Metrocable Picacho: megaobra que destripa humildes habitantes

De acuerdo con Redipaz, el número de desplazados por los megaproyectos de los últimos años en Medellín asciende a 5.924 personas. En estos se incluye el Tranvía de Ayacucho, el Puente de la Madre Laura, el Parque Bicentenario y, últimamente, el Metrocable Picacho, el cual demolerá 608 viviendas, de las cuales el Metro solo reconoce 282 con matrícula catastral.

Fotos: medellincuenta.com

Por Álvaro Lopera

Prolegómenos y conflicto en La Paralela

Este sector de la comuna 5 de Medellín, conocido por los habitantes como barrio La Paralela, parece un caimán adormilado a la orilla del río Medellín, que se extiende desde el barrio Tricentenario hasta el municipio de Bello, paralelo a la vía regional que conecta a Medellín con ese municipio.

Las tierras de La Paralela antaño pertenecieron a una finca donde se cosechaba café, plátano, yuca y árboles frutales. Sobrevendría después la Vía Regional, que le disminuiría área; lo que quedó se vendió posteriormente sin que los nuevos propietarios recibieran escritura alguna, solo un compromiso de compraventa, el cual fue suficiente para que años después EPM les instalara los servicios públicos de energía y telefonía, ya que el acueducto y el alcantarillado fueron puestos por ellos y el agua siempre fue comunitaria.

Diana Hernández, lideresa de los pobladores y activista de la Mesa de Veeduría Ciudadana, donde participa junto a otros 6 integrantes, asegura que el municipio, en cabeza del Instituto Social de Vivienda y Hábitat de Medellín (ISVIMED), no solo no les quiere reconocer el valor comercial de cada una de las propiedades que requiere el proyecto para construir la estación Acevedo, sino que intenta comprar solo a los propietarios que pagan el impuesto predial, tratando a los 326 restantes como invasores sin derechos.

Llegó al territorio con su familia hace 30 años, cuando su padre supo que podrían conseguir a bajo precio un lote. Se bajaron del barrio Popular 2 y tras los muchos esfuerzos en pequeños convites construyeron su vivienda de 7 metros de frente por 14 de profundidad, “en bloques de concreto de 15, con hierro figurado, columnas y vigas de amarre empotradas en el muro”. El resto de habitantes del sector hicieron sus casas organizando convites, que se extendieron como la geografía misma del territorio. La mala suerte fue que construyeron su hogar frente a lo que en el futuro sería la ampliación de la Estación Acevedo del Metro de Medellín.

Daños económicos y amenazas

Diana vivía, hasta hace poco, de una pequeña empresa que tenía en su casa, en donde elaboraba cortinas, tendidos y muñecos, y hasta tenía tiempo para trabajar decorando paredes en Pintuco. Sus hijos, una joven de 21 años y un muchacho de 18, estudiaban con becas del presupuesto participativo, las mismas que ya no disfrutan por causa del desplazamiento. En el sector había comercio en grande: panadería, 2 supermercados, 2 ferreterías, varias peluquerías, microempresas de bolsos, confecciones, estampados; hoy solo queda un largo lodazal donde las máquinas del contratista trabajan día y noche para entregar la obra a mediados de 2019.

En enero de 2015 se enteró del proyecto y empezó a organizar la Veeduría con dos mujeres más y cuatro hombres. Citaron a reunión a los aproximadamente 5.000 propietarios que habitan La Paralela, y asistieron más de 1.000. Allí aclararon que las megaobras no se detendrían y que después llegaría el ‘Tren de Cercanías’ a raspar la olla si no se organizaban. Todo iba muy bien, y parecía que la unidad no se iba a romper, hasta que empezó el 2018.

Casas derruidas en La Paralela

El lento proceso de disociación

Sociólogos, trabajadores sociales y sicólogos fueron los encargados de la ruptura del tejido social. Los chismes y las amenazas empezaron a calar en la gente. Señalaron a la Mesa de la Veeduría como un grupo que pensaba solo en su bolsillo y la declararon, en cada visita a las casas, como la responsable de la pérdida de millones de pesos de cada poblador, pues, según ellos, la resolución de expropiación del alcalde estaba lista y, si seguían oponiéndose a las ofertas de compra, solo les pagarían el valor catastral y no el comercial.

La Mesa había previsto lo anterior y se había preparado, primero con la Universidad de Antioquia y después con algunos profesionales de la Lonja. Ellos les hicieron avalúos individuales y sociales y les recomendaron algunos elementos de negociación. El ISVIMED no aceptó nada, y, por el contrario, obligó a la Lonja a no tener en cuenta esa primera aproximación so pena de sanciones a quienes habían “alebrestado” a los vecinos de La Paralela. Después llegaría la Lonja en propiedad y daría unos precios por metro cuadrado muy inferiores a los previamente calculados.

Situación actual

Al alcalde Federico Gutiérrez se le ve muy orondo y sonriente en la fotografía que sacó el periódico El Colombiano el 7 de marzo de este año, en donde anunciaba, desde un tractor, el inicio de las obras que habían sido adjudicadas desde noviembre del año pasado al consorcio Unión Temporal UT Metrocable Línea P (conformada por Poma S.A.S. sucursal Colombia y Poma Colombia S.A.S.) y que construirían cuatro estaciones: Acevedo, Sena, Doce de Octubre y Progreso 2. En la comunidad la historia era otra: puede decir que huyó despavorida con sus enfermedades a bordo y sin dinero alguno, salvo 40 propietarios que fueron muy bien remunerados por sus viviendas en tanto les pagaron el metro cuadrado a $2.400.000, cuando a Diana y a muchos más les ofrecían sólo $1.299.000 o mucho menos.

Los profesionales de la Lonja les habían informado previamente que cuando el ISVIMED comprara una propiedad con un avalúo determinado, la cuadra correspondiente a esa propiedad disfrutaría de los mismos beneficios. Diana tiene su casa en la misma cuadra y, aparte de estar muy bien construida, le están ofreciendo la mitad del valor por metro cuadrado de lo que les pagaron a los que ella llama “los consentidos”.

En los inicios de la presentación del proyecto en 2015, el ISVIMED había ofrecido a los nuevos desplazados el reasentamiento en el mismo sector en apartamentos construidos por dicha entidad, lo que animó a muchos vecinos y tal vez ayudó a diluir la resistencia, pues podrían conservar sus viejos lazos. Pero al final no cumplió. La Mesa interpuso una Acción Popular que pintaba muy bien, pues el mismo juez designado para atender el caso los orientó hasta cuatro veces para que pulieran los detalles de ésta. Extrañamente, y para asombro de todos, fue rechazada en la tercera semana de noviembre por el mismo magistrado.

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