El Lago Calima: un espejo roto

Por Andrés Felipe Ortiz Ramírez

LAGO CALIMA
Foto: http://www.elpais.com.co

La única parada que hicimos al subir fue en un mirador ubicado unos metros antes de la entrada al municipio de Darién, Valle del Cauca. Desde ese punto, en medio de una imponente cadena de montañas cubiertas por pastizales en la parte baja, y bosques y neblina en lo más alto, mi compañera vio por primera vez las aguas del Lago Calima. “¡Qué hermosa vista!”, dijo maravillada, sin notar las señales irrefutables de una tragedia que se viene materializando hace poco más de un año.

Espejo de agua

El lago Calima es el lago artificial más grande de Colombia y fue construido en la década del 60 como parte de un proyecto hidroeléctrico para el departamento del Valle. Tiene una superficie de 70 kilómetros cuadrados, y de un extremo a otro se pueden contar aproximadamente 17 kilómetros. Su profundidad es impredecible: en algunas zonas el fondo se encuentra a 15, 30 o 40 metros, lo que hace que sus aguas se tornen turbias; en otras zonas, más cercanas al muro del embalse, las aguas son azules, puesto que la profundidad puede alcanzar más de 150 metros.

Además de árboles que nunca se talaron antes de inundar la zona, el lago alberga tilapias, bocachicos, truchas y bagres que pueden llegar a medir hasta un metro y medio. Dicen también que el viento puede alcanzar velocidades de hasta 80 kilómetros por hora y que ningún otro lago es tan propicio para practicar vela y otros deportes náuticos.

Semejantes encantos no podían escapar a la voraz industria turística. Enclavados en las colinas alrededor del embalse hay restaurantes, hoteles, cabañas, centros recreativos, algunos muelles y, por supuesto, ostentosas fincas de quienes en el Valle del Cauca se han enriquecido legal o ilegalmente; junto a sus fincas se ven normalmente las lanchas y las pequeñas embarcaciones de lujo de estos seres privilegiados por el sistema económico que, “muy amablemente”, permiten a los turistas menos privilegiados pescar sin que se les cobre por ello.

Ausencia del espejo

Tras superar la embriaguez producida por la inmensidad de la cordillera occidental vista desde aquel mirador, mi compañera miró en detalle las orillas del lago y se percató de la inconsistencia. Algunas decenas de vacas caminaban a su antojo a través de una planicie que poco combinaba con las colinas circundantes: “¿El potrero llega hasta allá? ¿tan lejos?”. Tras su pregunta, señalé un voluntarioso hilo de agua que se abría paso entre maleza, barro negro y pezuñas para alimentar débilmente las aguas del embalse, que se habían alejado.

Ese fue el panorama que observamos mientras recorríamos en nuestra motocicleta la carretera que conduce a la cabecera municipal de Darién y que bordea la zona nororiental del lago Calima: potreros más extensos de lo habitual en las zonas aún húmedas o simplemente playones de amarillo ocre que denotaban la retirada del agua, del espacio del lago, por un tiempo prolongado.

Mientras ingresábamos por la entrada cinco, la playa desértica se hacía cada vez más vasta. “Huele a mar”, afirmó mi compañera; no entendí el comentario, pero no le iba a refutar a ella, nacida en el pacífico ecuatoriano y amante de la comida marina. Recorrido el camino de la entrada, llegamos hasta los edificios de los restaurantes y lo que usualmente son los parqueaderos de carros y motos: los muelles y la playa; aún no habíamos alcanzado las aguas. Unos cientos de metros más adelante, mientras conducía entre piedras, terrones amarillentos y tierra cuarteada, le dije: “Todo esto era lago”.

Avanzamos un kilómetro antes de alcanzar las aguas y los muelles. Sorprendidos y abatidos, caminamos un poco cuidando de no enterrar nuestros pies en las partes más húmedas del lecho “marino”, ahora descubierto. No mucho después pude ver en el suelo la explicación al olor que mi compañera sintió mientras ingresábamos al lago: cientos, miles de caracoles muertos se extendían a lo largo de esta nueva playa y generaban el particular olor que mi nariz y mi lengua no percibían ni nombraban. “Te lo dije, huele a mar”.

Daño y espejo

Con algo de entusiasmo aún, fuimos hasta el viejo muelle para dar un paseo en lancha. Luego de esperar nuestro turno por 30 minutos, nos pusimos los chalecos y nos embarcamos para hacer un recorrido de 3 kilómetros hasta Puerto Buga, el sector más exclusivo del lago Calima, según nuestro timonel y guía turístico.

Habiendo llegado a nuestro destino, el guía hizo un despliegue de su conocimiento del vecindario y nos habló de las fincas, sus precios de alquiler, sus bondades y sus dueños: la del Tino Asprilla, la de los hermanos Rodríguez Orejuela, la que alquilan por 700.000 la noche…

Mientras nuestros desprevenidos compañeros de paseo se maravillaban con los datos del guía, mi compañera y yo mirábamos la franja de tierra marrón que bajaba desde el borde de las fincas hasta el nivel del agua. “¿Hasta allá llegaba el agua?”, preguntó una curiosa en sintonía con nosotros. El guía explicó que el nivel del agua ha bajado 7 metros en términos de profundidad, algo que no se veía desde principios de los años noventa.

Al ver en lo alto, en las privilegiadas fincas de Puerto Buga, los rieles de concreto que se utilizan para que los carros lleguen al borde del lago y desembarquen las lanchas, sentí tranquilidad. Algo de justicia tenía que haber en esos rieles terminando en el vacío, así que no pude evitar imaginar una de esas lanchas rodando barranco abajo hasta caer en el reducido espejo de agua.

Al salir, ya de regreso, mi compañera dijo, triste, que desafortunadamente esto pasaría con todos los paraísos naturales que le gustaría conocer. Al principio me contagié de esa nostalgia, pero luego pensé que la única opción para detener este debacle era la solidaridad con la naturaleza misma y con las comunidades que la han defendido siempre, replanteando nuestros estilos de vida, uniéndonos en la acción colectiva.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s