“Por tres mil se deja tocar las teticas, mamacita”

 

Acoso-Sexual-3
Ilustración tomada de siag.org.mx

Por Angie Heredia

En Medellín la explotación sexual infantil es el pan de cada día en territorios como Moravia, Belén, la Minorista, El Poblado, la orilla del río, Lovaina, San Diego, y en distintos sectores del centro de la ciudad. Es una práctica cotidiana que ocurre a expensas de la comunidad y ante los ojos de las autoridades, un tema del que muchos conocen, pero pocos quieren saber, y que retrata una sociedad decadente y de doble moral, tras el telón del desarrollo urbano.

Por Anyela Heredia

Caleidoscopio

Ana María, de 13 años, vive en el barrio Santodomingo. Ella y su hermanito de 11 años muestran problemas de comportamiento, su papá se suicidó, su madre los abandonó y están al cuidado de su abuela, quien en ausencia de herramientas para establecer normas, siente que la situación con los dos adolescentes se sale de sus manos. La niña dejó, de repente, de ir a estudiar.

–¿Qué haces entonces?

–Me quedo amaneciendo donde una amiga

–¿Y haciendo qué?

–A mi amiguita y a mí nos pagan por ir a cuidar un bebé– responde con la mirada un poco esquiva ante la pregunta de una funcionaria del programa “crecer”.

Al poco tiempo, cuenta que la amiga, que tiene 14 años, fue quien la llevó por primera vez al centro (por los lados de Empresas Públicas) a rebuscarse, y desde entonces siempre andan juntas, ; no obstante, cuenta que es un amigo mayor el que les consigue los clientes, él es quien hace el negocio y luego les da un porcentaje de lo que cobra. De veinte mil pesos que paga un cliente, ellas reciben entre siete y diez mil. Muchos de sus clientes son taxistas.

Sumado a eso, para poder cargar con ese “estilo” de vida, las niñas se drogan, de modo que Ana María, a sus 13 años, además de encontrarse en condición de explotación sexual, fuma marihuana y consume perico para poder estar ahí. Le han propuesto alternativas como entrar a alguno de los programas que ofrece la Administración para paliar los efectos del fenómeno de explotación en la ciudad, pero, aunque al principio accedió, a los ocho días saltó el muro y no regresó. Dice que necesita la plata, que quiere vestirse bonito como las otras niñas y su abuela no puede darle lo que necesita.

Este es uno de esos casos en los que la niña “ejerce la prostitución” de manera voluntaria y a pesar de haberle ofrecido otras alternativas, sus necesidades personales la llevan a tomar esa decisión. Pero hay cientos de otros casos, en los que los novios, por ejemplo, o personas cercanas las obligan a hacer cosas que no quieren. Un caso concreto es el de una niña de 14 años en Guayabal, cuyo novio de 17 era, incluso, conocido por la familia, chateaban mucho por internet y él un día le pidió que le mandara “foticos de ella desnudita”,; por algún motivo terminaron y el tipo montó las fotos a las redes sociales. En ese caso se asesoró a la familia para que hiciera una denuncia informática y se bloquearon todas las páginas en las que aparecía la niña. Pero una vez que alguien ha compartido esas fotos, ellas pueden seguir circulando en la web, por correos personales, etc., sin ningún control, lo que no es un caso aislado, pues la pornografía es una de las formas de explotación sexual infantil tipificadas por las autoridades; a ella se suman la prostitución, la trata de personas, el turismo sexual y la explotación por parte de grupos armados ilegales.

Daniel, un niño que se caracterizaba por ser muy activo, inteligente y creativo, de repente cambió de actitud y se convirtió en un niño poco expresivo, huraño, incluso agresivo. Después de mucho indagar, sus profesores se enteraron de que se encontraba frecuentemente con un hombre mayor, un serenatero de los que trabajan en la carrera 70. Según el chico, el hombre le daba dinero, le compraba ropa, y era “bueno” con él. De acuerdo con las informaciones del niño, el victimario era fácil de rastrear, así que se colocó una denuncia en su contra, pero no pasó a más; primero, porque la ley dice que no se puede procesar a alguien por el delito de abuso sexual a menores de no ser encontrado infraganti, y, segundo, porque el niño se negó a ratificar la denuncia.

Dos niñas del barrio, de 11 años, pasan a menudo por los nodos -dependencias del Centro Cultural de Moravia-, van vestidas con ropa muy ligera y le preguntan al encargado si les va a regalar platica, este responde que no, que allí solo pueden leer, pintar, desarrollar alguna actividad lúdica. Después de algunas conversaciones, ellas explican que esa es la forma como tienen acceso a lo que necesitan. Por ejemplo, hay un “señor” del que se rumora “se ha comido los mejores culitos del barrio” (una frase que parece un lugar común, pero que en este caso está relacionada con la praxis de algunos líderes de los “combos” (bandas) que cuando ven a una niña bonita de menos de diez años de edad, se atreven a declarar frente a la vecindad: “esa niña va a ser para nosotros”, arrogándose el poder de acceder a la virginidad  de estas). Este señor les ofrece regalos y plata a cambio de que se acuesten con él. La comunidad lo denunció, pero al final, las niñas mismas lo defendieron por la relación de dependencia que se había generado. Hoy una de ellas, con tan solo doce añitos de edad, está en embarazo.

Camine vamos a hacer cositas y le doy dos mil pa’ la gaseosa”

Parece haber un patrón recurrente, son niños, niñas y adolescentes con muchas necesidades económicas, reciben poca atención en sus casas por la ausencia de sus padres o por desinterés de sus familiares que viven en condiciones muy precarias. Son niños en su mayoría desescolarizados, que pasan mucho tiempo solos y en la calle. Los “consumidores”, hombres de todas las edades, les ofrecen entre mil y tres mil pesos por dejarse tocar o por hacerles sexo oral, y hasta diez mil por acostarse con ellos.

El cliente, en cambio, “puede ser cualquiera, un conductor de bus, un taxista, un tendero del barrio, motociclistas, turistas, integrantes de los combos…, en fin. Lo que, según los líderes de la comunidad, demuestra lo enferma que está una sociedad en la que es mucho más fácil acceder a menores de edad para satisfacer las necesidades sexuales de los hombres que relacionarse entre hombres y mujeres adultos y conscientes.

Un puerto de la perdición

Moravia está estratégicamente ubicado entre dos vías que recorren la ciudad de norte a sur, sus habitantes llegaron allí desplazados de los más diversos rincones, buscando oportunidades de vivienda y encontraron un lugar en el que, aún hoy, “no se le niega la morada a nadie”. Es un barrio construido, a punta de convites, por la comunidad misma: pavimentación, acueducto, redes de energía, todo lo construyó la misma gente, en ausencia del Estado. Es, además, el barrio más densamente poblado de Colombia y el segundo en Latinoamérica, y es también un territorio multicultural. Por su cercanía a la terminal de transporte y a algunos de los equipamientos culturales y recreativos más importantes de la ciudad, es también lugar de paso para un sinnúmero de turistas nacionales y extranjeros.

Desde sus inicios, el Estado solo hizo presencia de forma negativa en ese territorio, pues nadie concibió el desarrollo de la ciudad hacia el norte y por eso el territorio de Moravia fue durante muchos años el tiradero de basura de Medellín; con el tiempo, ese tiradero vino a convertirse en el centro pleno de la ciudad.

En ese contexto lleno de contradicciones, pues es uno de los centros receptores de políticas administrativas que apuntan a la modernización y la transformación, a la vez que sigue siendo centro receptor de desplazamiento, Moravia cuenta también con una vida nocturna muy activa, allí funciona gran cantidad de negocios, “amanecederos”, donde los menores pueden entrar y salir sin restricciones hasta muy tempranas horas de la madrugada. Es común ver allí a los niños y niñas por la calle, esperando quien les ofrezca dinero o regalos a cambio de sus favores, y es común también ver que llegan allí muchos niños que vienen de otros barrios a rebuscar su subsistencia.

“Muchos tipos no se meten con los niños del barrio por la cercanía de las familias, pero si vienen de afuera se sienten menos involucrados”. Los viernes por la tarde, camino a la terminal del norte, se puede ver una procesión de jovencitas, y también mujeres adultas del barrio llevando a sus espaldas un morralito. Van a “puebliar”, otra modalidad en la que salen los fines de semana a rebuscar a pueblos aledaños o son trasladadas a zonas mineras en Antioquia por redes organizadas de explotación sexual.

El problema es grave y la respuesta institucional muy pobre. Si bien existen programas de intervención, “las instituciones no llegan a donde está el problema real, a la calle, donde están los niños explotados sexualmente o consumiendo drogas”, comenta un habitante del barrio. Por ejemplo, los niños que hacen uso de los programas que ofrece el Centro Cultural son niños que vienen de un entorno familiar que se preocupa por integrarlos a esos espacios, pero los niños abusados en la calle no se acercan a las instituciones.

Son muchos los lugares de ese territorio y sus alrededores donde los mal llamados clientes van a buscar a los infantes, “los lugares oscuros, debajo de los puentes, a la orilla del río, en el sector del oasis, en Lovaina, en el parque de los deseos, donde los niños varones vestidos de mujer son muy apetecidos”.  Hay de todo, niños de ocho, nueve años, que se dejan tocar de los tenderos por una gaseosa, quinceañeras en San Diego que se acuestan con hombres por quince mil pesos, hasta las prepago más caras a las que vienen a buscar en carros lujosos a la entrada de los colegios para llevarlas a los hoteles donde esperan por ellas los turistas.

Incipiente respuesta de las autoridades

Lina María Yepes, trabajadora social del programa “Crecer con dignidad”, de la Secretaría de Inclusión Social, cuenta que el programa ha centrado su intervención en focos como Belén, Moravia, el Centro y sus alrededores, el sector del viaducto del metro entre la estación Prado y la avenida 1º de mayo, el Parque de los deseos y El poblado. Específicamente allí se trabaja el tema de la explotación sexual ligada al turismo.

El programa desarrolla acciones de prevención como tomas artísticas, con el fin de que los transeúntes se den cuenta de que efectivamente la administración está vigilando, que hay que desvelar y denunciar. También se hace un trabajo de sensibilización en los bares y en los hoteles, a través de una estrategia denominada “no permito que toques mi cuerpo”, “no permito que me des plata para que me deje tocar”, etc. O stickers con mensajes como “En este establecimiento no permitimos la explotación sexual infantil”.

En sectores de Belén donde hay mucha vida nocturna, la estrategia va más dirigida a los adolescentes y los niños, para orientarlos a que no reciban dinero a cambio de favores sexuales, explicarles cómo pueden denunciar y adónde pueden llamar, etc. Mientras que en otros lugares como Moravia y El Poblado las estrategias son más de prevención y están dirigidas a toda la población. Los niños, niñas y adolescentes atendidos por el programa reciben acompañamiento psicosocial y son vinculados a instituciones educativas: “se trata de mostrarles que ese no es el único camino”.

Habitantes de la comunidad comentan que “de vez en cuando se ve a esos policías de infancia que se llevan una o dos pelaítas, pero no se sabe para dónde, y a los días están otra vez por ahí”. Incluso hay denuncias que no prosperan porque los policías lo que hacen es “regañar” a las niñas en lugar de perseguir a los abusadores. De cualquier manera, reconocen que el tema es muy complejo y es necesario sensibilizar, prevenir, fortalecer a los niños y niñas y brindarles otras oportunidades, a través del deporte, la escuela, y mejorando las condiciones económicas de las familias para que los niños no tengan que salir a la calle a suplir sus necesidades.

Un comentario

  1. Es muy triste la poca inclusión de nuestros niños a la educación y es increíble cómo existen depravados que se atreven a dañar los niños de esta manera….. Considero que debería existir una pena muy severa para al menos persuadir estos estos HP.

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