El futuro del trabajo y el trabajo del futuro

Por Álvaro Lopera

Ilustración tomada de resistencia.org.uy

El largo período de la “Tercera Revolución Industrial” –categorización de Jeremy Rifkin aceptada por la Unión Europea en 2006– marcado en sus inicios por la reorganización empresarial fordista, la química industrial ampliada a todas las esferas productivas, el nacimiento y aplicación de los computadores y la cibernética casi está concluido. Hoy asistimos a un final agónico en donde los aletazos de las nuevas tecnologías relacionadas con la energía, como las baterías recargables de ion litio, las celdas de hidrógeno, los edificios inteligentes, el carro eléctrico, la tecnología nano y la automatización en la etapa previa a la inteligencia artificial, dieron paso a la idea cumbre de la “Cuarta Revolución”, aquella que probablemente sacaría al capitalismo del actual pantano en que se encontraba antes de la pandemia del covid-19.

La economía zombi y el sueño de resucitar al muerto

El mundo del capital, después del batacazo de la crisis financiera de 2008, nunca se recuperó completamente, sino que siguió siendo un enfermo convaleciente. El sistema capitalista agonizante ha sobrevivido como un enfermo terminal a partir de reinventos económicos que van de la mano de trucos keynesianos como lo es la ultra emisión de moneda, equivalente a monetizar una esperanza de deuda y, por tanto, una economía zombi sin fronteras claras de trabajo y consumo. Últimamente, la esperanza se había afincado en la potencialidad de la producción sin trabajadores, basándose en la tecnología de última generación: inteligencia artificial, realidad aumentada, realidad virtual, robótica, internet de las cosas, big data, nube virtual, nanotecnología, geoingeniería, biología sintética y un largo etcétera, todo amparado en la nueva tecnología 5G, con la que se asume que “se puede hacer de todo con el planeta, pues la tecnología arreglará el desastre”.

Se lanzó a la palestra económica un nuevo enjambre de términos posmodernos y de conceptos posindustriales. Los tanques de pensamiento del capitalismo ya habían empezado a hablar del postrabajo –trabajo sin trabajadores– y también de un campo agrario productivo sin campesinos, pues la virtualidad, la nube, esa nueva mina de oro del almacenamiento de datos, se encargaría de ello. Y todo en un marco de trabajo precario inaugurado con inmigrantes en Europa y trasladado a todo el mundo, a través, por ejemplo, del sistema Uber, Rappi, y los contratos cero, donde el trabajador está a la espera, durante las 24 horas, de una llamada del patrón, y solo recibe el pago por el tiempo trabajado.

Los cálculos han ido de la mano de ideas maximalistas que pregonan la producción a ultranza con una plusvalía mayor, sin contar con varios factores adversos: uno de ellos, los altos costos implícitos de las nuevas tecnologías cibernéticas, que se agregarían al capital constante afectando la composición orgánica del capital y, por ende, dejando en suspenso una mejora de la tasa de ganancia del capital, así la mano de obra disminuya por esta gracia.

A lo anterior se le sumaría la gran competencia mundial en el campo de la oferta que obligaría a producir desmedidamente para obtener una ganancia por unidad producida pequeña y, por tanto, conllevaría a un gran volumen de mercancías. Todo ello frente a una demanda que se contrae cada vez más – contracción agudizada por la pandemia– por arte y gracia de la misma estrategia de pauperización de las clases trabajadoras y por la ampliación del ejército de reserva de desempleados. Esto deja al trabajador, en el mejor de los casos, con lo justo para sobrevivir y sin capacidad para consumir en el mercado capitalista.

Y el tal bono pensional que se agita como un salvavidas para paliar la crisis social que se ve venir, no es la solución. Menos en países del Tercer Mundo donde la reprimarización neocolonial no genera valor agregado a las exportaciones, amén de la manufactura que no alcanza a ser comercializada en franca competencia con los rivales del Primer Mundo en ese mercado salvaje dominado por el monopolio.

Llegó la pandemia y mandó a parar

Vivimos una recesión sui géneris, catapultada por el covid-19, que ha mostrado a un capitalismo desnudo salvado de la hecatombe por un Estado burgués que recurre a emisiones monetarias sin par. De esta manera ha dejado a los bancos y a las grandes corporaciones ahítas de dinero, pero a las grandes masas solo confinadas, temerosas de ser borradas del mapa por un enemigo invisible que se apoderó de la agenda de la geopolítica y geoeconomía mundiales.

El aparato de salud neoliberal mundial colapsó por el aumento indeclinable de casos de coronavirus en el mundo. La salud convertida en mercancía fijó un número pequeño de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) necesarias para el combate de la enfermedad en todos los hospitales del planeta, en tanto esas inversiones no eran productivas; de allí el número de muertos en Italia y en España, amén de Estados Unidos. El 29 de junio el portal coronavirus.jhd.edu reportaba más de 10 millones de infectados, de los cuales Estados Unidos suma dos millones quinientos mil, y Latinoamérica se perfila como el subcontinente que sobrepasará esta cifra en los próximos días.

Con más de quinientas mil personas muertas por el virus a finales de junio, la pandemia además ha provocado una recesión que probablemente devendrá en una depresión; esto significa, ni más ni menos, una contracción económica que afectará a los de siempre, a los de abajo. Y es que ahora ya se vive la hambruna mundial por el desempleo que se disparó en todo el mundo, a lo cual no han respondido los estados capitalistas para proteger a los más débiles.

Con este panorama, a los estrategas capitalistas solo se les ocurre el aprovechamiento disciplinario que ha impuesto la cuarentena mundial para impulsar soterradamente un Estado mundial represivo y vigilante, so pretexto del cuidado personal. La inteligencia artificial próximamente será aprovechada no tanto para el postrabajo propuesto con anterioridad, sino para el teletrabajo, la teleeducación y la telemedicina. Están haciendo ajustes para, posteriormente, dar el salto a la recuperación de ese ente agónico capitalista que no termina de morir, y todo se hará a costa de los derechos de los trabajadores y pequeños propietarios de todo el mundo.

Esa masa de capital informe que pretende mantener sus altas tasas de ganancia a pesar de la crisis, intentará aplastarnos a todos, y la “Cuarta Revolución Industrial” se usará como el mazo que nos estampille en la nueva realidad si los pueblos del mundo aunadamente no damos la respuesta respectiva ante la nueva amenaza política y económica.

Un comentario

  1. Muy interesante el artículo. Muchas gracias por compartir las reflexiones que están presentes. Es preocupante lo que se plantea, en especial porque con el teletrabajo el sujeto pierde la noción del espacio de trabajo y el espacio personal; confundiendo los espacios a tal punto que el sujeto está trabajando incluso fuera de su horario laboral. Ya no solo hay un trabajo no remunerado explícito en los contratos laborales, sino un trabajo no remunerado que solo el trabajador sabe que existe y del cual el capitalista se beneficia.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s