EPM aplica la ley del embudo: “Lo ancho pa’ellos, lo angosto pa’uno.”

el embudo de EPM
Foto: Tomada de http://www.conapcolombia.org

Por Rafael Dávila

A Roger, hombre de cabellera blanca y rostro adusto esculpido en vastas luchas obreras, se le ve pasear, de Bello a Medellín, con una mochila indígena de fique coloreado colgada en el hombro izquierdo. Es uno de aquellos pensionados que esperaron impacientemente terminar su ciclo de asalariados para ir a tirar maíz a las palomas en los parques, jugar cartas en las esquinas y quedarse en la puerta de la casa tomando tinto y rascándose el ombligo. Mantiene tercamente su presencia jovial y activa en las organizaciones populares, entendiendo, como un viejo sabio, que sus problemas particulares no son exclusivos, sino que golpean a todo un pueblo. Sus cuitas también las lleva en su mochila, y estas las ha venido compartiendo en múltiples acercamientos con otros compañeros, pues más de una activa el volcán que lleva adentro.

La historia

Por sentirse ciudadano cívico y colaborador avisó de un daño en la calle, encontrando como respuesta y solución a su inquietud por parte de EPM (Empresas Públicas de Medellín), la de cobrarle el daño presentado en la vía pública, por el delito de vivir al frente.

Su voz fuerte y grave ayuda a agregarle suspenso a esa indignación que le sale del vientre, como en los buenos tiempos de sindicalista. Hojas en mano semidobladas, cuaderno sobre una mesa y acomodando sus lentes, analizaba ese pasado reciente que a todos nos quedó muy claro.

El pasado mes de abril (2017), hizo un llamado a las oficinas de EPM, avisando de un daño que estaba en progresión y había roto el pavimento de la calle; con la paciencia que distingue a estas entidades, hicieron la reparación luego de quince días. Tamaña sorpresa se llevó Roger cuando apareció en su cuenta de servicios un cobro por concepto de reparaciones de $11.800. Dicho cobro siguió llegando en la factura de los meses siguientes, hasta completar $781.800, y todo por haber denunciado dicho daño que no afectaba solo a su vecindario, sino a los usuarios del transporte público. Pues por la vía del barrio Buenos aires, municipio de Bello, circula una ruta de buses de transporte y mucha clase de vehículos… “¿Será que por ser el vecino más próximo, soy el culpable del daño?”, se pregunta Roger con rabia.

Reclamaciones y respuestas

Inició un proceso de reclamaciones ante EPM con un desenlace no previsto por nadie, ante la cantidad de normas y obstáculos que estas entidades tienen a su favor para agotar la paciencia del usuario y los afectados. Repuso derechos de reclamación y pararon los cobros por los tres meses siguientes. Le hicieron citación en octubre, donde le informaron verbalmente y por escrito que habían decidido continuar con el cobro desde el mes de diciembre, aumentado el total a $880.000, amparados en las leyes que esas burocracias imponen a la comunidad.

En cada documento de respuesta que le enviaban, siempre le señalaban la ley que les favorece, con el visto bueno de la Superintendencia de Servicios Públicos: el artículo 14.1 de la ley 142 de 1994, donde los trabajos realizados le corresponden al dueño del inmueble. Le hablaron del régimen de acometidas del decreto 302 de febrero del 2000, en el cual reglamentaron dicha ley, la 142 de 1994, donde todas las acometidas y medidores están a cargo de los suscriptores o usuarios. Y en ese mismo lenguaje se expresó la Superintendencia correspondiente, luego de hacer reclamos y rechazos a esos procedimientos.

¿Qué culpa tenemos que una vía se agote y se deteriore por el uso y abuso que de ella hacen las empresas de transporte de carga, pasajeros y entidades oficiales? Según esto es un delito vivir en una propiedad aledaña a una calle de movimiento vehicular”, me decía el canoso tratando de explicar por qué no tiene aplicación en las leyes el sentido común que indica que quien daña paga o repone.

Resolución final

Reflexionó un momento, subrayó un documento, tomando aire para evitar su cambio de estado de ánimo pese a su indignación, y concluyó: “Luego de tanto exponer mi inconformidad y de recibir papeles, las dos entidades, Superintendencia y EPM, reiteraron que tienen la razón basados en las leyes que los amparan”

Fue a ambas entidades, y la conclusión a la que llegó fue la siguiente: “El pueblo como usuario de unos servicios monopolizados que no son tan públicos, como lo pregonan, es víctima de unos intereses depredadores que van en búsqueda de su bolsillo para seguir acumulando ganancias por encima de quien sea. Las leyes la hacen ellos para ellos”.

Lo que queda en el tintero después de tanta insistencia es que, aunque la función de esas entidades debe ser el servicio, en esta sociedad todo lo convierten en mercancía, y el servicio es un decir más.

No todo está perdido

Es claro que cuando suspenden agua y energía no rebajan las cuentas; el promedio aparece más alto y contadas veces es el mismo. “Hace tiempo nos metieron el dedo en la boca y seguimos desprevenidos sin prestar atención a estos hechos”, afirma con ira. Esa pelea parece alargarse, pues este pequeño contendor no se dará por vencido.

Su actitud reafirma que seguirá con esa tarea de denuncia, gestionando esta situación. Indagará en organizaciones populares que trabajan el tema, como la Liga de Usuarios de los Servicios Públicos Domiciliarios, así como con representantes, asesores y otras corporaciones. No dará el brazo a torcer. Como esa cuenta es impuesta e injusta buscará que le quiten ese cobro mensual y le devuelvan los dineros ya pagados.

¿A cuántas personas les estará pasando lo mismo en este país y los hechos quedan en silencio? Reuniré argumentos para demostrar que es una arbitrariedad aplicar tales leyes y reglamentos, que además generan confusión, en contra de los derechos de los menos favorecidos”, fue la última frase de esta tertulia.

Roger tiene muy claro que la riqueza de esas entidades se basa en la inocencia, el conformismo y las necesidades de los usuarios de esos servicios vitales. Por eso, de vez en cuando vale la pena encontrar en el camino un hito que marque la frontera entre la pasividad y la resistencia. Y Roger hace rato está ahí, generando con su ejemplo toda una escuela de resistentes.

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