Trapos rojos contra el viento

Barrio Moravia, Foto: Esteban López

Por Darío González Arbeláez

El dulceabrigo rojo manchado, descolorido, ajado, engrasado, mojado, sudado, oloroso, agitado… el que llevan al hombro los cuidadores de carros; que cargan en el bolsillo trasero los cargadores de maletas en las terminales; el que se atan al cuello los albañiles; el que limpia el cuchillo verdulero; el que escurren los alistadores de buses o taxis; el que espanta el polvo y las moscas de las ventas callejeras; el que limpia el excedente de jabón de los parabrisas. El dulceabrigo rojo del rebusque, venda para las heridas.

Barrio Buenos Aires, Foto: Esteban López
Barrio Buenos Aires, Foto: Esteban López
Barrio Buenos Aires, Foto: Esteban López
Barrio Buenos Aires, Foto: Esteban López

El dulceabrigo rojo está parado. Amarrado al palo de la escoba, al parapeto del balcón, al bajante de aguas lluvias, a la reja de la ventana, a la mano de la niña con tapabocas, a la mano de la vecina que vendía tintos en el parque; atado a la mano callosa y agrietada de don Carlos que lo ondea desde la puerta de su casa.

La insignia del rebusque, el medio para la libra de arroz, de panela, para el pago de la pieza. El dulceabrigo rojo remedio contra el hambre y la desigualdad, sacudido en la calle, estrechado en el parqueadero, sudado en la construcción; hoy se ondea desde la ladera, desde el barrio, desde la casa de madera y plástico reciclado, desde las manos abandonadas a su suerte: denuncia el hambre, la desigualdad, el abandono.

Hoy los barrios de cadenetas decembrinas —de botellas plásticas pintadas con vinilo y trenzadas con pita a través de la calle—, se llenan de trapos rojos, de dulceabrigos atados a las casas, a las vidas tambaleantes, a los rebuscadores del hambre.

No, esos trapos rojos que se baten en mi barrio, no advierten las necesidades que se agudizan con el encierro. Esos trapos rojos, ese dulceabrigo manchado, descolorido, ajado, engrasado, mojado, sudado, oloroso: advierte un hambre heredada, unas necesidades acumuladas; una miseria tan voraz que, inclusive, erosiona los mismos trapos rojos que se baten contra el viento que producen las tropas militares que cada hora rondan mi barrio.

Barrio Moravia, Foto: Esteban López
Barrio Moravia, Foto: Esteban López
Barrio Moravia, Foto: Esteban López
Barrio Buenos Aires, Foto: Esteban López
Itaguí, Foto: Alexander Herrera

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