Somos resistiendo al olvido

Equipo Jurídico Pueblos

Foto: Equípo Júridico Pueblos

Historias comunes

Albinia es una mujer de 51 años, simpática, extrovertida y luchadora. En una vereda de Girón – Santander conoció a Javier Alberto Gonzales y se enamoró de su ternura, de su defensa tenaz por la vida y la libertad. En enero de 1988, se casaron en un islón del río Sogamoso. Tuvieron 5 hijos, 2 hombres y 3 mujeres; decidieron vivir en Barrancabermeja donde Javier Alberto había sido por años líder comunitario, hasta que fueron desplazados por los paramilitares.

La joven familia apenas se ubicó empezó a trabajar en una finca en la Vereda Cerro Madera Campo Dos del Municipio de Tibú (Norte de Santander). El 21 de noviembre de 2002, cuando Javier Alberto regresaba a su hogar, fue detenido por miembros del Ejército Nacional. Durante horas fue torturado y después lo asesinaron en estado de indefensión, presentándolo luego como un comandante de las FARC muerto en combate.

El cuerpo de Javier Alberto fue trasladado en helicóptero militar al cementerio de Tibú y sepultado en una fosa donde reposan los restos de más de cien seres humanos que no han sido identificados. El sepulturero cuenta que, en esa época, todos los días, los militares, en coordinación con los paramilitares, llevaban hasta tres muertos diarios para enterrarlos.

Miguel Ángel es un campesino santandereano de 83 años; frentero, honesto y siempre que opina de un tema recurre a alguna historia. En el municipio de Jesús María -Santander-, conoció a María Quitian, campesina de ojos azules y a ella unió su vida hace 62 años; tuvieron 9 hijos, 7 hombres y 2 mujeres. Después de recorrer diversas regiones, la numerosa familia se estableció en Floridablanca, donde adquirieron una finca en la vereda de Palogordo, muy cerca de donde después se construyó una cárcel de alta y mediana seguridad.

El 21 de marzo de 2011, la familia fue informada de que varias hectáreas de bosque se consumían por el fuego, al parecer provocado por unos hombres. Se trasladaron al lugar, donde pudieron constatar que más de 15 sujetos armados habían instalado cambuches dentro del predio. Uno de ellos les manifestó que un reconocido político uribista les propuso instalarse en el predio a cambio de asignarles un pedazo de la finca. Luego los Sánchez descubrieron que mediante maniobras engañosas su predio había sido vendido.

Ese 21 de marzo no podrá borrarse de la memoria de Miguel y María, pues los invasores armados asesinaron a Chucho y Luis Eduardo, dos de sus hijos. Los victimarios fueron capturados en el lugar de los hechos, pero horas después fueron liberados en una cuestionada audiencia de legalización de captura. Años después, el proceso penal continúa en etapa de juicio.

La voz de los protagonistas

Somos hijos, hijas, padres, madres, hermanos, sobrinas, familiares y compañeros de seres humanos arrebatados por el Terrorismo de Estado. Como Albinia, Miguel y María muchos otros vivimos en carne propia el accionar de las fuerzas militares y paramilitares, quienes planearon y ejecutaron desapariciones forzadas, violencias de género, tortura, ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y muchas otras prácticas criminales contra el pueblo.

Inicialmente pensamos que eran hechos aislados que les habían ocurrido a unas pocas familias, pero descubrimos que la tragedia era mayor y acontecía en todo el país. Los nuestros fueron convertidos en cifras, en resultados, en una felicitación o días de vacaciones, en trampolines para ascensos, en una mentira triunfalista, en un eslabón para la consolidación de un sistema desigual.

Empezamos a reunirnos, inicialmente, para recibir informes de las investigaciones. Luego comprendimos la necesidad de hacer memoria viva de nuestros familiares. Así nos fuimos encontrando con otras personas que compartían el mismo dolor, pero también la voluntad de convertirlo en la razón para luchar y resistir a la estructura dominante que reproduce injusticias, que perpetúa el genocidio y el terrorismo de Estado.

Desde nuestra acción colectiva, empezamos a entender que lo ocurrido no fue casualidad, que, al contrario, fue planeado y sistemático. Comprendimos que las víctimas no eran escogidas al azar, sino que eran personas que vivían en barrios populares, eran campesinos, obreros, habitantes de las periferias; muchos y muchas luchaban por mejorar las condiciones de vida de las comunidades o representaban sectores históricamente invisibilizados.

Concluimos que los autores del más alto nivel creyeron que nadie se enteraría, que no entenderíamos la naturaleza de su actuar criminal; jamás se imaginaron que alzaríamos nuestra voz, calcularon que aterrorizados, guardaríamos silencio, que no denunciaríamos ni cuestionaríamos.

Pero eso no ocurrió, por el contrario, identificamos la necesidad de organizarnos como sujetos políticos. Decidimos cualificar nuestra lucha, desnudar ante el mundo un sistema criminal que persigue y extermina a los pobres. Por eso, desde el 2009 empezamos a construir la Galería de la Memoria con el rostro de nuestros familiares y la descripción de los hechos y sus victimarios.

Empezamos a reflexionar sobre el sentido de memoria, también nos preguntamos por el significado de la justicia y la verdad, más allá de las instancias estatales, lo definido por las altas cortes o los tribunales internacionales. Desde nuestra experiencia en los estrados judiciales, ya sabíamos que la realidad sería ocultada y negada por el poder imperante, al que responde toda la institucionalidad. Estos análisis los fuimos realizando e interiorizando colectivamente a partir de dos grandes encuentros, en los que fuimos afianzando nuestros lazos de solidaridad y unidad en torno a la dignificación de los nuestros.

Acompañarnos en las audiencias revictimizantes de los pocos casos que llegaron a un juicio, en salas repletas de militares, o sencillamente vacías; realizar plantones y marchas, fueron acciones sencillas, pero de alta significación para nosotros, porque aprendimos a hacer propio el valor del apoyo mutuo. Además, contamos desde el inicio con el acompañamiento del sacerdote defensor de derechos humanos, Javier Giraldo, quien nos ha aportado elementos valiosos de su postura crítica y su experiencia.

Como todo proceso hemos tenido altibajos, por momentos nos ha ganado la desesperanza y la impotencia que produce la falta de resultados en los procesos judiciales, lo que se suma a la situación socioeconómica que vivimos todas las familias. Pero en medio de la adversidad, decidimos seguir. Así, producto de años de reuniones, marchas, plantones, desilusiones y debates, nació Resistiendo al Olvido.

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