Un partido

Por Yeidy Tatiana Guisao Macías

parque-vegachi

La fuerza de una ideología permite su multiplicación hasta en los rincones más alejados del departamento de Antioquia, donde el presidente eterno, no solo se constituye como un signo y símbolo de la continuidad de los valores colombianos tradicionales, sino que, además, se le debe respeto e incluso devoción. Estas historias cronológicamente contadas, se dan en el entorno electoral de Yalí, municipio que queda a 20 minutos en moto taxi del municipio de Vegachí. Dichas elecciones estaban dirigidas a escoger a su nueva alcaldesa, luego de la destitución del alcalde anterior por malos manejos del presupuesto municipal.

A la 1:00 de la tarde de un domingo en el municipio de Vegachí, subregión Nordeste del departamento, sucedió un hecho relevante en términos políticos y sociales en uno de los restaurantes, ubicados en el parque, al lado derecho de la iglesia principal. Alrededor de 15 personas, unas que salían de misa y otras que habían hecho mercado, se disponían a almorzar. Además, había dos mujeres que estaban conociendo el municipio y sus dinámicas; así que se sentaron en una mesa un poco alejadas mientras hacían uso de sus manos como abanico para espantar el calor, al que no estaban acostumbradas en Medellín.

Mientras esperaban su pedido se escuchó en unos parlantes gigantes ubicados a las afueras del restaurante, un himno, una canción que luego de varios segundos fue clara: pertenecía al partido Centro Democrático. Todas las personas en el restaurante y en los lugares cercanos hicieron silencio, algunos incluso empezaban a tararear la canción, mientras asumían una posición de respeto, muy parecida incluso a la postura que se adquiere al escuchar el himno de la república de Colombia.

Al terminar la canción se oyen las siguientes palabras: Queridos compatriotas y conciudadanos de Yalí y Vegachí, mi nombre es Álvaro Uribe Vélez… Las personas mantenían su posición de respeto y su silencio, incluso cuando fue evidente que era una grabación, pues parecían muy interesadas en lo que este mensaje contenía.

Sin embargo, las dos mujeres que estaban de visita en el municipio ese día siguieron con su conversación y trataban de ignorar el contenido de la canción y del mensaje. De pronto, una mujer de otra mesa se levantó y fue hacia ellas y, con un tono de enojo y frustración, les advirtió: “Hagan silencio que está hablando el doctor Uribe”. Más por miedo que por respeto, las visitantes callaron inmediatamente.

El mensaje duró alrededor de 7 minutos, durante los cuales no se podía hablar, moverse o incluso ponerle cuidado al niño que casi se cae tratando de subir una acera. Al finalizar, el sonido y la reacción que se sintió fue equivalente al momento en el que la selección Colombia anota un gol en un mundial: se escuchaban aplausos, gritos y se daban la mano entre sí. Luego, como si nada, volvieron, todo se hundió en la cotidianidad, la gente siguió esperando el almuerzo o retomó la conversación donde la había dejado; la señora que interpeló a las dos mujeres se sentó y siguió con su conversación.

Al llevar los almuerzos a la mesa, la mesera ofreció disculpas a las dos mujeres, diciendo: “Aquí nos tomamos muy en serio la política”.

Ese domingo en las horas de la tarde, se podía ver en los alrededores del parque grupos de personas con camisas de color azul (Conservador) y otros con camisa naranja (Centro Democrático), como si estuvieran en competencias deportivas; cada vez que el número de votantes y los votos se actualizaban, celebraban como si fuera un gol, o una cesta más de ese partido que se estaba jugando entre la candidata del Conservador y el candidato del Centro Democrático.

Al anochecer, las dos mujeres visitantes volvieron a Yalí para descansar de un día largo; sin embargo, al llegar al municipio se encontraron con la celebración final de los “azules”, pues la última entrega de la registraduría daba por alcaldesa a la candidata del partido conservador. Pero no era como la celebración de un gol; esta vez era semejante a la borrachera que algunas personas experimentaron cuando Colombia le ganó a Argentina con un marcador 5-0.

El parque de Yalí estaba lleno de personas vestidas de azul, celebrando, abrazándose, besándose; era una euforia total y mucho más cuando llegó la nueva alcaldesa y entregó varias garrafas de aguardiente a las personas que estaban allí, expresando su agradecimiento y recordando las propuestas de su programa: “No me voy a olvidar de ustedes”. Los otros respondieron con gritos, silbidos, sonrisas y pulgares arriba.

Una cuadra más abajo del parque, estaban con caras largas, aunque también borrachos, las personas que apoyaban al candidato del Centro Democrático, entre los cuales se escuchaban conversaciones llenas de rabia, tristeza y afirmaciones como: “Le fallamos al doctor Uribe”.

Esa noche nadie durmió en Yalí, ya sea por tristeza, despecho o por la felicidad que produce una victoria. La fiesta, según comentó una señora en el parque, se parecía a las fiestas patronales del municipio, pues había mucha gente, mucho licor y mucho baile; además de las incontables veces que sonaba también en los parlantes grandes del parque, la canción de la campaña de la candidata, la cual cantaban a grito herido, con lágrimas en los ojos.

La celebración siguió hasta el otro día, cuando a las 9:00 a.m., aproximadamente, llegó nuevamente la alcaldesa con ingredientes para hacer un sancocho comunitario y se quedó un rato a socializar con las personas, en su mayoría borrachas.

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