Para la familia Lalinde, la “película” continúa

Fabiola-Lalinde
Foto: Yeison Camilo García

La desaparición, tortura y posterior ejecución extrajudicial de Luis Fernando Lalinde dio origen a una lucha por la verdad y la justicia. 33 años después, él y su familia se resisten a olvidar y ser olvidados. 33 años después, protagonizan un documental que, más allá de tener efectos reparadores, es el relato de “una historia dolorosamente bella”.

Por Yeison Camilo García

Luis Fernando Lalinde fue hombre y semilla. En vida, estudió sociología, se comprometió con las causas sociales y llegó a militar en el Partido Comunista. En octubre de 1984, con apenas 26 años, fue torturado, desaparecido y ejecutado. Los responsables: soldados de la Compañía de Contraguerrilla Cóndor, adscrita al Batallón de Infantería No 22, “Batalla de Ayacucho” del Ejército Nacional.

En esa época, participaba como comisario político en los acuerdos de paz entre el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el gobierno de Belisario Betancur. El precio que pagó por ello, según lo recuerda su prima Beatriz Jaramillo Lalinde, fue “el anonimato en el que lo sumieron los que lo despojaron de su identidad”, para convertirlo en un NN denominado alias ‘Jacinto’.

“Sí, hasta la identidad le arrebataron a Luis Fernando Lalinde, un joven desarmado, retenido por el Ejército porque su ideología cuestionaba un sistema económico productor no solo de bienes materiales, sino también de hambre, de miseria, de sufrimiento, de marginación, de injusticia, de deshumanización”, agrega la prima que insiste en llamarlo ‘Luisfer’.

Mientras militaba en el EPL, Jon Restrepo fue compañero de causa de Luis Fernando. Del joven, que partió el 2 de octubre de 1984 hacía el municipio de Jardín (Antioquia), recuerda que “tenía todas las características no de ser un guerrero en esa extensión de la palabra, sino un ser profundamente cristiano en su acción, en su forma de ser y en lo que él quería”.

Luego de 33 años de una ausencia que ha marcado a la familia Lalinde, Jon dice que no lo quiere recordar “sometido, subyugado, indefenso, sino como lo conocí: con una profunda bondad; un hombre supremamente fuerte, de una fortaleza no solamente física sino también moral e ideológica, que nos dio a nosotros, también, fuerza para seguir viviendo”.

Un documental para reparar simbólicamente

Tuvieron que transcurrir 4.428 días, más de 12 años de búsqueda y lucha jurídica, para que a Luis Fernando Lalinde le devolvieran su identidad. El 18 de septiembre de 1996, su madre Fabiola, y sus hermanos: Adriana, Mauricio y Jorge, recibieron “69 huesos secos en una caja de cartón”. Ahora, estos reposan en una urna modelada por su hermana Adriana.

Desde entonces, la familia Lalinde emprendió un ejercicio de búsqueda que Fabiola denominó “Operación Cirirí”. Para Gonzalo Sánchez, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, esta estrategia se convirtió en símbolo de la búsqueda y documentación de personas desaparecidas que, pasando por los estrados judiciales, condujo al hallazgo e identificación del cadáver y de los responsables.

Ese es, en síntesis, el argumento que aparece en el documental “Operación Cirirí: persistente, insistente e incómoda”, presentado el pasado 6 de diciembre en El Teatrico, Medellín. Su producción obedeció a un fallo –judicial y, por lo tanto, de obligatorio cumplimiento– emitido en octubre de 2013 por el Consejo de Estado. Su objetivo central era ordenar la reparación directa de la familia Lalinde.

El fallo les ordenó al Ministerio de Defensa –incluyendo al Ejército Nacional– y al CNMH que produjeran un documental. Para esta última institución, el audiovisual es una semblanza de Luis Fernando que “reivindica su buen nombre y deja a la memoria de la sociedad los testimonios de lo que fueron sus realizaciones y su proyecto de vida, truncado prematuramente por acciones inadmisibles en un estado democrático de derecho”.

Durante la presentación del documental, Fabiola Lalinde sostuvo que los últimos 33 años de su vida y la de su familia han sido “una experiencia dolorosamente bella, porque es mucho lo que hemos sufrido, lo que hemos padecido, pero también es mucha solidaridad la que hemos recibido” de organizaciones defensoras de DDHH e instancias internacionales como la Comisión y la Corte Internacional de DDHH.

Por su parte, Jon sostuvo que “hubiera querido que este documental que se hizo sobre Luis Fernando no fuera realizado por la obligación que le impone una sentencia judicial al Estado colombiano, sino que fuera producto del arrepentimiento sincero, de que en la guerra no se vale todo (…), que así no se hace”.

La búsqueda de verdad y justicia continúa

En su intervención, Fabiola hizo énfasis en que “la desaparición forzada por razones políticas es lo peor que puede suceder, y sobre todo porque (los responsables: soldados y mandos del Ejército Nacional) todo lo niegan (…). Hacen cosas tan espantosas y, fuera de eso, como digo yo, tiran la piedra y esconden la mano, porque matan la gente y no saben nada”.

Su afirmación obedece a que tanto ella como su familia consideran que si bien en el caso de Luis Fernando se han alcanzado unos mínimos de verdad, aún no se ha alcanzado la justicia. De hecho, consideran que el Estado les ha denegado este derecho mediante afirmaciones “como las que hacen en el Ministerio de Defensa, donde siguen diciendo que fue dado de baja por intento de fuga, pero eso no es cierto”.

De hecho, en julio de 2013 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos divulgó el Informe No 40/13, a través del cual ese organismo declaró admisible el proceso por denegación de justicia, considerando que el Estado colombiano no ha garantizado ese derecho en el caso de la ejecución de Luis Fernando y los perjuicios ocasionados a sus familiares.

Finalmente, Adriana Lalinde sostuvo que una verdadera reparación para su familia sería “poder, literalmente, dejar ir esta historia”. Pero, “nos hemos encontrado con unas situaciones que no nos lo permiten”. Entre ellas, “unas dificultades jurídicas generadas por una cantidad de procesos abiertos, insoportables, a los que no podemos renunciar para que algún día haya verdad y justicia”.

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