Mujeres “chatarreras”: lucha tras un oficio en riesgo de desaparecer

Por Yeison Camilo García

Más de mil personas, casi todas mujeres cabeza de hogar, ejercen el “chatarreo” en Segovia, municipio del Nordeste de Antioquia. Su oficio, que depende de la existencia de la pequeña minería, está en riesgo de desaparecer. Señalan al gobierno y a una multinacional como las principales amenazas.

Adentro del socavón, los mineros que llenaron el coche con material del subsuelo tocan dos o tres veces un timbre. Desde afuera, otros mineros accionan el motor que sube un coche metálico cargado con piedra y arenilla. Cerca de la bocamina, ubicada en zona rural, un grupo de “chatarreras” esperan en un espacio al que llaman “plaza”, con la ilusión de que en ese material desechado haya oro.

Entre estas personas, que a veces suman hasta 140, está Margarita Clavijo. Es oriunda del municipio de San Rafael, Antioquia, de donde salió desplazada tras el asesinato de su esposo. Aunque allá “barequiaba” en un río, en Segovia aprendió a “chatarriar” gracias a una compañera. “Ella me enseñó que teníamos que pedirle puesto a un socio de la mina y conseguir baldes y costales para procesar el material”.

Ya hace 19 años que ejerce este oficio, que le ha permitido “sacar adelante” a sus ocho hijos. Aunque considera que es un trabajo difícil y dispendioso porque tiene muchos procesos, “es una forma de conseguirse el sustento sin que nadie lo esté mandando o maltratando a uno”. Sabe que “si uno no tiene un bachillerato y es bien estudiado, aquí no se cuadra en un empleo bueno”.

Ahora, experimentada en el oficio del “chatarreo”, explica que consiste en “recuperar lo bueno que hay en la carga que botan los mineros, para sacar oro”. Mientras habla, dos compañeros vacían el contenido del coche en el centro de la “plaza” para que las “chatarreras” empiecen a seleccionarlo y procesarlo. De ahí que todas ellas defiendan la continuidad de la minería, pues “si el minero puede trabajar, nosotras también”.

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Este oficio, que podría catalogarse como minería de subsistencia, depende de la práctica de la pequeña minería. Aunque esta fue declarada actividad ancestral en el territorio, se encuentra bajo amenaza luego de la llegada de la multinacional Gran Colombia Gold, a la que el gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez, en 2010, le cedió el 80% del subsuelo de Segovia, a través de un título de propiedad privada a perpetuidad.

Antes de la llegada de la multinacional canadiense, los pequeños mineros ejercían su actividad libremente. Sin embargo, los directivos de la empresa han empezado a señalarlos como ilegales por estar extrayendo oro en su título y sin autorización. Ante eso, les han exigido a los mineros locales que se formalicen, es decir, que firmen un contrato de explotación que los obliga a venderle todo el material aurífero.

Mineros y autoridades municipales han definido la propuesta como un “contrato de esclavitud”. La relación se reduce a trabajar en condiciones precarias y llevar todo el material a la planta de procesamiento de la multinacional que, a su modo, determina la cantidad de oro y el valor que pagará. Esta situación condujo a la activación de la Mesa Minera de Segovia y Remedios.

Desde ese mecanismo de diálogo también se han emprendido distintas luchas; una de ellas, en busca de que el “chatarreo” y las “chatarreras” fueran reconocidas en el Código de Minas. Ruth Dalila Ospina, quien fue líder de un grupo de chatarreras, recuerda que “en el Ministerio de Minas no sabían que existía este oficio. Y, como no era reconocido, la fuerza pública violentaba a las chatarreras y les quitaba el oro que sacaban”.

“A finales de 2014 –agrega–, desde la Mesa Minera le contamos a la viceministra María Isabel Ulloa en qué consistía el oficio y quiénes y cuántos lo ejercían. Ella quedó asombrada porque no se imaginaba que funcionaba así. Luego empezaron a prestarle atención a este oficio, a nombrar a las chatarreras en las reuniones. Y, a principios de 2015, fueron incluidas en el Registro Único de Comercializadores de Minerales (Rucom)”.

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En la “plaza”, las “chatarreras” seleccionan las piedras y la arenilla que les puede servir. Otras, las machacan con un martillo para hacerlas más menudas. El material que queda, lo dividen por “paladas” en cantidades iguales y lo llevan para cada uno de sus puestos: cambuches hechos con palos a los que atan trozos de plástico negro a modo de techo. Ahí trabajan en jornadas de hasta diez horas diarias.

En el puesto, Margarita echa varias paladas de material a un costal y lo sacude en un recipiente con agua para separar el material más menudo de los trozos de piedra machacada. Cuando tiene suficiente de esa arenilla, algunas veces con trazas de brillantes a las que llama “jagüitas”, pasa al siguiente proceso: deposita pequeñas cantidades en una batea, sobre la que vierte pequeños chorros de agua, como cuando “barequiaba” en algún río.

Rechaza que haya funcionarios de la Gobernación de Antioquia que aseguren que ellas no son “chatarreras” sino barequeras. Con ello desconocen un oficio que se realiza en decenas de minas y que es reconocido en el casco urbano del municipio. Hasta allá llevan en costales el material “bueno”: los trozos de piedra machacada y la arenilla que pasó por batea, para que sea procesado mecánicamente en los entables y utilizando mercurio.

Sobre este último paso, necesario para obtener finalmente pequeñas cantidades de oro, reconoce que debería hacerse sin generar daños al medio ambiente ni afectaciones para la salud. “Pero es que nosotros no tenemos otra tecnología para lavar ‘la mina’ de una forma que no haya químicos”. Por eso, tanto ellas como los pequeños mineros requieren del apoyo estatal para hacer el proceso más sostenible.

Sin embargo, esa deficiencia ha sido utilizada por funcionarios del Gobierno Nacional como excusa para estigmatizar a quienes ejercen la actividad tradicional del municipio, a la vez que favorecen los intereses de la multinacional. Así “la situación se nos pone muy dura, muy apretada, porque lo que quieren es quitarnos la pequeña minería, de la que las chatarreras dependemos”.

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