Alberto Cortez: canción, poesía y compromiso

Álvaro Lopera

El 11 de marzo de 1940, a las 8 a.m., nació en Rancul, provincia de La Pampa, Argentina, José Alberto García Gallo. Su potente voz, su gran creatividad artística y su especial sentimiento lo condujeron al corazón de varias generaciones como cantautor y poeta.

‘Homenot’ Alberto Cortez. Ilustración por Pepe Farruqo (@PepeFarruqo)

Tenía 6 años cuando se encontró de repente con el estudio y la música. Su madre lo matriculó en la delegación del Conservatorio de Alberto Williams, de Rancul. A los 12 años, en lugar de jugar o tirar piedritas, ya componía canciones. Una de las primeras enseñó la garra creativa de quien se convertiría en una leyenda: “Un cigarrillo, la lluvia y tú”, que también cantaron Sandro, Tito Fuentes y Felipe Pirela: /Un cigarrillo, la lluvia y tú/me trastornan/dejo mis labios sobre tu piel/me vuelvo loco/”.

A esa edad no iba de aventura en aventura, sino de conservatorio en conservatorio. Del Alberto Williams, migró al Chopin, de San Rafael. Allí, a los 17 años, era el cantante de la orquesta Arizona. Le llamaban “Chiquito García”. Después de tener problemas por sus notas del colegio, salió del San Rafael y su padre le prohibió continuar con sus lides artísticas.

Con 18 años y todavía dependiendo de su padre, ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Estuvo obligado a cantar en bares y confiterías por manutención, hasta que llegó a la orquesta de Jazz San Francisco y se instaló como vocalista. Comenzó actuando en el centro nocturno Casanova, alternando con la orquesta de Armando Pontier, con Julio Sosa y Héctor Ferrari. Allí nació el nombre de Alberto Cortez como seudónimo. En ese año, 1958, abandonó los estudios.

Lo vimos en 1960 haciendo una gira en Europa y después de pasar penurias por abandono de los patrocinadores, allí estaba acechando a la que sería su futura compañera: la belga Renée Govaerts. La nave de la fama despegó el 31 de diciembre de 1960 cuando hizo una presentación en un programa de televisión que fue transmitido en toda Europa por la red de Eurovisión.

Creación y estilo

Su vida fue el derrotero de un caminante y de un creador de ritmos y canciones con las cuales no dejó temas sin tocar. Inauguró la musicalización de poemas de Antonio Machado, Miguel Hernández, Neruda, Quevedo, Lope de Vega, Góngora. Pocos escenarios artísticos se quedaron sin oír su potente voz: Latinoamérica fue su camino y Europa su casa. Fue ganador de innumerables premios y reconocimientos, con apenas un solo Grammy, además de un doctorado honoris causa de la Universidad Autónoma de Puebla.

La apreciación de lo sencillo fue el abono de su talento. Muestra de ello son sus canciones; entre ellas: Cuando un amigo se va (lo irrepetible de las personas y del amor que cada una de ellas nos aporta). Cuando su gran amigo, Facundo Cabral, fue asesinado, lo lloró, pero también le escribió la poesía En la muerte de Facundo Cabral, que en uno de sus versos dice: “Dolor hasta los tuétanos/dolor hasta el meollo del dolor/dolor entero, sin fisuras/”.

Himnos a la amistad, a la felicidad y al amor: A mis amigos (ese frágil barco de papel que tiene atado al timonel un corazón); A partir de mañana (nos recuerda que somos perecederos y que tenemos derecho a la felicidad hasta el último día de nuestras vidas; El abuelo (el recuerdo de un hombre que también fue un joven y que salió de su tierra en busca de futuro en otros paisajes, sin perder su esencia); En un rincón del alma (laspromesas rotas de amor, esos recuerdos que ahora son dolor porque esa voz, esa piel, ese aliento ya no nos acompañan, pero tampoco se irán de nuestra memoria).

Otras tan cotidianas y tan humanas: Callejero (canción que habla de la libertad, de la no apropiación de las cosas, de la solidaridad, a partir de la metáfora de un sencillo perro callejero que entra y sale de nuestra soledad); La vejez (esa edad que se instala sin permiso, nos quita la claridad de la mirada, es la más dura de las dictaduras y el último camino del cual no se puede regresar).

No dejó resquicio de vida sin tocar: Qué suerte he tenido de nacer (es un poema hablado que sale del alma, mientras acompaña la música): “qué suerte he tenido de nacer para estrechar la mano de un amigo, y poder asistir, como testigo, al milagro de cada amanecer…”; Mi árbol y yo (aquel árbol que fue sembrado por un niño y su padre y después de veintitantos años le da sombra y abrigo a ese hombre que creció y que ahora lo ve como una enorme casa para otras especies. Y no podía faltar en su haber Castillos en el aire (la canción contra la muerte de los sueños y contra el llamado a la cordura social).

Sabra y Chatila

Alberto Cortez fue uno de los pocos cantautores occidentales, si no el único, que lloró y cantó cuando supo, por los diarios, sobre la masacre sionista-falangista en el campo de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, en el Líbano. Entre el 16 y el 18 de septiembre de 1982, las fuerzas falangistas de extrema derecha debidamente apoyadas por Israel cometieron un genocidio, definido así por la ONU, donde violaron y asesinaron a golpes de machete y tiros de fusil a 3.500 palestinos, principalmente niños, mujeres y ancianos.

Cortez compuso Sabra y Chatila y la presentó en España, donde fue acogida con mucho entusiasmo: “/¿Adónde estaba el sol cuando sonaron/ los ecos desatados de la ira? /¿No será que las sombras lo apagaron/en Sabra y Chatila?/. Miró al cielo, no entendía: /¿Adónde estaba Dios, cuando la gente/fue sometida a hielo en las pupilas? /¿No será que se ha vuelto indiferente/en Sabra y Chatila? / Es tiempo de dictar comunicados/que limen lo espinoso de la espina/¿Qué harán para ocultar lo que ha pasado/en Sabra y Chatila?/…

Alberto murió el 4 de abril de este año. Además de sus canciones nos dejó un legado de 4 obras literarias cargadas de poesía: Equipaje (1977), Soy un ser humano (1985), Almacén de almas (1993) y su autobiografía Por los cuatro costados (2007).

Como Neruda, cantó y escribió a las pequeñas cosas, a la ternura, a la bondad. Esperemos que ese testamento ayude a los alzados en amor, a los tejedores de vida.

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