Homenaje al hombre y su obra: El Capital, de Carlos Marx

homenaje a carlos Marx
Pintura: Karl Marx & Friedrich Engels en la imprenta de la Rheinische Zeitung, en la ciudad de Colonia | Museo Marx & Engels, Moscú – E. Chapiro

Por  León Vallejo

Compañero Carlos Enrique:

Algo tiene El Capital (tuyo, nuestro) para que –a 150 años de publicado– siga siendo blanco de acometidas, en medio de apoyos, trincheras, escudos, testimonios… permaneciendo incólume. Insistimos en recordarlo, encontrando entre sus páginas el mapa del camino que seguimos en busca de un mañana sin explotación, miserias u opresores. Algo tiene el capital que El Capital muestra, delineando los fundamentos que rigen nuestra lucha y organización como constructores de futuros, sujetos–colectivos al tiempo que sujetos–sujetos (atados); que, por serlo, soñamos y construimos la libertad posible: tanto te odian y amamos, tanto te temen y necesitamos…

En mil palabras, solo dejamos constancia de la deuda que tenemos contigo los proletarios del mundo. Recordamos tu legado contra el miedo y las mentiras.

Nos enseñaste, con tu obra humana y literaria, a derrotar las formas; a ver –tras lo evidente– las causas, las determinaciones de los procesos: sus contradicciones. Mostraste el camino que  la humanidad ha construido. Denunciaste cómo todo lo encubren los intereses de clase y cómo, si no nos organizamos en la perspectiva de la nuestra, seremos pasto de la infamia. Nos mostraste cómo asumir la identidad de clase sabiendo a qué herencia renunciamos; y… qué de ella asumimos porque el futuro y el mundo se construyen en la lucha y por ella.

Pretenden nombrar la sociedad en que sobrevivimos como “modernidad” (ésa que debe ser aceptada como el mejor vividero posible). Contigo entendimos que sigue siendo capitalismo: regida por el capital y la infamia. El Capital nos mostró cómo es, cómo se reproduce y cómo muere, aunque no muera de muerte natural. Cómo, para luchar, no podemos reducirlo todo a la mera condena moral de este “sistema”.

Cuando de tu pluma y la de Federico, el proletariado y los pueblos del mundo conocimos el hermoso poema de El Manifiesto Comunista (que nos puso en movimiento cada vez más consciente), la burguesía te puso en la mira de su policía. Cuando El Capital, hace ya 150 años, nos armó con su teoría para que pudiéramos asumir esta guerra, la burguesía envió a sus economistas, como Menger y Jevons, es decir, a sus emisarios y sicarios intelectuales con las mismas recetas de la vieja Escuela Salmantina de economía, convertidos –ahora– en los más cínicos voceros del capital. Hoy, desde la Escuela Austriaca de economía (y la de Chicago), disfrazan de “ciencia” la primitiva ingenuidad de la economía vulgar.

Para combatir tu rigurosa explicación del salario, donde delatas las heces de la explotación capitalista y desvelas la existencia de la plusvalía y de la renta capitalista, han intentado presentarte como un economista o como el inventor de la “economía política”. Tú no fundaste la economía política: la pusiste en su lugar. No desarrollaste la economía: la combatiste.

Quieren tapar la derrota que sus portavoces tuvieron de tus manos cuando explicaste cómo toda forma en la que las mercancías se intercambian termina disimulando (ocultando) la esencia del valor: la explotación de los trabajadores.

Así, denunciaste en tu libro este “mundo encantado, invertido y puesto de cabeza” y nos llamaste a profundizar en el desvelamiento de “esta falsa apariencia y este engaño”. Lo precisaste: tras la evidencia están los procesos reales que solo la investigación dialéctica revela. Esas representaciones ilusorias, esas nociones espontáneas, no son la realidad social, pero funcionan: son eficaces en la práctica social. El carácter fetichista de las mercancías no es el efecto de la alienación de las conciencias. Es en las conciencias donde ese fetichismo funciona en y desde la realidad de la práctica social, enmascarando la realidad de las relaciones sociales en sus apariencias).“Desde el momento en que un producto del trabajo circula como mercancía, su forma de mercancía disimula el origen y el contenido de su valor”.

Tampoco el trabajo humano necesario para su (re)producción es “transparente” en cuanto circule como mercancía. Pero, como lo desvelaste, hay un aspecto específico que se despliega con toda su fuerza bajo el modo de producción capitalista: aquí no solamente se encuentran “disimulados” el origen y el contenido del valor, sino el origen y el contenido de la plusvalía: está oculta y disimulada la naturaleza de las relaciones capitalistas de producción como relaciones de explotación de los trabajadores por el capital.

Tal como nos lo enseñaste, el fetichismo de la mercancía no tiene su fundamento, ni su origen, en la conciencia sino fuera de ella, en la realidad objetiva de las relaciones sociales históricamente determinadas, aunque sea la conciencia quien resulte “confundida”. El asunto del fetichismo no es simplemente un problema subjetivo, es una condición real desplegada en la materialidad de las relaciones sociales: solo puede desaparecer de la conciencia con la desaparición del capitalismo. Los trabajadores no pueden ver, directamente, las condiciones reales que la nueva organización del trabajo les ofrece y posibilita con fraudes y despilfarros de la razón y de la lucha. Como lo dijo Franz Mehring: es una mitificación del régimen capitalista… tras las ilusiones liberales que embellecen la realidad. Son guantes de seda que ocultan su mano de hierro.

Bajo el capitalismo todo se ha convertido en mercancía, hasta el agua y la educación. Nos dicen que la forma mercancía es natural u obedece a la “espontaneidad” y que el mercado debe regularlo todo. Quieren un trabajo que empobrece o degrada a quien lo hace y enriquece al que lo usufructúa. El capitalismo solo quiere (y requiere) el trabajo que produce plusvalía y (o) hace posible la renta.

Pero esta iluminación de la otra cara de la modernidad que has realizado en El Capital  sigue potenciando la lucha de los trabajadores.

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