Arden los bosques neoliberales en Chile

bosques neoliberales
Imagen tomada de: http://footage.framepool.com

Por Renán Vega Cantor

En los meses de enero y febrero se presentaron los peores incendios forestales en la historia de Chile. Fueron calcinadas por las llamas unas 500 mil hectáreas de bosque, miles de viviendas fueron destruidas, murieron once personas, y resultaron damnificadas otras seis mil. A eso hay que agregar la pérdida de biodiversidad y la contaminación que genera el humo y el fuego.

Dos características tiene este acontecimiento: se le cataloga como un desastre natural y luego la noticia es olvidada como si nada hubiera pasado. Resulta fácil echarle la culpa a la naturaleza, para evadir responsabilidades y evitar cualquier explicación a fondo del asunto. En contravía, es necesario desnudar lo que se encuentra tras esos incendios, ni mucho menos accidentales, que son el resultado normal del modelo pinochetista que impulsó los bosques neoliberales.

Bosques neoliberales

Los incendios se desarrollan en las plantaciones de árboles importados, principalmente pino y eucalipto, que han sido sembrados como parte de un negocio de grandes empresas forestales. Ese negocio despegó en plena dictadura de Pinochet en 1974 y ha consistido en arrasar con las especies nativas y con los cultivos agrícolas, lo que ha reducido la biodiversidad de la región. Con la ley de fomento forestal de ese año, el Estado subsidió con cifras millonarias a los grandes empresarios para que consolidaran el monocultivo de pino y eucalipto. En la actualidad, esos monocultivos tienen una extensión de tres millones de hectáreas.

Estos monocultivos son la expresión de un modelo productivo que causa la destrucción del ecosistema de bosque, generando aridez en los suelos y plantaciones de escasa humedad, propensas a incendios, generando el despoblamiento de fauna y flora nativa de la zona. Las miles de hectáreas de tierra que se entregaron a los empresarios fueron arrebatadas violentamente a comunidades Mapuche, muchos de cuyos miembros fueron asesinados por defender sus territorios ancestrales (plenos de biodiversidad), y oponerse a los monocultivos.

Para sustituir las especies nativas se sembraron miles de hectáreas con las dos especies mencionadas, con el fin de producir madera y celulosa. Tanto el pino como el eucalipto almacenan en sus hojas aceites inflamables, lo que los convierte en combustible vegetal, eficiente para prender fuego como si fuera papel periódico.

Son los típicos bosques neoliberales, cuyas pocas especies de árboles son todas idénticas, en las que no se encuentran ni un caballo ni una vaca, no se escucha el sonido de un pájaro, son bosques muertos que cubren miles de hectáreas. Han arrasado con la biodiversidad, secan los suelos y las aguas subterráneas. Con mayor sequedad en el suelo, más posibilidades para que haya incendios y se propaguen rápida y fácilmente. Cuando sembrar árboles se convierte en un negocio de grandes empresarios que genera pingües ganancias, solo importa la rentabilidad económica y no los desastres ambientales que se originen a mediano plazo.

A las razones antes mencionadas, que no tienen nada de naturales, debe agregarse que al mismo tiempo en Chile se han presentado elevadas temperaturas, como resultado del vuelco climático, lo que ha facilitado la propagación de los incendios.

Manos criminales

Ante la magnitud de los incendios, tanto las autoridades gubernamentales como los empresarios de la celulosa se apresuraron a señalar que eso era resultado de la acción de manos criminales, para referirse a que supuestamente las llamas habían sido originadas por la voluntad de ciertos pirómanos. Incluso, militares retirados señalaron que los responsables eran “terroristas”, con lo que se referían a los Mapuche.

Claro que ha habido manos criminales, aunque en otro sentido. Esas manos criminales son
las de la dictadura de Pinochet y sus secuaces, las de los sucesivos gobiernos neoliberales de la transición y las de los grandes empresarios forestales. Sus manos están manchadas de sangre y ahora con el fuego que ha destruido miles de hectáreas en Chile. Son los pirómanos neoliberales, responsables de un modelo forestal que seca el suelo y destruye las reservas hídricas.

Durante un poco más de cuatro décadas, desde que despegó el neoliberalismo, el capitalismo neoliberal ha actuado con plena impunidad contra los más pobres y contra el medio ambiente. Se creía, según la propaganda de los seguidores del pinochetismo armado
y desarmado (incluyendo los mal llamados “socialistas”), que el modelo funcionaba de maravillas. Sucesos como los incendios desmienten esa falacia e indican las terribles consecuencias ambientales de implantar bosques neoliberales. En las llamas de enero y febrero se han quemado no solamente los bosques neoliberales, sino también las apariencias de falsa prosperidad de Chile.

Un ejemplo lo muestra en forma directa: los brigadistas que ayudan a sofocar las llamas y socorren a las personas afectadas, realizan un curso de preparación de cuatro días de formación teórica, con una práctica de una hora. En manos de brigadistas con tan “amplia preparación” recae en gran parte la dura tarea de enfrentar los incendios, lo cual se explica por la privatización de los servicios del Estado. Para completar, las empresas forestales solo invierten el uno por ciento de sus ganancias en prevenir incendios.

En conclusión, los incendios en Chile no son un desastre natural, sino un crimen neoliberal, porque desde Pinochet se creó una estructura forestal que convirtió a los bosques en una explosiva caja de fósforos. O, como lo dijo una de las personas afectadas directamente por los incendios, “esto es como el infierno de Dante”. El paraíso neoliberal que presume ser Chile se convirtió en un desierto forestal, que ha devastado una parte de su territorio, afectando en forma directa a los más pobres y a los animales.

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