Caso emblemático que impulsa al capitalismo y a su extrema derecha a quitarse las máscaras.

«Genocidio palestino, apoyo yanqui-europeo y silencio de la ONU». Montaje digital de Álvaro Lopera
Lo vivimos a diario. Llevamos doce meses oyendo, mirando, lamentándonos de las matanzas (más de cien mil personas), de la destrucción de hospitales, mezquitas, universidades, del hambre total; doce meses de asesinatos, como nunca, de periodistas, de trabajadores de Naciones Unidas, de personal de la salud, en Gaza. Doce meses en donde se han violentado los derechos humanos, el derecho internacional humanitario, y todo el engranaje del derecho internacional, sin que la ONU o país alguno intente detener la mano siniestra del sionismo que día a día amenaza con el uso de la bomba atómica, no solo contra el pueblo palestino, sino contra aquel país que se atreva a oponerse a sus designios de limpieza étnica palestina, de robo de tierras, de impulso y uso de altas tecnologías (inteligencia artificial) para cualificar la matanza.
Alardean en los medios de comunicación que lo que están haciendo es obedecer el mandato divino de limpiar la Tierra Santa de infieles, en plena modernidad, en pleno desarrollo de las fuerzas productivas mundiales y de la ciencia; la misma que entierra la cabeza para no controvertir este mandato imperialista, que nos ubica a todos los pueblos en la mira de la destrucción de ese capitalismo que hace aguas, de ese imperialismo que se hunde en sus detritos, de esa minoría ínfima del planeta que nos quiere devastar para saciar sus intereses de acumulación de capital por encima del planeta mismo y de sus seres vivos.
El capitalismo desembozado se desenmascara
Europa, que es un jardín para el impresentable comisionado Josep Borrell, es ahora la casa de la censura y la amenaza fascista contra la libertad de expresión. Todo aquel o aquella que se manifieste de alguna manera en su cátedra, en su programa radial, en la calle, en la universidad, a favor del pueblo palestino y en contra del sionismo nazi israelí, puede ser puesto en prisión, acusado de “antisemitismo”. En Europa y Estados Unidos lograron asimilar el antisionismo al antisemitismo.
En la meca del sueño americano han expulsado a decenas de profesores de distintas universidades que se han manifestado solidariamente con el pueblo palestino, en los doce meses de bombardeos en los que los nazis sionistas han arrojado más de 80.000 toneladas de bombas (equivalentes a 5 bombas atómicas de las lanzadas a Hiroshima y Nagasaki) contra la población inerme, que ha caído como hormigas, principalmente los niños, quienes se cuentan por decenas de miles.
Han vetado sitios web incómodos de todo el planeta y se persiguen a youtubers que osan desnudar al rey terrorista sionista. El negocio de las armas continúa su marcha; el mercado bursátil de las empresas yanquis que alimenta el genocidio palestino, mejora día a día. El complejo militar industrial norteamericano va viento en popa, mientras en Gaza no hay alimentos, ni agua, ni hospitales en pie.
La guerra en Ucrania amenaza convertirse en una guerra mundial, pero no solo por esta en sí misma, sino porque en el horizonte surge un polo (los BRICS+), que, si bien es erigido en el capitalismo, empieza a disputarle la hegemonía al imperialismo terrorista norteamericano. Aunque, como dice Michael Roberts, este yugo imperialista nunca se romperá si en el seno de los principales países del Sur Global no hay transformaciones sociales y económicas de hondo calado. Tras todo lo anterior, se mezclan intereses geopolíticos imperialistas, que impulsan el rostro sin tapujos que empieza a recorrer el mundo: el fascismo cultural y el fascismo actuante y practicado, en detalle, en el marco de la superación de la democracia burguesa y de la crisis imparable del capitalismo.
Ese capitalismo feroz, que se ha escondido tras la cara bonita de la democracia burguesa que lentamente la está superando, asalta, por ejemplo, un resultado electoral en Francia, en donde el Nuevo Frente Popular, liderado por Jan-Luc Mélenchon, fue el triunfador y por esto tenía derecho a que el presidente Macron nombrara un primer ministro de este Frente. Pero no fue así: Macron nombró a un personaje de la derecha rancia francesa, burlándose en la cara de los representantes de ese Frente que se organizó para desafiar a la extrema derecha francesa en cabeza de Marine Le Pen. Esto antes era impensable, pero ahora el caos generalizado, en el marco de la decadencia imparable del imperialismo occidental, lo hace posible.
Nuevas matanzas a ojos vistas
En Ucrania, actual punta de lanza de la OTAN contra Rusia, las fuerzas fascistas hacen lo que quieren en el campo de batalla, en donde violan todas las normas de la guerra contra la población civil de habla rusa y contra la población ucraniana que se opone a la guerra. Ni siquiera el actual mandatario, Volodimir Zelenski, ha sido elegido, pues tomó el atajo de no llamar a elecciones generales en mayo de este año y se erigió en presidente, o dictador eterno, avalado por el Norte Global, el mismo que le “ordena” al presidente venezolano, Nicolás Maduro, que abandone el cargo porque a ellos, los blancos imperialistas, se les ocurre que hubo fraude electoral el pasado 28 de julio.
Los refugiados africanos sufren como nunca persecuciones y explotación en ese continente. Los naufragios en el Mediterráneo son pan de cada día; todo indica que la orden de la Unión Europea es no salvar a quien caiga al mar en huida de la guerra, de la sequía, del hambre, y no dejar entrar a nadie que no agregue valor a la decrépita Europa, continente que día a día avanza hacia la desindustrialización y hacia el fascismo abierto.
Si por allá llueve…
El sueño húmedo de la extrema derecha colombiana es el gobierno sionista y antisoberanista de Milei, ahora que avanza el golpe de Estado desde todos los ámbitos (militar, terrorista) y estrados –judicial y parlamentario- contra el gobierno reformista de Petro. Milei ha adoptado un comportamiento esquizoide para desguazar la nación argentina y entregarla en bandeja de plata al capital internacional, como si ese proceder fuera el signo de los tiempos. La violenta represión de principios de septiembre contra los ancianos jubilados, que protestaban por el bloqueo que Milei hizo de la aprobación senatorial de la ley de movilidad de las pensiones para evitar la pérdida de poder adquisitivo, nunca se había visto. Cualquier marcha de protesta es calificada de subversiva y reprimida, y avisa que todo lo que ataque al gobierno anarcocapitalista será apostillado como subversivo e investigado exhaustivamente. Es decir, amenaza con palo y cárcel a la población pobre, al tiempo que glorifica a los genocidas encarcelados de la vieja dictadura argentina.
El mundo se mueve en el marco del genocidio de Gaza y, ahora, del genocidio libanés, es decir, se vale todo para el capitalismo del caos, a sabiendas que las herramientas del derecho internacional desaparecen en las manos de la burocracia inoperante de la ONU, aparato que se vació de contenido democrático, para el cual la paz ya no es el norte.
A la ONU le llegó la obsolescencia, la decrepitud. Debemos dar nacimiento a una nueva organización mundial antifascista de los pueblos, antes de que las manecillas del reloj del juicio final señalen la media noche.
