Cuba nunca será una presa fácil del imperialismo norteamericano

Por Álvaro Lopera

Imagen realizada con IA por Álvaro Lopera

El decadente imperialismo yanqui que sufrió recientemente derrotas estratégicas en China (en el último viaje de Trump no logró ni una sola concesión geopolítica ni comercial) y en Irán (país que ahora administra la ruta clave de petróleo del Estrecho de Ormuz); que no cesa de impulsar el caos como una manera de ralentizar su caída inevitable demostrando sus capacidades genocidas con la entidad sionista en El Líbano, Siria, Palestina; que amenaza con el ahora tecnofascismo exhibiendo las garras de la inteligencia artificial de las corporaciones de Silicon Valley en la guerra y en el control poblacional mundial, no podrá, bajo ningún punto de vista, imponerle la bota a punta de bloqueos y amenazas de intervención militar al resistente y digno pueblo de Cuba.

Trump, el pedófilo y delincuente presidente norteamericano, socio de una importante camada de gobernantes protofascistas de Argentina (Javier Milei), Chile (José Antonio Kast), Bolivia (Rodrigo Paz), Perú (José María Balcázar), Paraguay (Santiago Peña), Ecuador (Daniel Noboa), Guyana (Mohamed Irfaan Ali), Trinidad y Tobago (Christine Kangaloo), Panamá (José Raúl Mulino), Costa Rica (Laura Fernández), Honduras (Nasry Asfura), El Salvador (Nayib Bukele) y República Dominicana (Luis Abinader), nos puso en el escenario de la lucha de clases la Doctrina Donroe el 2 de diciembre de 2025, preparándonos sicológicamente para que cuando ese imperio hiciera lo que hizo en Venezuela nadie se extrañara y, mejor, aceptara la “superioridad” de la bota militar que tanto se ha ensañado con los pueblos del Tercer Mundo.

Recordar, no olvidar

Desde la guerra de independencia cubana y martiana contra España, a finales del siglo XIX, Estados Unidos ha soñado con apoderarse de la Isla, y lo logró temporalmente cuando venció a España y predijo que la Enmienda Platt impuesta en 1901 y que se desplegó con la apropiación de parte del territorio de la provincia de Guantánamo para instalar allí una base militar, sería el torniquete que posteriormente asfixiaría a Cuba para hacerla otro “Estado Asociado”, como el empobrecido Puerto Rico u otro Estado más de la Unión Americana.

El inicio del siglo XX hasta los años 50 fue un paseo para Estados Unidos y un desastre para Cuba: pobreza, analfabetismo, enfermedades, prostitución, droga, casinos y, en general, una sociedad controlada con la presencia permanente de la mafia y de la bota militar o de su títere Fulgencio Batista, hasta que llegó Fidel y mandó a parar. La revolución cubana se gestó en el seno del partido Ortodoxo, burgués y antibatistiano, pero trascendió más allá hasta lograr configurar una unidad nacional con los estudiantes, la incipiente clase obrera y el campesinado pobre.

Recordemos hechos históricos memorables como el asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, la famosa defensa de Fidel ante los tribunales cubanos denominada La historia me absolverá (que debería ser estudiada de nuevo) y la gesta heroica de 1956-1959 con el triunfo revolucionario y popular del 1 de enero de 1959, a escasas 92 millas de Miami.

El ataque a profundidad contra Cuba

Si bien inicialmente la revolución no se definió como socialista, el imperialismo yanqui, dirigiendo la cruzada occidental de la Guerra Fría contra la Unión Soviética, desde el primer minuto del triunfo empezó a trazar bajo el gobierno de Dwight Eisenhower la estrategia para someter o destruir la revolución popular dirigida por lo que se conoció en nuestro medio como los barbudos comunistas, que, sin serlo, ya en las escuelas latinoamericanas sometidas a la ideología imperialista así los conocíamos. Después vendría la “Alianza para el Progreso” norteamericana y completaría el cuadro de la desinformación anticubana.

Y ¡oh horror!, se vino el bloqueo, con la máscara del “embargo” dizque porque el gobierno revolucionario había expropiado comercios y tierras pertenecientes a transnacionales yanquis y a latifundistas norteamericanos y había nacionalizado la explotación petrolífera de Texaco, Esso y Sinclair. No debemos olvidar que el derecho internacional le asiste a cualquier país que quiera nacionalizar sus riquezas siempre y cuando haya un arreglo con el expropiado. Y eso fue lo que intentó Cuba, solo que el imperialismo no aceptó, y a partir de ese momento inició el bloqueo desastroso que ha ocasionado grandes tragedias y ha impedido que la economía se desarrolle normalmente.

El bloqueo genocida comenzó desde el primer día del triunfo revolucionario, es decir, lleva efectivamente 67 años, cosa que el actual jefe fascista del Departamento de Estado, Marco Rubio, no reconoce, pues le interesa más, desde la verborrea que escupe a los medios de comunicación occidentales, demostrar que el fracaso económico es culpa de la incapacidad de la revolución cubana y de sus dirigentes.

Las últimas medidas tomadas por Trump

El imperio del caos, en su declive, decidió poner el marco de la vetusta doctrina Monroe con el agregado del corolario del pedófilo como el referente geoestratégico para asaltar las riquezas latinoamericanas, empezando por Venezuela, ahora travestida en un protectorado. La amenaza se extendió a los países con gobiernos progresistas como Colombia, Brasil, Nicaragua y México, y a Cuba en particular.

En enero de 2026, Cuba, por arte de birlibirloque, se convirtió en una amenaza inusual y extraordinaria para el imperio, lo que llevó al bloqueo de las importaciones petroleras, perturbando así el sistema de generación de energía a partir de termoeléctricas e impidiendo cubrir la demanda cercana a 3,5 Gigavatios y afectando severamente el parque automotor de la Isla.

El 20 de mayo el fiscal general de justicia norteamericano anunció que Raúl Castro, figura histórica de la revolución, está acusado y debe presentarse o será llevado a la fuerza a los tribunales para responder por el derribo de dos avionetas el 24 de febrero de 1996, las mismas que eran voladas por integrantes del terrorismo anticubano que tenían sede en la ciudad de Miami, sin que las autoridades aeronáuticas norteamericanas hubieran controlado los 25 vuelos que habían realizado desde el año 1994 sobre territorio cubano, haciendo graves provocaciones y llamando con octavillas, lanzadas desde estos, al levantamiento contra la revolución.

Trump ha afirmado repetidas veces en estos días: “Pondremos un portaaviones a metros de las costas cubanas y esperaremos la rendición”, buscando la rebelión de la población contra el gobierno.

No logrará ninguna de las tres cosas: un barco de tan alto calado no puede atracar cerca de las costas, ni la revolución cubana se rendirá. Se anegará de sangre la Cuba revolucionaria, pero el imperialismo sufrirá otra derrota más, pues en cada rincón de la Isla, cuando la cobarde y mercenaria infantería gringa venga a asegurar el territorio, se encontrará con la firme resistencia armada de los cubanos libres. La invasión no será un paseo, así los gobiernos del mundo continúen impávidos con estas amenazas y, aparte de los pronunciamientos, no hagan otra cosa más solidaria.

Por la revolución firmaron más de 6 millones de personas adultas que dicen estar dispuestas a luchar hasta la última gota de su aliento, lo cual, aunado a la doctrina de Guerra de todo el Pueblo, dará cuenta del invasor.

Los pueblos del mundo tenemos la palabra: o nos quedamos viendo estos hechos por televisión o salimos a las calles a hacerle la vida imposible al imperialismo yanqui y a sus inversiones en nuestros países.

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