La patria palestina continúa siendo rehén del Estado fascista de Israel

Por Álvaro Lopera

«El mundo despistado y el genocidio del pueblo palestino». – Montaje Álvaro Lopera

Yenín, campo de refugiados de Cisjordania, en la Palestina ocupada. Días: 3, 4 y 5 de julio del presente año. Hora: cualquier hora. Llegaron los nazis israelíes, bombardearon con aviones, drones, asesinaron a mansalva, humillaron, se jactaron de lo que hicieron y en la prensa mundial alabaron el heroico acto militar de un país que se mantiene alerta porque el “terrorismo palestino” no descansa.

La prensa del mundo, al servicio del capital internacional, no condenó (como siempre) los crímenes de lesa humanidad del Estado terrorista de Israel. Este Estado, acostumbrado a hacer lo que le viene en gana con la vida del pueblo palestino, entró sin resistencia, con sus matones vestidos de soldados, al campo de refugiados de Yenín -ahíto de miseria, desempleo (25%), falto de salud y de cubrimiento de necesidades humanas, y además poblado con jóvenes y viejos empobrecidos-, y aplicaron lo que mejor saben hacer: sembrar la muerte, y allí dejaron asesinados a doce jóvenes solidarios con su pueblo además de decenas de heridos de todas las edades. Es importante anotar que, tristemente, el campo de refugiados no tiene guardia armada, salvo los contratistas de la Autoridad Palestina, más encargada de cuidar los negocios israelíes que a su propio pueblo.

La prensa alternativa que acompaña al pueblo palestino informó ampliamente que el asalto se inició con misiles de crucero y ataques aéreos, continuó con drones, tanques, gas lacrimógeno y unidades de francotiradores y concluyó con incendios y buldóceres demoliendo casas y negocios palestinos. El objetivo militar era toda la población del campo de Yenín y la frágil estructura de la que todo el campo de refugiados depende para su supervivencia: centrales eléctricas, canalizaciones, torres de comunicaciones, instalaciones de saneamiento, carreteras, escuelas, mezquitas y clínicas. Los soldados y francotiradores israelíes utilizaron los hogares de los palestinos como base de operaciones. Mientras tenía lugar la carnicería se impidió que las ambulancias y los periodistas tuvieran acceso al campo de refugiados. Toda una juerga del terror, de la violación sistemática del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos.

Viejo deporte sionista con desinformación a bordo

Desde la partición de la Palestina campesina y obrera de 1948 (avalada por la ONU de entonces) hasta el presente, se ha impuesto la peor pesadilla para el pueblo palestino: masacres, bombardeos, uso extensivo de francotiradores para probar nuevas municiones en niños; robo de tierras, violación de mujeres y niños, cárcel para cualquier palestino (sin importar edad o género) sin acusación alguna, ensayos de armas con toda la población, convirtiéndose lo anterior en la cotidianidad de ese pueblo que apenas sobrevive en el 22% del territorio original, pues el resto ha sido robado por la potencia colonial. Y, aun así, casi como un milagro, el nazismo israelí no ha logrado destruir el tejido social de ese aguerrido pueblo.

La dignidad ha habitado por siglos esa tierra ahora anegada en sangre. La resistencia popular a semejante barbarie nazi, siempre se ha dado sin el acompañamiento de la mayoría de naciones del mundo: La Corte Penal Internacional no tiene abierto un solo caso contra Israel, a pesar de los miles de crímenes de guerra cometidos desde antes de 1948, desnudando con ello una grosera complicidad. Lo que ahora llaman la Yihad Islámica es, simple y llanamente, uno de los actores del accionar de esa dignidad que no se apaga con la matanza de miríadas de hombres, mujeres y niños, y que ahora tampoco cesará con esta acción terrorista contra Yenín.

Y, de nuevo, en el mundo de la desinformación ejercida por los medios europeos, apareció el empate informativo tal como Euronews lo hizo a mediados de julio: informó primero de los presuntos ataques terroristas de los palestinos contra Israel, y después le cedió el micrófono al nazi Netanyahu, primer ministro israelí y gran genocida, el cual simplemente repitió el viejo guion usado después de las terribles agresiones armadas contra este pueblo: «En este momento estamos completando la misión, y puedo decir que nuestra amplia operación en Yenín no es algo puntual. Continuaremos todo el tiempo que sea necesario para erradicar el terrorismo, no permitiremos que Yenín vuelva a ser una ciudad refugio para el terror, y cortaremos y golpearemos al terrorismo allí donde lo veamos.»

Los aplausos aún resuenan en Estados Unidos y Europa, mientras distraen a los pueblos del mundo con las lágrimas de cocodrilo por la guerra en Ucrania.

Cinismo y apartheid: una forma de fascismo

El cinismo del poder israelí le da para autodenominarse “la única democracia del Medio Oriente”, como si bastara para ello que unos cuantos partidos de extrema derecha, la misma que profesan los dos partidos norteamericanos, se pongan de acuerdo para que la población israelí, importada de todos los continentes del mundo, vote por ellos. Ese mismo poder racista, fascista, construyó un muro de más de 700 km, vigilado con las últimas tecnologías producidas en Israel, que desnuda a las claras, con sus cientos de puntos de control militar, lo que el mundo llama el apartheid fascista.

En la Palestina violada, robada, asesinada, invadida, el paso de una barriada a otra o el cruce de la frontera con Egipto, todo, absolutamente todo, es controlado por armados israelíes. Esos muros enormes que se alzan amenazantes, difícilmente son cruzados por el pueblo de la Palestina ocupada, pero sí lo hacen fácilmente las hordas de militares nazisionistas, cuando a bien quieren, para ejecutar la reiterada masacre, la que cíclicamente no es condenada sino aplaudida por el imperialismo occidental.

A lo anterior se suma que en las últimas cinco décadas Israel ha robado o respaldado la confiscación de tierras y recursos palestinos, dando como resultado el asentamiento de más de 270 colonias en las que viven 750.000 colonos armados, los mismos que son azuzados por el fascismo gobernante para que continúen con esta tradicional tarea de saqueo y crímenes para acomodar a todos los que se autodenominan judíos y vienen a Israel a hacer de las suyas con el pueblo palestino.

Llamado a la solidaridad mundial

Se impone pues el llamado universal al Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra el Estado canalla, fascista, racista y colonialista de Israel que ha impuesto una política más cruel que la que impuso Hitler contra las minorías comunistas, judías, gitanas y homosexuales en la segunda guerra mundial, al condenar, durante la guerra, a todas estas poblaciones a grandes campos de concentración en Polonia, Alemania, Francia, Austria y Países Bajos, infringiéndoles grandes sufrimientos y enormes genocidios; solo que ahora este campo de concentración que inauguraron los herederos sionistas del fascismo alemán, se mantiene aún después de 75 años en la Palestina ocupada.

Y es un pueblo el que lo sufre: el digno pueblo palestino, que resiste de una manera asimétrica sacrificando lo mejor de su juventud.

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