Por Teófilo González

Fotos: Facultad de Artes y Humanidades de la UniAndes
Nos reunimos artistas de México y Colombia en la ciudad de Bogotá, en el marco de la FILBO, Feria Internacional del Libro de Bogotá 2023, siendo esta edición México el país invitado de honor. En coordinación con el Centro Nacional de Memoria Histórica y la Universidad de los Andes, participamos de un taller de grabado nombrado “SOMOS LA MEMORIA DEL OLVIDO”, entre los días 18 al 23 de abril; dando como resultado, un mural de 30 metros de largo y un metro de ancho, exhibido en el pabellón de Corferias.
Entre los participantes del taller, estábamos 30 creadores, víctimas del conflicto armado en Colombia y con experiencia artística en temas sociales como activismo, cultura de paz, comunicación no violenta, entre otras temáticas. Como parte de este laboratorio-taller, COOMUNARTE, la Cooperativa multiactiva de artistas del común, fue invitada y representada por los artistas Inty Maleywa y Teófilo González, quien les escribe.
En los primeros encuentros de esta actividad, observaba muy cautelosamente en los demás artistas sus gestos, ropas, historias, reafirmando que tanto los artistas colombianos como los mexicanos tienen una historia similar, permeada por la violencia, y en sus mensajes se puede percibir las secuelas que les ha dejado. En el taller cada artista deseaba mostrar sus recuerdos por medio de una imagen para poderla llevarla al mural.
El 19 de abril comenzamos con un laboratorio de conceptualización, reunidos en uno de los salones de arte de la Universidad de los Andes. Días antes, nos recomendaron llevar un objeto personal significativo o frase, que nos inspirara o detonara algún tipo de emoción; lo importante era es que lo pudiéramos compartir.
Ese día hicimos una presentación personal, y al mismo tiempo mostramos el objeto, contando la historia que lo acompaña. Algunas personas dieron sus explicaciones de los dibujos que exhibían en bolsos fabricados por ellas mismas; otras, describían el río, el camino, el árbol, el sol mañanero o el día que fueron desplazados centenares de familias por causa de la violencia. Así mismo, otras personas contaban sus historias más sentimentales de sus padres, o algún familiar que había dejado bellos recuerdos.
En mi caso, llevé un parlante o amplificador mediano, marca Bose, contándoles a los demás artistas participantes que ese objeto acompañó muchas historias de las horas culturales recreativas que pasábamos con el comandante Alfonso Cano en la montaña, y que, a pesar de los operativos militares, en ocasiones podíamos dedicarle tiempo a la alegría, la felicidad, al amor, lo que hacía la convivencia más afable. Este parlante lo llevo de recuerdo, porque era de mi comandante, lo cuido con mucho cariño, ya que él fue mi jefe por más de 19 años en la vida insurgente.
En los espacios del compartir, de los Mexicanos escuchábamos constantemente la frase SOMOS LA MEMORIA DEL OLVIDO, y se hablaba de los temas memoria y olvido. Reflexionando acerca de esos conceptos y quienes recuerdan para no olvidar, me siento identificado con lo que plasmamos en las artes, para no quedar en el olvido y para que las nuevas generaciones puedan saber la historia de estos países.
Al siguiente día debíamos llevar varios dibujos o bocetos para representarlos en el mural; se notaba la dedicación, el amor y el sentir de la pintura en cada artista; algunos, sin ser profesionales en el grabado, en las imágenes, mostraban sus sentimientos y deseo de un cambio frente a las injusticias que históricamente se viven en nuestras naciones hermanas.
El 22 de abril, nos reunimos en el Centro Nacional de Memoria Histórica, para llevar a cabo el grabado, apoyándonos en una aplanadora. Ese día, se hicieron los últimos retoques de las imágenes en el material de icopor, mientras los artistas mexicanos nos fueron orientando y enseñando cómo utilizar las herramientas, la pintura y otros elementos.
Los artistas, de una forma cariñosa y romántica, fueron admirando las pinturas del colectivo y nos hacíamos preguntas. Cada artista fue manifestando y compartiendo el significado de su imagen, y allí sentíamos la fraternidad y el carisma que se irradia para formar una creación colectiva, la cual une la cultura de las dos naciones hermanas.
Llegó el momento de organizar en hilera todas las imágenes que trabajó cada artista sobre un icopor de un 1 mt x 1 mt, para dibujar con un pirograbador el boceto que se elaboró con antelación. Se grabó en dibujos y entintamos la superficie del material trabajado, nuestros sentimientos, el dolor, el amor, la belleza, la alegría y tristeza de historias que no quedarán en el olvido.
Al final, la aplanadora comenzó su trabajo, sellando en un lienzo de 30 metros de largo por 1 metro de ancho, conformado por 30 pinturas que miles de personas fueron a ver en la FILBO, y que se podrá apreciar en el Centro Nacional de Memoria Histórica; además, se realizará una circulación mundial de la obra. Esta creación es el triunfo de artistas latinoamericanos que aman sus territorios y buscan un mejor futuro para las próximas generaciones.



