Donald Trump revive la Guerra Fría contra Cuba

Bloqueo contra cuba 1 -lademajagua.cu
caricatura tomada de: http://www.lademajagua.cu

Por Álvaro Lopera

En 2017 se cumplen 56 años del inicio del bloqueo norteamericano a Cuba. El 17 de marzo de 1960, en el marco de la administración republicana de Eisenhower, se ejecutó la reunión del Consejo Nacional de Seguridad que definió la guerra económica contra Cuba, entre otros paquetes de sabotaje y guerra, como la fallida invasión de Bahía Cochinos un año más tarde, en la administración del demócrata John F. Kennedy.

A la guerra económica se le llamó eufemísticamente “embargo”, puesto que Estados Unidos en todos los foros presentó este como el resultado de las nacionalizaciones cubanas. Aunque el gobierno revolucionario había ofrecido pagar con el azúcar que para entonces se exportaba a ese país, lo cual fue rechazado. Pero la cosa iba más allá: lo que realmente estaba en juego era la pervivencia de un sistema social que, a noventa millas de Miami y con solo 110 mil kilómetros cuadrados, había desafiado el poderío de la gran potencia capitalista occidental que,  sobre las cenizas de la segunda guerra mundial, pretendía tener en sus manos la hegemonía planetaria.

Donald Trump quiere revivir, a deshoras, el zombie de la Guerra Fría como un arma oxidada de la geopolítica imperialista.

Significado del bloqueo

El bloqueo, condenado repetidamente en la Asamblea General de la ONU desde 1992, ha ocasionado un sinfín de daños a la economía cubana, avaluados recientemente por el canciller de la Isla en cerca de US$750 mil millones de dólares. Y es que tener que comprar de contado en Estados Unidos, no poder acceder a tecnología de punta con participación norteamericana para ningún área científica, militar o siquiera para la medicina, así como tampoco poder hacer transacciones internacionales en dólares con ningún país del mundo, genera un gran aislamiento económico y un golpe permanente a las finanzas cubanas. Y si a esto se suma que la Unión Europea ha manejado sus relaciones de acuerdo a instrucciones de Washington, el problema alcanza ribetes de tragedia para la población cubana.

Cuba no puede ser autárquica, así su pueblo sea uno de los más educados del mundo, puesto que los pisos térmicos, los suelos de calidad y los minerales, salvo el níquel, no abundan en la isla. Y ni siquiera el níquel puede ser vendido para las aleaciones de acero hechas con capital norteamericano.

Las leyes yanquis se destacan por ser extraterritoriales; es decir que el departamento del tesoro gringo revisa minuciosamente que todos los países del mundo hagan efectivo el bloqueo, prohibiendo que cualquier aparato tecnológico que tenga más de 10% de tecnología norteamericana sea vendido a Cuba. Y el caso del turismo, el cual juega un papel preponderante en el PIB cubano desde la década de los 90, también ha sido objetivo del bloqueo, pues las leyes usamericanas prohíben a sus ciudadanos los viajes de placer a la isla.

Redoble del bloqueo

Trump, venido a menos en la esfera nacional e internacional –recuérdese la reciente retirada de Estados Unidos del enclenque acuerdo COP 21 para combatir el cambio climático–, acaba de sacar del sombrero la misma carta intervencionista de años anteriores, y amenaza a Cuba con derogar los pocos acuerdos económicos y comerciales que logró con la administración Obama a finales del año 2014.

El 16 de junio pasado, desde el vecindario de La Pequeña Habana en Miami, Florida, en un espectáculo televisivo, junto a la extrema derecha de origen cubano, la misma que reúne a mafiosos políticos, delincuentes, terroristas y asesinos, predijo que “lograremos una Cuba libre” –lo mismo que han dicho las administraciones norteamericanas desde 1960– y anunció el endurecimiento de la política de bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba. Habló de la “opresión comunista” que prevalece allí, y saludó, como un viejo amigo, a la disidencia pagada por Estados Unidos, como las “Damas de Blanco”, y le rindió un “sentido homenaje” a uno de los asesinos del dirigente estudiantil cubano, Frank País, caído el 30 de julio de 1957, en el marco del alzamiento revolucionario contra la dictadura de Batista. Y para terminar, aseguró que solo cuando la democracia prevalezca allí, el bloqueo será levantado.

De acuerdo con lo dicho por Trump, éste se propone reducir las actividades económicas –incluidas las relacionadas con el turismo– con el conglomerado militar cubano Grupo de Administración Empresarial (GAESA); permitiría, eso sí, que ciudadanos y entidades estadounidenses desarrollen lazos económicos con el sector privado y emergente de Cuba, con los llamados “cuentapropistas”, en tanto visualiza estratégicamente que por allí puede ocasionar el quiebre del gobierno popular.

También reforzaría las restricciones de viaje para los norteamericanos que deseen visitar la isla. Prohibiría los viajes individuales de estadounidenses bajo la categoría persona a persona que había permitido Obama. No aboliría las remesas que los cubanos residentes en Estados Unidos envían a Cuba.

A todo lo anterior, el ministro de relaciones exteriores cubano respondió: “Es falso afirmar que el presidente Barack Obama hizo concesiones a Cuba. Él mantuvo en lo fundamental el bloqueo y trató de avanzar los intereses norteamericanos, incluso, de subvertir el orden constitucional en nuestro país”. Declaró que “estas medidas refuerzan nuestro patriotismo, nuestra dignidad, nuestra decisión de defender por todos los medios la independencia nacional en el espíritu de José Martí, Antonio Maceo y Fidel Castro Ruz”.

El presidente Raúl Castro lo había dejado claro en sus declaraciones del 17 de diciembre de 2014: “Desde mi elección como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, he reiterado en múltiples ocasiones, nuestra disposición a sostener con el gobierno de los Estados Unidos un diálogo respetuoso, basado en la igualdad soberana, para tratar los más diversos temas de forma recíproca, sin menoscabo a la independencia nacional y la autodeterminación de nuestro pueblo”.

Cuba seguirá siendo un faro de dignidad y libertad en nuestro continente a pesar de los ingentes esfuerzos del imperialismo mundial por doblegar a su gobierno y a su pueblo.

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