Por Aníbal Pineda Canabal

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Por reacción no entenderemos aquí el simple acto de reaccionar, sino ante todo la cualidad del reaccionario, es decir, la actitud o mentalidad conservadora, tradicionalista o, en general, opuesta al cambio social profundo. Las causas de esta actitud acaso se hallen en mecanismos profundos de la psiquis o en formas particulares de mímesis social. Dicha actitud se expresa a menudo en forma de nostalgia de un pasado real o imaginado, más un conjunto de aspiraciones sociales insatisfechas, añejadas en forma de rabia contenida que suele expresarse siempre contra el más vulnerable (el inmigrante, las minorías, etc.) o contra las grandes conquistas del liberalismo burgués (el Estado-providencia o algunas reivindicaciones históricas de las mujeres, por ej.).
Uno de los datos más importantes de la política de, por lo menos, las dos últimas décadas es precisamente este renewal de las extremas derechas, prácticamente en todo el mundo. Ahora bien, la voz inglesa renewal —que significa renacimiento— suele ser usada en el vocabulario evangélico-pentecostal norteamericano para designar el proceso de transformación existencial del creyente. Como culminación de un proceso mistagógico (que pretende revelar doctrinas ocultas) de introducción a la doctrina y a la vida cristiana, sobre el convertido se invoca, de manera deprecatoria (a manera de ruego), el Espíritu Santo. El objetivo es que un nuevo Pentecostés de carismas y dones para anunciar el mensaje se produzca en medio de la comunidad. El creyente así siente resucitar a una vida nueva tras la muerte en que se hallaba por el pecado de su vida pasada y se ve dotado de nueva energía para entusiasmar a otros por su forma de vida.
Hay que decir que el fascismo alemán inauguró una nueva etapa en los movimientos de tendencia reaccionaria. Contrarreforma, contrarrevolución, anti-Ilustración, restauración, antimodernismo, romanticismo o neoescolástica —la lista es de J. B. Metz— eran sobre todo movimientos que buscaban restaurar un orden pasado, puesto en peligro por alguna ideología o gobierno innovadores. El nacionalsocialismo, en cambio, no se presentaba a sí mismo como un movimiento conservador en sentido clásico. Se entendía más bien como un movimiento revolucionario que pretendía formar un nuevo tipo de ser humano superior, aun si esta novedad consistía en retrotraer a la humanidad futura a una pureza originaria antigua, anterior a cualquier forma de mestizaje. Junto a esto, mostró una innegable capacidad política al ser capaz de movilizar los sentimientos de las masas por medio de una liturgia particular y de una estética que mezclaba esvásticas, trapo rojo, uniforme militar, exaltación de la guisa soldadesca, un saludo, un líder, etc. Además, incursionaron en nacientes medios de comunicación social como la televisión o la radio e hicieron uso del cine y de estrategias de comunicación fuertemente efectivas e innovadoras para la época.
Ciertamente, la derrota alemana con que se selló la Segunda Guerra Mundial hizo necesario el distanciamiento de las derechas del fascismo tradicional, incluso en tendencias que propendieron al colaboracionismo en una fase temprana de los años 30. Pero hoy no parece tan necesario establecer este distanciamiento en las formas y el discurso. Las sucesivas crisis económicas e incluso las dinámicas sociales posteriores a la pandemia del Covid-19 han traído consigo el surgimiento de nuevas formas de derecha radical. Estas viven hoy un verdadero renewal, un nuevo Pentecostés que de repente las hace capaces de una estrategia comunicativa fuertemente seductora por medio de la cual logran conectar más fácilmente con las masas, entender mejor su desarraigo o interpretar de forma más efectiva su rabia: la de la justicia postergada, la de una especie de cansancio de o por la libertad. Este nuevo Pentecostés de la reacción revela, como afirma el investigador italiano S. Forti, tanto un agotamiento del sistema representativo liberal como una crisis de los partidos tradicionales, especialmente de la derecha dominante o mainstream.
La reinvención radical del pensamiento conservador tradicional ha hecho abandonar, de algún modo, las teorías clásicas del fascismo, incapaces de explicar este nuevo fenómeno social de derechización agresiva y, a veces, violenta. De hecho, la ciencia política todavía busca una definición categórica del fenómeno, de sus contornos. Esto en forma de un análisis histórico y taxonómico capaz de dar cuenta de la novedad y la especificidad del fenómeno. Se intenta asimismo establecer la relación entre estos nuevos derechistas radicales y el fascista tradicional para encontrar semejanzas y diferencias y sobre todo para establecer si se trata del mismo ADN.
Lo anterior no es otra cosa que responder a la pregunta de si el fascismo es un fenómeno histórico específico, irrepetible y propio de una época ya pasada o si es más bien transhistórico, es decir, una enfermedad latente de la democracia, susceptible de revivir de vez en cuando. La extrema derecha o derecha radical es un tipo particular de relación con el mundo y con la tradición. Es también creadora de cultura, que se difunde, entre otros, mediante una enorme red de organizaciones o movimientos, la industria editorial, un uso altamente efectivo de las redes sociales o aun la prensa tradicional.
En las Américas, en general, las extremas derechas están encontrando en el libertarianismo una nueva plataforma ideológica que les permite al tiempo distinguirse del antipático neoliberalismo a secas y conectar con una tradición de defensa de libertades. Esta última les hace levantar la bandera del individuo contra el enemigo que encarna todos los males y que amenaza con la represión allí donde prospera: el colectivismo comunista o lo que se cree entender por ello. Del mismo modo en que los nacionalsocialistas usurparon el nombre de socialistas, sin serlo e incluso persiguiendo al socialismo tradicional, los libertarianos anarcocapitalistas usurpan el nombre de libertarios, tradicionalmente asociado al anarquismo de izquierdas y a su lucha por la fraternidad universal y la emancipación de toda forma de autoridad impuesta o no natural, y muy especialmente la del Estado.
La irrupción de Javier Milei en el panorama político regional ha hecho más explícita la vinculación de la extrema derecha colombiana con la ideología libertariana, que no es más que la aplicación a ultranza de las tesis neoliberales. El libertarianismo parece pues estar inaugurando un nuevo capítulo de la historia cultural de las derechas radicales. Elaborar esta historia cultural quizá nos permita encontrar nuevas formas de defender la democracia.
