Hidroituango: ¿La represa del apocalipsis?

Por Equipo de redacción

Hidroituango suena como un instrumento desafinado en un concierto. Son tantas las versiones de su mal estado técnico y económico, es tanto lo que se ha dicho de los daños ecológicos y sociales que se han ocasionado a raíz de ese megaproyecto, y son tan variadas las explicaciones y respuestas del sector oficial, que todo indica que hay algo que se quiere encubrir por temor a perder inversiones, o por temor simplemente a que se sepa la verdad.

Un pequeño repaso geográfico

Hidroituango represa al río Cauca desde la desembocadura del río Ituango hasta Liborina, formando un embalse de aproximadamente 80 kilómetros de largo, con profundidades de hasta 190 metros y ancho variable de 500 a 1000 metros. Así logra contener un volumen de hasta 2.750 millones de metros cúbicos, inundando un área cercana a los 45 km².

Normalmente las represas embalsan ríos que drenan microcuencas; sin embargo, Hidroituango represa casi la totalidad de la cuenca hidrográfica del río Cauca, que nace a 1200 kilómetros de distancia, en la Laguna El Buey (Páramo de las Papas, Macizo Colombiano). Esto, de hecho, hace que el proyecto sea inconveniente no solo por la alta variabilidad del régimen de lluvias a todo lo largo del cauce sino porque el río, además de ser el principal afluente del Magdalena, es el segundo más importante del país en riqueza hídrica; de él obtienen el sustento millones de personas.

Nacimiento problemático del proyecto

En un programa radial de la Universidad Nacional en el mes de junio de 2018 varios profesores fueron entrevistados para que dieran su opinión respecto de lo que se consideraba un inminente desastre social y ambiental. Allí se expresaron algunas ideas que dejaron un mal sabor a todos los que las escuchamos. Por ejemplo, que el Ministerio del Medio Ambiente dio la licencia para el proyecto en 2009, durante la presidencia de Uribe y la gobernación de Alfredo Ramos, sin tener el diseño final, es decir, sin tener todos los estudios que previeran las amenazas y las contingencias sociales necesarias. Y en este punto se ligó de nuevo Uribe con el proyecto, pues bien es sabido que, en el último día de su mandato como gobernador de Antioquia, aprobó la formación de la Sociedad Promotora de la Hidroeléctrica Pescadero S.A.

Todo proyecto pasa por etapas tales como: 1. Estudios de reconocimiento, los mismos que se hicieron en la década de los años 60 por el proponente del proyecto, el ingeniero José Tejada, entonces gerente de la empresa Integral. 2. Estudios de prefactibilidad, los cuales apuntan a hacer los muestreos específicos sobre el terreno. 3. Estudios de factibilidad, en donde se hacen perforaciones, se revisa la estabilidad de los estribos en donde estaría la represa, los caudales, y todo lo atinente a la inversión y al retorno de ella. 4. El diseño final, en donde se debe especificar claramente los planos de construcción, materiales, riesgos, salvaguardas para la población potencialmente afectada por el proyecto, etc. Justo lo que no se hizo en este caso.

Otra pregunta que agitó el debate en el programa fue: ¿Si a la represa Cañafisto, ubicada aguas arriba, no se le dio licencia ambiental, por qué a Hidroituango sí? Antes de iniciarse el proyecto en el área de Ituango, se dejó ver claramente el interés privado, y ello se expresó en la presencia paramilitar y en los múltiples homicidios y masacres que se perpetraron en el área de influencia del proyecto contra los pobladores y trabajadores del río.

Los entrevistados hablaron además de que, en caso de romperse la presa se generaría una avenida de hasta 260.000 metros cúbicos por segundo (m³/s), cuando el caudal normal del río Cauca es 1.200 m³/s. Eso significaba una especie de tsunami de entre 20 y 100 metros de altura –según lo pronosticó el profesor Modesto Portilla en un estudio que puso a disposición del público en el mes de agosto del año pasado-. Ese tsunami, sumado a los lodos, cortaría como un cuchillo el cañón y con todo ello arrasaría un buen número de poblaciones aguas abajo. El incidente sería tan grande, que afectaría todo el sector hasta la desembocadura del Cauca en el Magdalena.

También contaron que el nivel de sedimentación anual que acarrearía el río Cauca para la represa, producto del nivel de erosión de esa zona geológica, sería del orden de 46 millones de toneladas, lo cual disminuiría bastante el tiempo de vida del megaproyecto. Pero eso para los directores del proyecto no representó nunca un problema pues, de acuerdo al geólogo Sergio Restrepo, en 2005 uno de ellos le afirmó que la construcción obedecía a la lógica de la inversión y la ganancia y que por ello en Colombia no se podían construir represas para 300 años, como se hacía en Europa, que con 25 años era suficiente. Bastaba pues con el retorno de la inversión y con que la ganancia se diera en un tiempo prudencial. Puros cálculos financieros.

Noticias van y vienen

El proyecto en 2015 contaba con un gran retraso de tiempo, y ya se habían hecho preventas de energía para el mes de noviembre de 2018. De acuerdo a versiones de prensa, la gobernación de Fajardo dio la orden de construir un tercer túnel de desviación –sin licencia ambiental–, para que los dos primeros túneles utilizados para este efecto pudieran ser cerrados simultáneamente y así desviar parcialmente el agua por el nuevo túnel, al tiempo que iba subiendo el nivel de la presa para intentar cumplir la meta de generación de energía en noviembre. Pensaban que haciendo eso al mismo tiempo podrían construir el final de la cúspide del muro y terminar los vertederos. Pero el régimen de lluvias en abril fue enorme y los desechos vegetales no recogidos fueron arrastrados por el agua y llevados contra el nuevo túnel que se derrumbó taponando el respectivo flujo de agua. Tras este desastre optaron por desviar las aguas por el túnel de la Casa de Máquinas, a pesar del potencial daño que se les causaría a los equipos y al macizo rocoso.

Si no se hubiera hecho lo anterior, al alcanzar el río Cauca la cota superior sin que se hubiera construido el lleno del tramo de la cota 380 a la 410 (metros por encima del nivel del mar) que es donde se encuentran los vertederos, podría derrumbarse toda la obra. Era pues una carrera contra el tiempo, producto de la improvisación y la ruptura de la linealidad por etapas que debe llevarse a cabo en una construcción de este tipo. En medio de esta debacle, el tiempo seco arribó en el mes de octubre, haciendo que el caudal del río disminuyera y posibilitando la terminación de las obras civiles prioritarias, por lo menos hasta el vertedero.

En junio de 2018, la ANLA había ordenado con una resolución que se detuviera la construcción de la represa para que se diera paso a las obras que mitigaran los efectos que habían desbordado toda previsión. Y esto en la práctica no se llevó a cabo porque EPM, que es el socio encargado del proyecto, decidió que continuar con el lleno en la cota superior era una necesidad en la mira de evitar una catástrofe. Valga decir que la ANLA siempre visitó la obra general y no se entiende cómo no vio la construcción ilegal del tercer túnel y el cierre ilegal de los otros dos, como si los funcionarios solo hubieran ido a tomar tinto y a recibir informaciones de escritorio sin visitas de campo.

Por último, en enero 16 del presente año, EPM cerró abruptamente la compuerta de uno de los túneles de desviación a Casa de Máquinas, sin que la ANLA estuviera notificada. Esta medida se tomó a partir de una prospección que se le estaba haciendo a estos túneles en donde se encontró una gran grieta de unos 22 metros de una longitud, sin descartar que hubiera otras grietas y sin determinarse el origen de ellas.

El geólogo Alberto Arias, en una entrevista dada en enero 10, planteó la posibilidad de que las grietas en las excavaciones en la roca de la margen derecha, los deslizamientos en la parte alta de dicha margen y ahora las grietas identificadas en profundidad fueran todos fenómenos causalmente relacionados. Y agregó enfáticamente que los acontecimientos inesperados sucedidos en los últimos 6 meses reflejaban la ausencia de diagnósticos claros sobre lo que venía ocurriendo, y que todas las salidas técnicas se estaban dando con base en la idea de la terminación de la obra.

Lo anterior, según él, impide la evaluación del estado real del macizo rocoso de la margen derecha. Si se aceptara el vaciado controlado de las aguas represadas hasta el nivel normal del río, permitiría evaluar las excavaciones subterráneas y la estabilidad de dicho macizo, brindándole así más seguridad a las poblaciones aguas abajo al hacer un diagnóstico basado en mediciones objetivas. Pero esta posibilidad no está contemplada, por el tiempo y el costo que corren en contravía de los intereses estratégicos del proyecto.

Daños ecosociales

Al cerrar la compuerta del túnel de la Casa de Máquinas se produjo lo previsible: el caudal del río cayó a un mínimo cercano a 300 m³/s, violando la licencia ambiental y afectando la vida acuática y silvestre de una manera aterradora. Las noticias inmediatamente llegaron no solo al país sino también al mundo indicando que el río Cauca había sido herido de muerte; la respuesta oficial de EPM consistió en disponer profesionales suficientes, a su juicio, para mitigar el impacto recogiendo peces y salvando especies, y que en pocos días se restablecería el caudal; como si un gran daño ecosistémico se pudiera resarcir con medidas de mitigación eminentemente técnicas. Pero el Centro Democrático fue más allá: aplaudió la posibilidad de “limpiar el cauce del río”.

Las noticias mostraban que muchas ciénagas se estaban desocupando al bajar el nivel del río y que miles de peces y especies acuáticas estaban muriendo. El lamento general era que el río no volvería a ser el de siempre, situación que los pobladores aguas arriba ya habían experimentado puesto que no habían podido volver a hacer el barequeo ni había vuelto a presenciar los desoves de peces. Producto del nuevo obstáculo físico –el muro de 225 metros– montado en el seno del río, la vida económica y social, como ha denunciado permanentemente el Movimiento Ríos Vivos, no volvió a ser la misma, amén del aumento enorme de los riesgos, para lo cual han solicitado, con carácter de urgencia, el desmonte de la represa y la vuelta al curso normal del Patrón Mono, como le llaman al río Cauca.

Y ante el enorme daño ecosocial el Movimiento se pronunció: “Contrario a lo dicho en rueda de prensa por el gerente de EPM (Jorge Londoño de la Cuesta) en presencia del gobernador de Antioquia ( Luis Pérez) y el alcalde de Medellín (Federico Gutiérrez), el río no volverá a ser el mismo y nosotros tampoco porque su vida y la fuerza hoy la arrebataron, los sedimentos están quedando represados, su abundante caudal disminuido, la temperatura de sus aguas variadas y las riberas hoy sufren erosión con tantas fluctuaciones; todo esto se da por su insensatez, porque no conocen, no tienen ni idea qué es un río, un ecosistema muy complejo para que se entienda con los ojos de la avaricia y la destrucción”.

La última noticia de la obra dada por EPM es que ya hallaron las causas del desplome del túnel de desviación en mayo de 2018: “la erosión progresiva en el piso”. Como si este dato técnico valiera la pena y agregara tranquilidad a los habitantes que lo perdieron todo aguas arriba y aguas abajo.

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