Juntanxa de Mujeres: Nos queremos vivas y poderosas para construir la paz

Juntaxa de mujeres 6
Foto cortesía: Diana Granados

Por Mujeres Diversas y Paz, de Santander de Quilichao, Cauca.

Con este lema casi 650 mujeres nos concentramos el 19 de mayo en Bogotá, Medellín y Santander de Quilichao; nuestro propósito era generar un diálogo sobre el proceso de paz con mujeres integrantes de las Delegaciones de Paz de las FARC-EP y el ELN y mujeres de diversos procesos organizativos, instituciones académicas y públicas. Este es un breve recuento de lo ocurrido en
Santander de Quilichao.

Las mujeres empezaron a llegar desde las 8 a.m. La noche anterior el equipo impulsor de la iniciativa se había concentrado para ayudar a organizar el espacio donde tendría lugar la Juntanxa. Las expectativas eran muchas porque se trataba de posibilitar un espacio dialógico y pedagógico para que las mujeres de diversas orillas pudiéramos hablar sobre cómo vemos este momento político en nuestras regiones, en particular, sobre cómo vemos la implementación de los acuerdos de paz y el proceso de negociación.

Las imágenes que decorarían el escenario canalizaron nuestras energías esa noche. Las mujeres teníamos que estar presentes en la mesa, no solo físicamente, sino desde nuestros símbolos, por eso, un útero hecho con flores y una tela con una mujer pintada por nuestras propias manos debía estar ahí presente. También nuestras carpas artísticas con los mensajes que construimos desde el 8 de marzo: ¡nos están matando! para señalar las muertes de lideresas sociales y otros mensajes más se quedaron en el escenario que avizoraba el encuentro y que aún permanecía solo pero al mismo tiempo lleno con nuestros mensajes y nuestros símbolos.

La mañana llegó. Las mujeres poco a poco empezaron a llegar también. Con sonrisas, con
seriedad, con expectativa, todas empezaron a ocupar las sillas y aún en la mesa solo, permanecían nuestros símbolos.

Poco a poco el calor se sentía. Ya éramos más de 300. En la mesa empezaron a transitar las intervenciones de instalación. Contamos con el apoyo de la Universidad del Valle, Sede Norte del Cauca para este espacio, también de la administración municipal y, por supuesto, de las mujeres. Las palabras de bienvenida y de contexto social y político hecho por nosotras mismas se tomaron el auditorio. A los lados dos pantallas porque necesitaríamos conectarnos con Bogotá y Medellín. Las intervenciones de todos y todas fueron claves y relevantes para reflejar la diversidad. Muchas de nosotras aguardamos con expectativa y con un nudo en la garganta cuando nuestra compañera trans instaló la Juntanxa en nombre de nosotras. Ella reflejaba lo que somos y queremos ser, ¡diversas y juntas!

En Bogotá y Medellín, nuestras compañeras iniciaban con su propio espacio, dialogando y conversando sobre las apuestas de las mujeres en la paz. Nosotras hacíamos lo propio.

Estábamos nerviosas, pues vivimos en un país de tanta guerra y persecución a las organizaciones sociales, en donde a muchos actores estas acciones no les simpatizan. Aguardábamos que llegaran las compañeras encargadas de hacer pedagogía de paz de las FARC-EP y que las integrantes de la delegación del ELN se conectaran por vía streaming.

Así ocurrió. Las compañeras arribaron al espacio y los rostros de quienes estábamos en el auditorio fueron diversos, así como nosotras mismas y nuestras experiencias. De asombro, de alegría, de confianza, de inquietud, pero también de abrazo y conciencia política de la necesidad de tener estos espacios de diálogo para avanzar en una paz sin caretas. Nosotras sabíamos que para la paz es clave el reconocimiento de las mujeres como sujetas políticas, independiente del lugar que hayamos ocupado en todos estos años de conflicto.

La conversa transcurrió. Hablaron las integrantes de la Delegación de Paz del ELN y luego las integrantes de la Delegación de las FARC-EP. Sus expectativas por avanzar en este proceso, los lugares diferentes en los que se encuentran y la invitación a dialogar y participar.

Las mujeres no nos desconectamos del diálogo ni un minuto. Luego, nuestras compañeras en Medellín y Bogotá hicieron preguntas y nos saludaron desde la efusividad de tener estos espacios y podernos conectar política y virtualmente.

Las preguntas desde nuestro propio auditorio no se hicieron esperar y las respuestas tampoco. Describir cada momento en este espacio sería imposible. Simplemente mencionar que la riqueza del diálogo no tuvo comparación, tampoco mirarnos desde nuestras experiencias y pensar desde las mujeres el país y el momento político que vivimos. Tras el diálogo, nuestras compañeras indígenas, negras, víctimas, académicas, volvieron a la mesa y tomaron la palabra para sintetizar el diálogo, para expresar en general la importancia del espíritu de la Juntanxa y la clave de que las mujeres y disidentes de género pensemos, participemos y actuemos en esta transición política.

El espacio iba llegando a su fin. Pero nosotras nos dimos cuenta que el fin no era el cierre
protocolario de la Juntanxa porque este espacio fue más bien un inicio que refuerza nuestras luchas y convicción de participar en la terminación de la guerra. Sabemos del adverso contexto que nos rodea, pero también sabemos de la capacidad de las mujeres de juntarnos, de reclamar nuestros derechos y de comprometernos desde nuestros lugares y regiones con la paz. ¿Qué sigue? Siguen más Juntanxas en cualquier parte del territorio nacional; mantenemos nuestra lucha y ponemos a disposición nuestra capacidad de diálogo para que la paz sea también con las mujeres y disidentes de género.

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