El señor matanza

O cómo el rock ha denunciado la guerra en Colombia

Por Raúl Martínez

Ne2pi / GettyImages

¡Los que matan, pam pam, son propiedad del Señor Matanza! Cantaba el grupo francés Mano Negra a mediados de la década del 90 del siglo pasado sobre Colombia, luego decía “Él decide lo que va, dice lo que no será. Decide quién la paga, dice quién sufrirá. ¡Esa y esa tierra y ese bar son propiedad del Señor Matanza!”. Parecía profético, pero no, es solo la capacidad de decir lo que era evidente en ese momento en el país, quizá la facilidad de hacerlo desde un grupo extranjero, que no tiene que permanecer en el país y someterse a las reglas de ese mismo señor matanza.

A casi 40 años de que el Señor Matanza fuera alcalde de Medellín, a 26 de ser gobernador de Antioquia y a casi 20 años de iniciar bajo el régimen de terror impuesto como presidente a nivel nacional, se puede decir que el Señor Matanza realmente es el dueño del país en su cara cruel, asesina y despiadada. Estos años han sido de la implantación e implementación del modelo capitalista basado en la superexplotación del negocio de las drogas. Negocio que controlan en todos sus procesos y del cual han sacado tal cantidad de dinero que han construido un país a su imagen: narcotráfico, vendettas y corrupción. El Señor Matanza se propuso hacer del país su feudo, ampliar la extensión de sus fincas y tierras y tener el control del país en general. Todos sus cargos los ha puesto en función de fortalecer esto.

Pero no se conformó con su presidencia, también puso los presidentes que le dieron continuidad a su legado, todos bajo la compra de votos con dineros del narcotráfico activo o producto de coimas y corrupción, como se confirmó con el caso Odebrecht en la campaña de Santos y del Ñeñe, un narcotraficante de la costa, en el caso del actual presidente Duque. De nuevo las palabras cumplidas de Mano Negra: “Cuando no manda, lo compra. Si no lo compra lo elimina”.

El control sobre el país no tiene límites, la ambición de la clase narcotraficante en el poder lo quiere todo, y al parecer no descansa hasta lograrlo, como continúa la canción de Mano Negra: “Esa olla, esa mina, y esa finca y ese mar. Ese paramilitar, son propiedad del Señor Matanza”. De nuevo… profético.

La cantidad de líderes sociales asesinados en Colombia, el terrorismo de Estado que aún continúa, las masacres minimizadas con eufemismos, la negación de las víctimas… el asesinato a través de bombardeos de menores de edad, que son realmente víctimas de reclutamientos y del abandono del Estado en las zonas marginadas del país, todo confirma que se creen dueños de la vida, y son dueños de la muerte, no tienen asomo de humanidad en sus actos, solo interés de incrementar las ganancias producto del narcotráfico, sus tierras y los negocios secundarios que han creado para lavar el dinero.

El poder acumulado de su grupo los lleva hasta el colmo de la desfachatez. Hace muchos años en Colombia se practica la pena de muerte, no por juicios justos, sino por la obra de particulares que tienen las armas para decidir quién vive y quién no. Por esto es más aberrante la propuesta de la senadora de ultraderecha del partido del señor Matanza que contempla la posibilidad de que la venta de armas sea abierta y sin restricciones en el país. Siempre está la reflexión de qué pasará cuando más gente tenga acceso a más armas, esta lógica de resolver los problemas no ha dado otros resultados que más muertos y más violencia en el país.

Continuemos con otro grupo de rock, este sí colombiano, que nos cantaba en 1991 una canción que sigue teniendo vigencia después de 20 años en el país. El grupo musical Aterciopelados denunciaba los asesinatos ocurridos en las calles de Bogotá y, en general, en el país, con su canción “Pilas”, en la que decía: “Pilas, pilas, gritan los Ñeros, no se le haga raro que mañana no amanezcan. En las sombras de la noche en un negro coche, todos saben a qué vienen, que intenciones tienen… vienen los que hacen justicia, vienen con las manos sucias… El paisa y la Karen ya nunca se vieron”. Eufemísticamente, en ese entonces, los asesinos llamaban a estas prácticas “limpieza social”.

Ahora, y en ese entonces, los asesinatos no se reducen a la capital del país o a las capitales de departamento, se expande esa violencia y guerra contra los jóvenes, líderes sociales, en general, por campos y ciudades, barrios y veredas, no hay espacio de tranquilidad para la libertad de expresión y el derecho a la protesta, o sencillamente la posibilidad de expresar críticamente los pensamientos contra grandes monopolios económicos o políticos. Termina diciendo Aterciopelados que “Dicen que por Guadalupe botan cuerpos, eso supe, ellos hacen la limpieza, espero no me dejen tiesa… Vienen, no tienen clemencia, vienen con negra conciencia”.

Finalmente, otra banda de rock, también de Bogotá, en medio de la mayor cantidad de masacres sufridas en el Urabá chocoano, más todas las otras que el paramilitarismo realizaba en el país, nos dicen con la canción “El Platanal”, que “En la fosa no se sabe si esas son o no tus manos, amasijo de cadáver, tal vez un mundo cristiano… Carne pa’ el fuego cruzado Urabá sangriento, el eco en la balacera se lo lleva el viento”. De nuevo el país sufre de masacritis, el asesinato de grupos de personas impunemente, el incremento de los casos nos recuerda las décadas del 80 y el 90.

La música como resistencia, como otro elemento más de la cultura que se suma a la memoria, para que no se siga repitiendo el “¡No se le haga raro que mañana no amanezca!” de Aterciopelados y para que deje de ser real que “Esta ciudad es la propiedad Del Señor Matanza” de Mano Negra. En memoria de todos los muertos en la absurda guerra que se sigue llevando a los campesinos, obreros, y, en general, a los pobres de este país, por un país en dignidad y libertad, porque se cumpla la advertencia del grupo argentino Bersuit Vergarabat, que también nos gritaba que “Ellos tienen el poder y lo van a perder, tienen el poder y lo van a perder”, amén. Terminamos con la invitación de Kraken en la Medellín de la década del 80, cuando nos decía que “no vivas para ser, por temor, la presa de otros sueños, se vive una vez para ser ¡eternamente libre, libre!”.

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