Cultivos transgénicos y soberanía alimentaria en Colombia

Transgenicos y soberania alimentaria
Foto: Tomada de autoconocimientointegral.files.wordpress.com

Por Natalí Hernández Ciro y Lilliam Gómez Álvarez

Hace dos semanas, mientras trabajábamos en la universidad, decidimos compartir el algo y reímos preguntándonos si comeríamos “el murrapo transgénico” del supermercado o las guayabas “orgánicas” provenientes de una finca del oriente antioqueño. Cuestionábamos el hecho de que la mayoría de los jóvenes nos mantengamos ignorantes de lo que comemos. Mientras tanto, en países como Francia, se dispara el boom de las tiendas y los productos “BIO”–libres de pesticidas y “orgánicos”, y de cultivos agroecológicos. ¿Será que en Colombia podemos decidir? Recordemos la última vez que fuimos al supermercado: ¿Había algún indicio que nos permitiera diferenciar un alimento proveniente de Organismos Genéticamente Modificados (OGM), o sea, de organismos cuyo material genético ha sido alterado usando técnicas de ingeniería genética? ¡No! Sin embargo, el debate acerca de los transgénicos se está dando en Colombia hace varios años.

Seguridad y soberanía alimentarias

Estos cultivos existen en el contexto de la agricultura industrial, en donde la llamada “seguridad alimentaria” se ha convertido en una excusa para mostrar cómo, supuestamente, “suplen el hambre del mundo”. Pero se desconoce la posibilidad de la soberanía alimentaria, es decir, la autonomía de producir los alimentos sin depender de la industria biotecnológica y el negocio de los transgénicos.

En alusión a este tema, la profesora polaca M. Kramkowska, argumenta que, en teoría, “los beneficios de los OGM contribuyen a subsanar el hambre dado que crecen más rápido que los tradicionales, por lo que su productividad es mayor, resisten largas sequías y pueden crecer en lugares inapropiados por características del suelo o condiciones climáticas desfavorables, lo que en apariencia parece reducir el uso de pesticidas que son nocivos y ocasionan desbalances ecológicos. Pero en la práctica la mayoría de OGM son precisamente modificados para ser resistentes a herbicidas como la atrazina, lo que efectivamente aumenta la productividad del cultivo, así como el uso desmedido de otros xenobióticos (químicos artificiales), haciéndolos más tóxicos para los ecosistemas.

Ecología y ética

En cuanto a los efectos ecológicos de los OGM, existen, principalmente, tres riesgos. En primer lugar, al perder las semillas nativas se pierde biodiversidad. Segundo, las poblaciones de organismos benéficos en contacto con los OGM, resistentes a plagas que producen toxinas, podrían ser afectadas. Y, en tercer lugar, las toxinas producidas por las plantas modificadas pueden ocasionar que las plagas se vuelvan resistentes a la sustancia inicialmente dañina para ellas, aumentando la dosis necesaria de plaguicidas, convirtiéndose ello en un círculo vicioso.

En cuanto a las consecuencias socioeconómicas de los OGM, la investigadora Úrsula Oswald Spring afirma que “los procesos de monopolización llevan hacia una concentración de actividades agroempresariales en manos de pocas empresas transnacionales, destruyendo la economía campesina y los mercados regionales y creando dependencia tecnológica”. Señala que el 71% del negocio de las semillas modificadas está en manos de seis multinacionales: BASF, Bayer, Dow, DuPont, Monsanto y Syngenta. Igualmente, varias de estas empresas también controlan el negocio de los plaguicidas, lo que muestra su interés en mantener el avance de los OGM independientemente de la seguridad de los consumidores o el bienestar de los productores.

Además de los riesgos ya analizados, el uso de estos cultivos plantea un dilema ético que tiene tres dimensiones. Primero: los OGM son consumidos masivamente pero llevan poco tiempo en el mercado en comparación con los alimentos tradicionales y, por lo tanto, no han sido sometidos a estudios a largo plazo de los riesgos que representan para la salud humana, luego, ¿es ético que los OGM no estén claramente etiquetados para que el consumidor tome la decisión conscientemente?

Segundo: ¿Es ético permitir que los cultivos transgénicos contaminen otros cultivos ancestrales y disminuyan su biodiversidad? Y por último: ¿Es ético obligar a los campesinos a reemplazar las semillas nativas por otras que solo se pueden utilizar una vez y volverlos dependientes de transnacionales cuyos intereses se reducen a obtener ganancias extraordinarias?

La obligación del etiquetado

Respecto al etiquetado, si bien los consumidores tenemos el derecho a elegir, sean o no perjudiciales los OGM para la salud, es prácticamente imposible saber si los productos que uno consume provienen de animales alimentados con OGM. En un artículo del periódico El Mundo titulado “Corte ordena legislar sobre transgénicos”, de septiembre 14 de 2015, se explicó que, a pesar de que en Colombia ya existe una norma de etiquetado de transgénicos expedida en 2011 por el Ministerio de Protección Social, esta no se cumple. “… no tiene una aplicación real y efectiva porque el texto dice que se tienen que etiquetar todos los alimentos que provengan de OGM, excepto si ese alimento ha sido declarado seguro a partir del principio de equivalencia sustancial, es decir, si éste demuestra las mismas características de composición que los alimentos convencionales”. Aunque el proceso de certificación de estos es controlado con análisis toxicológicos y una evaluación de la seguridad de su uso, la legislación relativa a los cultivos transgénicos es muy permisiva.

Los OGM no son la panacea

Las preguntas que uno se plantea son: ¿La aparición de plagas tan agresivas que los transgénicos combaten son causadas por el tipo de agricultura industrial, caracterizada por el monocultivo y el uso masivo de pesticidas? ¿Es imposible garantizar la soberanía alimentaria sin cultivos transgénicos, o lo que hay que cambiar de fondo es un sistema de producción industrial cuya prioridad es generar ganancias en menos tiempo?

La agroindustria sostiene la evidencia de que los OGM presentan gran potencial para mejorar la nutrición y la productividad con base en el conocimiento biológico de los organismos, pero esto no está demostrado, como tampoco se han calculado los costos ecológicos, daños a los ecosistemas, por el uso de transgénicos. Desde el punto de vista bioético esto es inaceptable, en vista de que la evidencia científica con la que contamos hoy en día muestra que muchos de estos herbicidas y pesticidas químicos son tóxicos y contaminantes de los ecosistemas.

Es evidente que países como Colombia están en desventaja frente a países industrializados porque son estos últimos los que producen y comercializan los organismos transgénicos, y es falso que la soberanía alimentaria esté garantizada por los OGM. Mientras la producción de semillas transgénicas, plaguicidas y pesticidas químicos sea un negocio tan rentable y tan monopolizado, es poco probable que los cultivos transgénicos sean sinónimo de alimentos de calidad.

Un comentario

  1. Comparto cosas con el artículo, pero no otras. ¿Qué son estudios de largo plazo?. Más de 20 años de estudios no han encontrado que los transgénicos produzcan efectos perjudiciales para la salud.

    Me parece que faltan referencias en cuanto a la afirmación de que las semillas transgénicas solo pueden usarse una vez. Hasta donde he leído, ese tipo de semillas estériles no se comercializan (Monsanto hasta tiene una declaración en su página de que no lo hacen). Y, aunque es algo que afirman constantemente quienes están en contra de los OGM,

    La afirmación de que hay que etiquetar aún siendo los transgénicos seguros para la salud es porque uno debe poder “elegir” es un sinsentido.

    Hasta donde tengo entendido, los transgénicos no representan una parte importante de la producción agrícola del mundo. Revisando cifras en internet, las más altas no pasan del 15%. Me pregunto entonces si son realmente un negocio tan grande y si el enfoque si debería ser en contra de los transgénicos y no más bien en contra de la forma en que se desarrolla la agroindustria (como el artículo señala).

    El artículo no responde esto que diré a continuación, pero parece afirmar que los transgénicos son incompatibles con una forma diferente de hacer agricultura. ¿Realmente es así?. No veo argumentos para ello. A mi parecer, podemos producir de una forma diferente y aprovechar los beneficios que la modificación genética acarrea.

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