Vuelven las vacunas a la comuna 13 de Medellín

esaclera comuna 13
Foto: Agencia de Noticias UN

Por Rubén Darío Zapata

En la Comuna 13 de Medellín, barrio Las Independencias, alrededor de las escaleras eléctricas, hay preocupación entre la población por la reactivación del cobro de “vacuna” por parte de los combos armados. Hacía unos 3 meses el grupo armado que mantiene el control territorial allí había suspendido el cobro, gracias a las denuncias hechas por la comunidad a través de los medios masivos de comunicación. Pero hace veinte días los portavoces de estos grupos les hicieron saber a los guías locales (es decir, del mismo barrio) de turismo que debían pagar una cuota de 30 mil pesos semanales si querían seguir trabajando.

Después de la Operación Orión, y sobre todo tras la construcción de las escaleras eléctricas, que se han convertido en una atracción para los turistas, buena parte de la población de esta zona ha organizado su vida en torno al comercio para atender el turismo, aunque los constantes enfrentamientos armados entre los combos, que pueden darse a cualquier hora del día o de la noche, amenazan con disminuir el flujo de visitantes. En los alrededores de las escaleras eléctricas es posible encontrar cafés, tiendas de artesanías y restaurantes dispuestos para el turismo. Pero también hay otros negocios pequeños, asentados en los descansos de las escaleras o en las aceras de las casas, donde se vende guarapo de caña, raspao, artesanías y hasta libros y postales referentes a la historia del sector.

Del esfuerzo transformador de esta comunidad da testimonio un grupo de grafitis y murales pintados por los jóvenes en las paredes de las casas y los muros de las escaleras. En el último tiempo estos grafitis se han convertido en una atracción tan fuerte para los turistas que prácticamente cada visita a la comuna 13 incluye un grafitour. La mayoría de estos grafitours son ofrecidos por agencias de turismo, propiedad casi siempre de extranjeros, que llevan al barrio grupos de 10 y hasta 20 personas dos o tres veces al día. También se han organizado grupos de jóvenes del barrio para ofrecer este servicio, presentando como valor agregado su conocimiento del barrio y de su historia. Algunas otras personas, que se dedican a pequeñas ventas, se disponen esporádicamente a realizar estos grafitours cuando algunos turistas los necesitan. Por ahora, todos los guías, excepto los de las grandes agencias, tendrán que pagar la vacuna semanal.

Los dueños de los negocios más organizados también están preocupados, pues temen que en poco tiempo el cobro de vacunas se extienda a todo el comercio local del sector. Para la comunidad, especialmente para los comerciantes, la situación es bastante contradictoria. “Primero porque las balaceras constantes -explica uno de los habitantes, que por razones de seguridad prefiere omitir el nombre- han afectado enormemente el turismo este año, con lo cual las ventas han caído muchísimo; y después vienen a cobrarnos vacunas. ¿De dónde esperan que les paguemos si ellos mismos están dañando el negocio? Pero ellos insisten en que tenemos que pagar si queremos que nos dejen trabajar”.

Es cierto que de tanto en tanto se realizan grandes operativos militares en el sector, pero esto no parece tener resultados concretos en la práctica. Entre otras cosas, la gente no se atreve a denunciar lo que pasa a la fuerza pública porque, según dice, no puede confiar en ella. Hace poco tiempo, cuentan, la policía entró al barrio acompañada de encapuchados de uno de los combos y realizó varios allanamientos. Hace dos meses fue asesinado el sobrino de uno de los líderes del Comité de Derechos Humanos del barrio, James Zuluaga, quien no dudó en acusar de dicho crimen a la policía, pues uno de los agentes había amenazado directamente al finado unos días antes.

El pasado 4 de octubre, en horas de la madrugada, se produjo una balacera en el sector, como resultado de un enfrentamiento entre los combos. Unos minutos después, cuando ya todo estaba en silencio, un grupo de policías llegó hasta un establecimiento en el tramo 3 de las escaleras eléctricas y, sin mediar explicación ni requerimiento, agredió a tres jóvenes que estaban trabajando en obras de reparación de la construcción. Las agresiones quedaron registradas en un video que ha circulado por redes sociales y muestra cómo los policías insultan a los jóvenes y les pegan; a uno de ellos lo hacen tender boca abajo contra el piso y lo patean durante un buen rato, indiferentes a las súplicas. Después los policías entraron al establecimiento y se llevaron el dinero de la caja, todo ante los “ojos” de una cámara.

Y aun si la fuerza pública fuera confiable, según cuenta la comunidad, no parece haber nada que hacer frente al control de estas bandas sobre la población, sobre todo en lo que tiene que ver con el cobro de las vacunas. “Hace un tiempo -cuenta otro habitante que pide reserva del nombre- había aquí un policía bastante amigable que hablaba mucho con la gente. Él nos decía que el problema con las vacunas era que, si la policía cogía a alguno de eso delincuentes, nosotros teníamos que ir a poner la denuncia y ahí los que nos embalaríamos seríamos nosotros. Que si éramos capaces de poner la denuncia ellos los cogían”.

En estas condiciones, la comunidad de este sector de la ciudad se encuentra entre la espada y la pared, desesperada ya, porque no sabe cómo lograr que llegue la paz y la tranquilidad a su territorio, el mismo que el gobierno muestra ante el exterior como ejemplo de transformación social y de posconflicto.

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