De oficios sabios

oficios 1
Foto: Jhonny Zeta

Por Jhonny Zeta 

Llega al lugar de trabajo, sus ojos reconocen centímetro a centímetro la edificación de tres niveles, corredores, patios y placa deportiva; en él ha visto pasar diez generaciones de niños y niñas, de muchachos traviesos en salones y recreos; ese espacio que pocos, quizás nadie conoce mejor que ella. ¿Oficio?

La madrugada estrena una magia de limpieza a la que todo el mundo se ha acostumbrado. La primera tropa cruza la portería para distribuirse en las aulas, el sol despunta con una música de sillas inquietas, de risas y palabras escuchadas arriba, abajo y a un lado de la vida del recinto; aparecen pasos afanados cuando el sonido del timbre ya se ha dormido, completan el paisaje de salones donde comienza a escribirse la mañana.

Afuera ella pasa inventario a las tareas pendientes, dispone implementos y se entrega al oficio, conversando con el agua, midiendo cantidades necesarias para esto o lo otro, multiplicando el tiempo de las labores, sumando esfuerzos y dividiendo por cero la posibilidad de no hacer la tarea. En su empeño está la magia a la que todo el mundo se ha acostumbrado sin preguntarse mucho. Otras lecciones se escuchan adentro de las aulas.

Después del recreo barre escaleras, repasa con paciencia corredores y pasillos, sumerge la mechuda en el balde, tal vez tararea alguna canción mientras escurre y reanuda el ejercicio de hacer brillar las baldosas; después hará desaparecer manchas y regueros, suspirará, espátula en mano para disponerse a perseguir los chiclets renegridos que el sol y las pisadas han endurecido en las losas del patio.

El medio día anuncia la salida de la tropa, ella sabe que es momento de hacer la operación logística para permitir que contribuyan con la magia de la limpieza. Llega la segunda tropa, se instala en los salones. Ella toma el almuerzo y continúa reforzando la magia por los espacios comunes donde todavía quedan restos de comida y basura. A las seis de la tarde el sonido del timbre empuja la última tropa en desbandada, dejan el oficio que llena cuadernos con textos, dibujos y operaciones. Ella continuará multiplicando el tiempo, estirándolo otro tanto para desaparecer los últimos vestigios de envolturas y papeles desperdigados. La magia queda lista para brillar con la mañana.

Las tareas de la tropa salen de vacaciones largas dos veces al año, otras quedan para ella. Acompañada por un silencio ajeno, extraño, se entregará a repasar con jabón y cepillo sillas y escritorios, descifrando con paciencia las rabias dibujadas con lapicero, los deseos y sentimientos esgrimidos con marcador y cuchillas de sacapuntas, los estilos y nombres de los artistas que volverán para reincidir en uno o dos meses.

Pocos saben que le gusta el cine y la lectura, que conoce de novelas y buenas películas. ¿Oficio?

Señora del servicio, aseadora, empleada de oficios varios, personal de servicios especiales; así se nombra, por costumbre o por introducir nuevos tecnicismos, el oficio que ella comparte con otras mujeres y hombres pertenecientes a los estratos más bajos de la sociedad. Raras veces se piensa en voz alta que es un oficio sabio, porque todos y todas las profesionales en el arte de la limpieza nos dan cátedra de servicio, de humildad y paciencia; porque más allá del aseo personal, la limpieza de espacios comunes, ajenos y privados es vista como tarea incómoda, desagradecida o despreciable. Eso y más masculla la sociedad contemporánea, prejuicios enunciados con o sin vergüenza, casi siempre en voz baja.

Cada estrella fugaz es una suerte de belleza única; después de dos o tres segundos el acontecimiento queda en la memoria porque sentimos alegría y buenos augurios. La magia de los aerolitos entrando en la atmósfera terrestre se llama Estela. Así su nombre: Estela, brillando a pleno día, en el oficio que pone orden y belleza a la cotidianidad. Estelita, le llaman con cariño las seiscientas o más personas que cohabitan en su lugar de trabajo.

¿Cuántas Estelas sostienen la magia de limpieza en una ciudad, en un país, en el planeta? Tantas abuelas, madres, tías, hermanas, vecinas, brillando desde los oficios sabios.

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