Jorge Gaitán Durán

VERDAD DEL CANTO

Ilustración: Verónica Mazo Imbachi

NARRÉ la muerte.

Narré el dolor.

Narré la soledad.

Hablé de los antepasados,

cadena de amoroso limo enlazada a los siglos;

dulce materia eterna en donde alimentan doradas parvas,

mieses de seno grácil, troncos nudosos.

Hablé de mi mismo, que no soy

sino un puñado de tierra cruzado de relámpagos,

una propensión hacia el olvido,

un hombre a solas con su voz.

Yo hallaba en mi canción un océano total

con sus oscuros rumbos hacia el infinito,

que sus quemantes algas de misterio

ciñendo duras islas de soledad.

Supe de la vanidad de las cosas

antes de conocer la frágil permanencia de la rosa,

-breve forma de inmortalidad de la vida-.

Aprendí verdaderamente cómo el amor no era

sino un éxodo constante hacia el olvido

y la vida una fuga perpetua hacia la muerte.

Yo creía en el dolor.

En el dolor que enciende con sus espumas llameantes

una resplandeciente lámpara de hermosura.

En el dolor que crece dentro del hombre

a medida que crece su grandeza.

Yo creía en mi dolor.

Ahora creo en el dolor de todos.

Olvidé que existe una esencia indeleznable

donde se detiene la mutabilidad de las cosas.

Olvidé que hay una lucha milenaria

para que la brizna de hierba pertenezca a todos los seres,

para que el sol alumbre en todos los sitios:

entre los marineros de los puertos;

entre los labriegos que tienen el surco, el arado y la cosecha

y una mujer grávida en el fondo de la casa;

entre los obreros que llevan los vestidos

manchados de cal y de argamasa

y fuman sus pequeñas pipas de barro

en los polvorientos atardeceres;

Entre los niños condecorados por una Navidad

sin tambores ni caballitos de cristal.

Yo creía en la muerte

ahora creo en la muerte de todos.

La que vigila desde los cipreses azorados

por una tempestad nocturna.

La que avizora en las bocas oscuras del monte

donde se arremolina el cierzo cortante de los páramos.

La que subsiste en la canción de la gleba

cuando se ha apagado el rumor de los fusiles.

La que abre un pequeño redondel en las barricadas

donde nunca se levantarán banderas blancas.

La muerte de los héroes

caídos en cualquier soledad de la comarca,

sin laureles ni medallas.

Ahora creo en todos los hombres.

me acerco a mi corazón

para sentir en todo su esplendor,

en su belleza total e indeclinable,

a omnisciente corazón de la humanidad.

Es necesario empuñar las armas

antiguamente derrotadas por el tiempo,

levantar las banderas raídas por el frio

de las estrellas adversas,

iniciar la lucha con un vigor de fresca juventud

y con el júbilo de la redención presentida.

Yo les digo a los hombres: olvidad la muerte,

olvidad la soledad, olvidad el dolor,

¡Es necesario renovar el universo!

Jorge Gaitán Duran. Pamplona, Norte de Santander, 1924, Guadalupe, Francia,1962. Poeta y crítico, fundador de la revista Mito.

El poeta nos invita a transformar las fuerzas telúricas que imanan de la condición humana; la muerte, el dolor, la soledad, son puestas en el tránsito que va de la experiencia individual al compromiso histórico por una renovación necesaria. Verdad del Canto enarbola la bandera de la esperanza, labor que siempre será materia de poesía.

Obra poética: Insistencia en la tristeza (1946), Presencia del Hombre (1947), Asombro (1951), El Libertino (1954) y Amantes (1958-1959).

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