Alerta por contaminación atmosférica en el Valle de Aburrá

 

Por Maribel García Restrepo

contaminacion medellin
Ilustración: Víctor Camilo Cuartas

El 15 de marzo el Consejo Metropolitano de Gestión del Riesgo puso en alerta roja a la ciudad por los altos niveles de contaminación atmosférica, y el 16 de marzo el Área Metropolitana emitió la resolución 379, donde declara “nivel de contingencia atmosférica en la jurisdicción del Área Metropolitana del Valle de Aburrá”. Esta situación de deterioro ambiental se debe a la acumulación en el ambiente de partículas y gases, especialmente de tamaños pequeños, las cuales, en su mayoría, provienen de emisiones de automotores y tienen gran impacto en la salud pública, pues ingresan al cuerpo por vía aérea generando principalmente daños en el sistema respiratorio y cardiovascular.

Para monitorear la calidad del aire, la ciudad cuenta con estaciones que miden el tamaño y concentración de estas partículas, en especial las que tienen mayor incidencia en la salud humana. Es decir, las que presentan un tamaño menor a 2,5 micras, lo que se denomina técnicamente como PM2,5. Su tamaño es tan pequeño que tendríamos que usar microscopio para verlas. La norma admite hasta de cincuenta millonésimas de gramo de polvo por metro cúbico de aire (50 ug/m³) de estas partículas en el aire, pues es sabido que partículas muy pequeñas en una mínima cantidad pueden generar enfermedades agudas y crónicas a los humanos.

Los reportes del Área Metropolitana muestran que varias de las estaciones mencionadas han marcado nuevamente en el mes de marzo valores superiores a la norma de 50 ug/m³. Por ejemplo, en las zonas de Colpisos y San Antonio han alcanzado los 100 ug/m³ y en Bariloche – Itagüí, estación Metro Estrella, Casa de Justicia de Itagüí, Museo de Antioquia, El Volador y Girardota han sobrepasado los 150 ug/m³.

El Valle de Aburrá presenta un gran desnivel entre las partes más altas, los cerros que tutelan la ciudad, y las partes más bajas. Es un valle estrecho, con dos paredes naturales a lado y lado que determinan en mucho la movilidad del viento, la humedad y la precipitación. Esta situación hace que los contaminantes algunas veces queden atrapados y no se dispersen con facilidad.

Así, en los días previos a esta alerta, se presentaron lluvias en el Valle que generaron una disminución de la temperatura del suelo, lo que ocasionó a su vez la disminución de la temperatura de las capas de aire cercanas a él. Por el contrario, por encima de las montañas, se mantuvo una temperatura mayor, debido a la elevada radiación solar, asociada a la ola de calor. Es decir que mientras en la parte baja hacía frío, en las zonas más altas el aire estaba caliente; por eso, el aire de la parte baja no logró mezclarse con el de arriba, debido a que, precisamente, ese movimiento ascendente se produce cuando una capa de aire se expande al calentarse. La ciudad entonces quedó sometida a un ambiente enrarecido y dañino, saturado con gran cantidad de estas partículas respirables, pues no lograron salir y dispersarse por efecto del movimiento vertical del aire.

Conocida esta conformación del Valle y la sensibilidad de los ciudadanos frente a la contaminación atmosférica, la Autoridad Ambiental, en conjunto con otras entidades, empresas y agremiaciones ha realizado acuerdos como el Pacto por la Calidad del Aire en 2007, donde plantean una meta global de reducción del 10% de los contaminantes atmosféricos prioritarios en un plazo de 5 años. Sin embargo, en 2015 las autoridades comprobaron que la calidad del aire había seguido deteriorándose en la ciudad durante los dos últimos años, generando la pérdida de 5 vidas humanas cada día. En ese momento se realizó un nuevo pacto, esta vez por la “eficacia ambiental”, con actores como las empresas ensambladoras de motocicletas y los transportadores de carga que se comprometieron a producir de manera limpia.

Se propuso una gestión integral del aire en la Resolución 2381 de 2015, la cual se apoya en el Plan Operacional para enfrentar episodios críticos de contaminación atmosférica, para prevenir a la población sobre la exposición a altos índices de contaminación atmosférica y promover acciones en materia de desarrollo urbano y transporte sostenible orientadas a disminuir tiempos de viaje, promover medios alternativos de transporte, desestimular el uso suntuario de vehículos particulares, impulsar planes integrales de movilidad, renovar el parque automotor y generar niveles más restrictivos que los nacionales para los contaminantes críticos.

Con el evento del mes de marzo se genera la más reciente actuación normativa en este tema por parte del Área Metropolitana, que tomó las siguientes medidas: publicación diaria de la evolución de la calidad del aire en página oficial y redes sociales, control de quemas e incendios, operativos de control de las emisiones vehiculares, recomendación a los sectores empresariales para gestionar planes de movilidad sostenible y a los habitantes metropolitanos para que eviten actividades físicas al aire libre después de las 10 a.m. y en las horas finales del día; control permanente sobre vehículos que emitan gases de manera visible y promoción del transporte público. Así mismo se plantea que de no cesar el fenómeno al día 30 de marzo, se iniciaría una mayor restricción de circulación vehicular a través del sistema de pico y placa para todos los municipios del Área Metropolitana.

Mientras que surten efecto las medidas, los ciudadanos siguen confiados en que el viento moverá la nube de polvo hacia arriba para que se pueda ver de nuevo el horizonte. Lo que se propone es que la población espere pacientemente, mientras la Administración retarda las medidas que promuevan un verdadero cambio hacia la ciudad sostenible de la que tanto se ha hablado. Por ejemplo, no se observa una verdadera restricción al uso de automotores y el cambio tecnológico sigue lento, lo que deriva en el aumento de motos y automóviles particulares en circulación. Tampoco se observan medidas que desestimulen la compra de los mismos. Según la secretaría de movilidad, en Medellín hay 343 vehículos por cada 1.000 habitantes lo que genera la ocupación permanente de la malla vial urbana, aunque la industria automotriz habla de un rezago en las ventas.

La conformación del Valle y la manera como se mueven los vientos o se da la precipitación son aspectos inherentes al lugar donde hemos construido esta ciudad. Sin embargo, la manera como planificamos su desarrollo basados en el conocimiento del territorio, sí es un asunto en el cual tenemos injerencia y las autoridades tienen la función de actuar en forma preventiva, salvaguardando la vida y la salud de los ciudadanos. Pero de la presión de estos últimos dependerá la agilidad de las políticas públicas al respecto.

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