Por Angie Aristizábal Torres

Hay preguntas que parecen tan normales que pocas veces nos detenemos a pensar de dónde vienen. Cuando pensamos en una familia, ¿qué imagen aparece primero? Para muchas personas puede ser la de un padre, una madre y sus hijos. No necesariamente porque sea la única forma de familia que existe, sino porque durante mucho tiempo fue presentada como una referencia central para pensar la crianza, los roles parentales y el hogar.
Pero las familias cambian y en Colombia existen familias monoparentales, extensas, reconstituidas, adoptivas y homoparentales, entre otras configuraciones. También cambió el marco jurídico de estas con la Sentencia C-683 de 2015, en la que la Corte Constitucional estableció que no es constitucionalmente válido excluir a las parejas del mismo sexo de los procesos de adopción y señaló que la orientación sexual no puede confundirse con la idoneidad para adoptar. La evaluación debe hacerse caso por caso, atendiendo las condiciones de cada familia y el interés superior del niño, niña o adolescente.
Once años después, la discusión reaparece en el debate público, esta vez con una pregunta que ya no es solamente jurídica. El presidente Abelardo de la Espriella ha dicho que, aunque respeta la decisión de la Corte, no está de acuerdo con la adopción por parejas del mismo sexo. En declaraciones de 2026 ha sostenido que un niño necesita un padre y una madre en determinados roles y que su posición cambió después de convertirse en padre.
En este contexto, una investigación realizada en la Corporación Universitaria Minuto de Dios ofrece una herramienta para leer la coyuntura más allá de la discusión inmediata. La investigación, titulada “Representaciones sociales de la comunidad educativa de UNIMINUTO Bello acerca de la adopción en familias homoparentales”, buscó comprender los significados, creencias y percepciones que estudiantes, docentes y personal administrativo construyen alrededor de la familia, la crianza y la adopción.
A través de entrevistas aparecieron distintas formas de interpretar estas familias. Algunas respuestas ubicaron la capacidad de crianza en aspectos como el cuidado, la responsabilidad, el afecto y la estabilidad. Otras expresaron preguntas sobre los roles parentales o sobre la manera en que un niño o una niña podría comprender el hecho de crecer con dos padres o dos madres.
La investigación no permite convertir esas respuestas en una representación de toda la sociedad colombiana. Su valor está en mostrar cómo diferentes ideas sobre la familia pueden coexistir dentro de una misma comunidad educativa y cómo esas ideas se relacionan con historias familiares, aprendizajes, creencias religiosas, experiencias y discursos sociales. En otras palabras, nuestras representaciones no aparecen aisladas; se construyen en interacción con otros.
Esto vuelve especialmente interesante el momento político actual. Mientras el presidente habla de una familia tradicional y de una división de roles para la crianza, desde el Ministerio de Educación la anterior ministra, Viviane Morales, ha planteado que su cartera buscará “erradicar” la llamada “ideología de género” de los colegios y revisar materiales y contenidos educativos. Sus declaraciones han generado respuestas de sectores sindicales y educativos que cuestionan la existencia de la supuesta imposición curricular.
La discusión tampoco se queda en los discursos. El Ministerio de Educación mantiene en consulta pública un proyecto de decreto que modificaría la regulación sobre la prestación y administración del servicio educativo por parte de entidades territoriales. El proyecto contempla la participación de personas jurídicas públicas o privadas en la administración de establecimientos oficiales y abre la posibilidad de contratación con iglesias y confesiones religiosas para estrategias pedagógicas.
¿Qué tiene que ver esto con una investigación sobre familias homoparentales? La disputa no gira únicamente alrededor de una palabra o de un contenido escolar. También gira alrededor de quién tiene capacidad para definir qué debe ser enseñado, qué modelos familiares pueden presentarse como referencia y qué ideas sobre género, crianza y familia adquieren legitimidad dentro de las instituciones. La investigación de UNIMINUTO permite observar que las representaciones sociales se forman precisamente en esos espacios: la familia, la educación, las instituciones, los medios y las conversaciones cotidianas. Lo que hoy aparece como una afirmación política también circula como una representación social: la idea de que existe una forma determinada de familia que ofrece el marco adecuado para la crianza.
El orden jurídico colombiano reconoce la adopción por parejas del mismo sexo, mientras en el espacio público siguen circulando concepciones distintas sobre lo que una familia debe ser. La distancia entre norma y representación no significa necesariamente que una cambie y la otra permanezca quieta; significa que los cambios jurídicos y culturales tienen ritmos diferentes.
También es importante volver al centro de la discusión que son los niños, niñas y adolescentes. La Corte Constitucional señaló en 2015 que la adopción por parejas del mismo sexo no afecta por sí misma el interés superior del menor ni su desarrollo físico o psicológico, y que las valoraciones deben centrarse en las condiciones concretas de la familia adoptante.
Esto desplaza la discusión de la estructura familiar como criterio abstracto hacia las condiciones reales de cuidado, protección, estabilidad y bienestar. No es imponer una única definición de familia, sino comprender cómo se construyen las definiciones que orientan nuestras prácticas. No para convertir unas cuantas entrevistas en una explicación del país, ni para responder políticamente a un presidente o a una ministra, sino para preguntarnos ¿qué pasa cuando las representaciones sociales sobre la familia dejan de ser solamente creencias personales y comienzan a influir en las decisiones, los discursos y las instituciones desde las que se construye lo público? Porque una sociedad también se transforma en la medida en que revisa aquello que alguna vez consideró obvio. Y quizá hoy valga la pena volver a preguntar: cuando decimos “familia”, ¿estamos describiendo una realidad diversa o seguimos nombrando una sola imagen que aprendimos a considerar normal?
