguna obra de infraestructura para recuperar esa riqueza hídrica –como el acopio y bombeo de las aguas para la parte superior de Naranjal, solicitado permanentemente por los pobladores– de acuerdo a la versión de Darío.

Ahora se planea una segunda boca que amenaza 17 quebradas, entre pequeñas y grandes, que abastecen el acueducto de San Cristóbal y a dos veredas con una población de 600 familias: La Cuchilla y El Uvito.

Participación de la mujer campesina

Lideresas campesinas

Carmen Acevedo, a la derecha de esta foto, además de ser madre cabeza de familia y sembrar en sus 500 metros cuadrados plantas medicinales como caléndula, limoncillo y pronto alivio, flores y aguacates, es promotora en Gestión Ambiental, estudia Gestión Comunitaria en el Colegio Mayor, trabaja en la Asociación de Mujeres Campesinas Siempre Viva, en su centro de transformación; participa en el Comité Campesino del Área Metropolitana, el mismo que se visibilizó años atrás con el plantón que hizo en la Alpujarra, en el marco del debate del POT, exigiendo el Distrito Agrario Campesino. Vela por su madre discapacitada y trabaja con la Secretaría de la Mujer, apoyando los procesos de autonomía económica.

No hay políticas públicas para el campesinado

Esta mujer considera justa la protesta y la apoyó en toda su preparación, porque la Alcaldía se encuentra muy lejana de las necesidades campesinas. Exige políticas públicas y más inversión social para evitar que los hijos “salgan despavoridos” para la ciudad.

Ángela Quiroz reafirmó que un gran sentir de la protesta está basado en el tema comercialización y contó una historia que deja ver la ineficacia y corrupción de la burocracia municipal: “En 2012 nos ganamos, en las Jornadas de Vida, la aprobación de un centro de comercialización, transformación e investigación de los productos agropecuarios, el cual estaba respaldado por el Politécnico Jaime Izasa. El dinero para ello era $2.500 millones. El modelo era sencillo: los campesinos llevaban los productos limpios, allí los clasificaban y les pagaban inmediatamente. Posteriormente sus productos se embarcaban en sendas motos para hacer el proceso de distribución. El excedente de las ventas iría para las organizaciones de mujeres campesinas. Se “mecatiaron” la mitad del dinero y el resto lo gastaron dizque en capacitaciones a campesinos”.

Federico Gutiérrez, a principios del año pasado, eliminó el Consejo Municipal de Desarrollo Rural, el cual era el encargado de formular el Programa Agropecuario Municipal, para presentarle al Concejo de Medellín los proyectos nacidos en las bases campesinas que se financiaban con el impuesto de degüello, que consiste en que por cada res sacrificada en Medellín, queda un aporte determinado. Eliminó el Consejo, pero el impuesto se sigue cobrando. ¿En qué se estará utilizando?

A mediodía, y después de más de 8 horas de intensa preparación y participación, cuando la piel ardía en nuestras espaldas, se dio por terminada la protesta. Todo transcurrió sin incidentes y en completa armonía nos disgregamos tal como llegamos a la “regalatón”. Hasta otro encuentro, pues el tema agrario en todo el país sigue sin ser debidamente atendido.

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