Por Víctor Andrés Muñoz Marín

Fotos: Victor Andrés Muñoz Marin
Entre el 16 y el 17 de julio del presente año se llevó a cabo la V Bienal Latinoamericana y Caribeña en Primeras Infancias, Niñeces y Juventudes en la ciudad de Manizales, Colombia. En este evento participaron con talleres, ponencias y también como espectadores, alrededor de 2 mil personas, entre ellas pedagogos y pedagogas, educadores y educadoras populares, organizaciones de arte y cultura, organizaciones de base comunitaria, Ongs, entidades del Estado como el ICBF y académicos de 25 países aproximadamente.
El miércoles 19 de julio se escucharon ponentes con experiencias e investigaciones sobre narrativas de vida, movimientos sociales, diversidades, identidades y exclusión en los jóvenes. Piedad Ortega, profesora de la Universidad Pedagógica Nacional y educadora popular -Colombia-, manifestó que una de las acciones que expresó la discriminación y exclusión de los jóvenes en nuestro país, por ejemplo, los de la primera línea, es la violencia ejercida por el Estado y el brazo militar y policial, en alianza con actores al margen de la ley durante el estallido social, político y popular del 2021. Este accionar causó desesperanza, por los altos índices de desaparecidos, asesinados y desplazados de sus territorios, sobre todo de la juventud que hizo parte de la primera línea en todas las ciudades del país por su participación activa, en oposición a la violencia estructural e histórica y ante la precarización de la vida de la misma juventud.
Además, Piedad Ortega manifestó que otra prueba de la exclusión de la juventud tiene que ver con la baja participación política, gracias a la educación de galpón, que se manifiesta en los centros educativos de garaje y las universidades bancarizadas que alejan a las y los individuos de significar colectivamente la realidad, los deja por fuera de sus propias subjetividades. Esta educación las y los sitúa en un pensamiento positivo, con libros de auto ayuda y con razonamientos basados en el emprendimiento y la innovación, sin forjar carácter crítico ante las dinámicas y situaciones que viven en la cotidianidad.
El Darwinismo social es otro aspecto que manifiesta la exclusión y fomenta la desigualdad, promociona la competencia agresiva en el capitalismo, precarizando la vida educativa, laboral, espiritual y hasta en el amor. Esto hace que el sistema forje, para decirlo de manera metafórica, faisanes, tanto hombres como mujeres obedientes que se pueden adaptar fácilmente a un entorno. Ortega manifestó también que otro motivo que genera desigualdad en la juventud son aquellos miedos interiorizados por las mismas dinámicas del sistema en la vida, que se reflejan en la corporalidad, en la vida espiritual tanto individual como colectiva que les causa angustia y pánico.
En tiempos de COVID hubo pánico, los trapos del hambre y la miseria causada por la inoperancia del Estado hicieron pintar la miseria de color rojo, atendida por el asistencialismo que solo ofreció alimentos básicos de sobrevivencia como una libra de lentejas, arroz, unos cuantos huevos y aceite. El paisaje educativo de las y los jóvenes, tanto colombianos como venezolanos, fue paupérrimo, un sistema que no estuvo ni estará preparado para transitar la educación a la virtualidad.
Esto contribuyó a un acumulado histórico en la indignación de un gran sector de la juventud, que durante los paros de 2020 y 2021 buscaron un lugar para participar de la construcción comunitaria, aportaron desde diferentes artes, ollas comunitarias y diversas formas de hacer resistencia, educándose y educando mutuamente, como proponía Freire en el texto sobre la educación como práctica de la libertad.
Por otro lado, Luis Emilio Aybar, director del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello – Cuba-, en su ponencia indicó que la participación política de la juventud en Cuba es mayoritaria, en épocas de la revolución fueron protagonistas; sin embargo, insiste, la sola participación no garantiza la caída del adultocentrismo. Resaltó la importancia de politizar a las y los jóvenes, más allá de hacer politiquería con ellos y ellas. Uno de los peligros que tuvo la conquista del progresismo en Colombia fue la conciliación con la juventud y el movimiento social. Aun se presenta un gran índice de jóvenes detenidos en centros de reclusión desde el estallido de 2021, presos políticos que, a pesar de estar la casa de Nariño en cabeza de Gustavo Petro, siguen detenidos.
Ambos ponentes concluyeron que hay países donde ser joven es un delito, uno de ellos es Colombia. Gracias a la lógica militar del enemigo interno, el ejército, la policía y el paramilitarismo tienen una enemistad con las vestimentas, sonidos y formas de habitar la vida de manera alterna, como lo hacen raperos, rockeros, punkeros, movimientos feministas, hippies, estudiantes. Pareciera que el solo hecho de ser joven es un delito.
Fernando Quintero, delegado de Astrid Eliana Cáceres Cárdenas, directora del ICBF para la V Bienal, indicó que una de las causas de las brechas de exclusión de niñas, niños, adolescentes y jóvenes es la injusticia sociocultural, las condiciones históricas de desigualdad y la estigmatización de la juventud que limita la participación social y política en la construcción del país. E indicó la importancia de reconocer a la juventud como sujeto histórico, con derecho a la participación en cada uno de los territorios locales, sobre todo en aquellos que tienen menos cobertura en educación y se presenta mayor componente étnico; territorios donde la violencia y la desigualdad priman.
De esta forma, Quintero indicó que el PND (Plan Nacional de Desarrollo) del gobierno de Petro busca la vinculación juvenil como actor político clave en los territorios donde hay presencia de actores al margen de la ley, para evitar el reclutamiento forzado para la guerra y la ilegalidad. Este gobierno es una oportunidad para incentivar la alianza de los sectores sociales, sobre todo el sector juvenil, hacia su participación activa en el territorio.
América Latina y el Caribe presentan grandes desafíos en torno a las Primeras Infancias, Niñeces y Juventudes, puesto que es la región más desigual. Como procesos populares para cerrar brechas de desigualdad, es importante retomar juntanzas, resistencias, tejer historias e insurrecciones juveniles con la juventud, para recuperar el sentipensar y el corazonar ante las históricas que permitan un accionar colectivo en el territorio.

