Por Sara Marcela Gaviria Hernández

“La reprimenda de Adán y Eva», Pintura de Domenico Zampieri (Domenichino)
“En Popayán, una mujer de 14 semanas de gestación que solicitaba un aborto fue obligada a compartir el espacio con mujeres que tenían embarazos deseados y que estaban en riesgo de aborto espontáneo. Allí recibió comentarios estigmatizantes donde se le culpaba bajo la premisa de ‘si no quería quedar embarazada, debió cuidarse’. Además, se le administró medicamento no apto para su edad gestacional; esto hizo que tuviera intensos dolores y su aborto diera inicio en un baño. No siendo esto suficiente, en el momento de la extracción del feto, se le informó el sexo en son de hacerle sentir culpable por interrumpir la gestación”. Testimonio de @somosjacarandas
El 21-02-2022 fue legalizado hasta la semana 24 el aborto en Colombia (Sentencia C-055). Pero, aunque se ha disfrazado el procedimiento como un acto de autonomía libre de prejuicios, el 42% de las personas gestantes son víctimas de violencia obstétrica (informa Profamilia), en el que el modus operandi se sitúa en maltrato verbal, tocamientos indebidos y manipulación psicológica.
“Una mujer de Yopal (Casanare) recibió dosis incorrectas de misoprostol, administradas en intervalos excesivamente largos y en contravía con la Resolución 051 de 2023 del Ministerio de Salud y Protección Social. Además, la administración del medicamento de manera intravaginal se llevó a cabo en una sala sin cortinas, lo que comprometió su privacidad y dignidad, ya que había otras pacientes presentes. Después de ser hospitalizada durante una semana, fue trasladada a Bogotá (a más de seis horas de distancia), a pesar de estar en un periodo gestacional menor a 12 semanas. Allí le informaron que, debido a la negligencia médica en Yopal, había desarrollado un síndrome anémico que puso en riesgo su vida” Testimonio de @somosjacarandas
En Colombia, seno heteropatriarcal enajenador a lo largo de la historia, en el que pareciese que un cuerpo feminizado es sinónimo de ser subordinado, la autonomía femenina es sinónimo de pecado y abortar, sinónimo de impureza. Si abortaste por decisión propia, eres una sinvergüenza; si tuviste un aborto no deseado, debiste ser más cuidadosa. La lectura de la mujer se hace en base a qué tanto el sistema opresor puede sacar provecho de ella.
Las clases sociales juegan un papel importante en esta problemática. El acceso a tratamientos en centros de salud, lugares de debate político, etc., para mujeres campesinas, de clase obrera,
indígenas, negras y homosexuales no resulta igual al de mujeres blancas, burguesas, citadinas y heterosexuales, ya sea por su difícil acceso a información, medios de salud, falta de recursos económicos, vivienda en lugares remotos con una posible presencia de grupos armados, etc., todo lo contrario, a quienes habitan el mundo desde el privilegio.
Pero esta realidad enajenada no es culpa de quienes la habitan; la lectura de la mujer como un ser emocional y no racional al que se le debe decir qué hacer y qué no, el no contar con la autonomía económica que la haga visible en un país capitalista como lo es el nuestro, o la lectura de su raza, género y preferencia sexual como un calificador de qué tan oprimidas debemos ser, se remonta desde el inicio de los tiempos.
Si fue Eva quien comió del fruto prohibido, ¿por qué los hombres tienen marcada la “manzana de Adán (prominencia laríngea)” en la garganta? Si leemos el tercer capítulo del Génesis (libro de la biblia), vemos cómo la serpiente les habla a ambos, no solo a Eva: “¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?”, pero es Adán quien culpa frente a Dios a Eva de haberle tentado: “Yo no he sido, ha sido ella” y es en la salida del Edén donde a Eva se le da el rol maternal, dando a luz a Caín.
Desde el origen, el hombre parece incapaz de asumir la responsabilidad de sus actos. ¿Por qué la solución de un embarazo indeseado recae solo en la mujer y la sociedad la sigue asumiendo como una afrenta? Pero ahora no hablamos solo de Adán y Eva; ahora hablamos de la encarnación de Adán como el capital, la política y la opresión misma, y de la encarnación de Eva como la clase menos privilegiada, la maternidad y la subordinación. No hay que satanizar la maternidad, pero tampoco romantizarla. Es evidente que se necesita un cambio estructural, donde se evidencie un progreso a favor de quienes lo tienen todo en contra. Para ello, un primer paso de emancipación es ser conscientes de qué tan oprimidos y qué tan opresores somos, no hablar desde el privilegio, sino dar voz a los no escuchados. Esta lucha vitalicia nos compete a todos, pues todos de una manera u otra somos parte del problema. Es importante actuar desde la colectividad, con voz fuerte y clara, enseñando y aprendiendo en el proceso, sin arrebatar, sin culpar y, sobre todo, dejando de ser la Eva de una historia mal contada.
