Ciberterrorismo sionista

Por Renán Vega Cantor

En la foto: Más de 100 heridos por explosiones de walkie-talkies en Líbano, según el Ministerio de Salud | AFP, tomada de perfil.com

El martes 16 de septiembre, a las 3:30 de la tarde, empezaron a sonar de manera sincronizada los buscapersonas (beepers o pagers) de cientos de habitantes de El Líbano, y luego explotaron; el miércoles, en el mismo país y en algunos lugares de Siria, explotaron otros artefactos microelectrónicos, entre ellos walkie-talkies, aparatos de radio, computadores personales, algunos celulares y hasta paneles solares. El ataque, que planeó y ejecutó el Estado terrorista de Israel, asesinó a 57 personas y dejó miles de heridos. Como parte del sadismo y la impunidad que caracteriza a Israel, muchos de los ataques del miércoles se realizaron mientras se llevaban a cabo las honras fúnebres de las personas asesinadas el día anterior.

El buscapersonas es un artefacto electrónico que hoy parece prehistórico. Se usa en pocos lugares del mundo y ha sido rebasado por varias generaciones de celulares “inteligentes”. El beeper no deja huella virtual, como sí lo hace el celular, el computador y el resto de medios digitales. Además, tiene una batería de larga duración, algo importante en lugares donde hay súbitos cortes de luz, como sucede en el Líbano. En la década de 1990 fueron importantes para enviar y recibir números telefónicos y mensajes de corta extensión.

El beeper no tiene teclado y solo sirve para recibir mensajes, no para devolverlos. El mensaje llega cuando el remitente se comunica vía telefónica con un operador, quien recibe el mensaje y lo reenvía al destinatario.

Hoy el beeper se considera un artículo anticuado y, a primera vista, solo lo tienen los coleccionistas de cachivaches microelectrónicos. ¿Por qué en el Líbano se usan todavía? La respuesta es sencilla: funcionan porque Hezbollah -una organización político-militar- y el Líbano, tras sufrir repetidas agresiones y ataques bestiales de Israel, comprendieron que los sionistas son capaces de todo, hasta de usar el celular como un medio de ataque terrorista. Eso lo tenía claro Hassan Nasrallah, jefe de Hezbollah -y asesinado en un bombardeo atroz por Israel- quien había afirmado: «Os digo que el teléfono que tenéis en vuestras manos, en las de vuestras mujeres y en las de vuestros hijos es […] un agente mortal que proporciona información específica y precisa».

Por eso, los militantes de la organización y sus bases de apoyo dejaron de usar celulares. Dispusieron que sus comunicaciones se harían por otros medios, y privilegiaron los beepers, aparatos a los que no se les puede ubicar por vía electrónica o digital como sí se puede hacer con los aparatos más recientes.

Querían evitar ataques al software, pero no sospechaban que se podía atacar el hardware. Esto quiere decir que dejaron de usar el ciberespacio para prevenir ataques, pero Israel -con la participación, por supuesto, de Estados Unidos- fue más allá, atacando por el lado de la base material del artefacto. Para ello, alteraron el beeper desde el mismo momento de su producción. Y esto lo pudieron hacer esos Estados por su poder económico, que se expresa en su control, propiedad e incidencia en empresas productoras de artefactos microelectrónicos. Como lo dijo Riad Kahwaji, analista en temas de seguridad, dado que “Israel controla una gran parte de las industrias electrónicas del mundo, quizá una de las fábricas que posee fabricó y expidió esos aparatos explosivos que explotaron hoy”.

En los beepers se introdujo un explosivo en algún momento de la cadena de producción o de la cadena de suministro. Dentro de cada aparato, al lado de la batería, se colocaron entre 28 y 57 gramos de Pentrita, junto a un interruptor que puede accionarse de manera remota. Eso mismo se hizo con los otros aparatos electrónicos que explotaron el miércoles.

Hezbollah había encargado los beepers a una empresa de Taiwán, la Gold Apollo, hace cinco meses. Esta empresa dice que autorizó la producción a una empresa con sede en Budapest (Hungría), que respondía al nombre de BAC Consulting KFT. Esta era una empresa fantasma de Israel, que ya no existe. 

Establecida esta compra en el mercado internacional, Israel se dio a la tarea de alterar cada uno de los beepers que se le iban a entregar a los libaneses. Lo hizo de una forma macabra y criminal, porque el beeper iba a estallar en cierto momento, sin importar quien lo tuviera consigo o quien estuviera cerca. 

Este ataque se planeó durante mucho tiempo y estaba preparado para efectuarse en el momento en que Israel invadiera El Líbano, con el fin de cortar las comunicaciones de Hezbollah y facilitar su ingreso. Sin embargo, algunas de las personas que tenían el beeper empezaron a notar un sobrecalentamiento e informaron que algo raro pasaba con esos aparatos. Por esa circunstancia, Israel decidió adelantar la explosión controlada de los beepers, y esta no pudo coincidir con la invasión.

Los apologistas de Israel, que son legión en los medios de desinformación occidentales, se apresuraron a decir que esa acción terrorista era espectacular, sin precedentes, ejemplo de la inteligencia del Mossad y de un gran nivel de sofisticación tecnológica. Para esos propagandistas del sionismo, la acción es algo legítimo porque, supuestamente, iba destinada a los combatientes de Hezbollah, y se llegó a afirmar que los muertos y heridos pertenecían a dicha organización. Esta es una terrible mentira, porque durante el ataque murieron niños, médicos, enfermeros y personas que no estaban involucradas.

En realidad, la acción de Israel es una típica maniobra del terrorismo de Estado, un crimen de lesa humanidad que atraviesa líneas rojas que en el futuro ya no se respetarán. Ha sido un ataque indiscriminado y desproporcionado, una agresión contra otro país, su territorio y sus habitantes; un ataque contra civiles desarmados mientras realizaban sus actividades cotidianas.

Esta pretendida acción inteligente es humanamente despreciable, porque, aparte de muertos, ha dejado a cientos de personas mutiladas, sin piernas, sin ojos, sin riñones, sin manos o sin brazos, con la cara desfigurada…. Después de este ataque, alguien que tenga dos dedos de frente ya no puede creer en la seguridad electrónica que proporcionan las empresas del libre mercado, sean de Taiwán, Israel, Estados Unidos o los miembros de la comunidad internacional de delincuentes occidentales. Ha quedado claro que las cadenas globales de producción y suministros del mundo microelectrónico son también una red de muerte y terror. Queda la “enseñanza”, que ya la asimila Hezbollah, de dejar de emplear ese tipo de tecnologías y regresar a los tiempos en que se usaba lápiz y papel, máquinas de escribir y mensajeros humanos. Eso se ha convertido en una cuestión de vida o muerte desde el lado de los agredidos.

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