El bloqueo contra Cuba pretende matar de hambre al pueblo

Por Rubén Darío Zapata

Caricatura de Osval

El 6 de noviembre pasado los países miembros de la ONU se reunieron para votar a propósito del bloqueo que desde hace casi seis décadas mantiene Estados Unidos contra Cuba; como viene ocurriendo desde hace ya varios años, todos los países votaron en contra del bloqueo, excepto Estados Unidos e Israel, que insisten en mantenerlo, y Colombia, que se abstuvo de votar. El poder de veto de Estados Unidos en la ONU, sin embargo, le permite mantenerlo en contra de todos los argumentos que lo rechazan por inhumano.

Antecedentes

El bloqueo contra Cuba se inició prácticamente en el momento en que triunfó la revolución y el gobierno estadounidense rompió relaciones comerciales y políticas con la Isla. Pero se formalizó en 1962 en el congreso realizado ese año en Punta del Este, Uruguay, donde el gobierno de John F. Kennedy impulsó la llamada Alianza para el Progreso en la que desplegaba una estrategia anticomunista que pretendía aislar al resto del continente americano de la influencia de la revolución. Como resultado, Cuba fue expulsada de la OEA y todos los países miembros de esta organización rompieron relaciones comerciales y políticas con ella.

Lo primero que intentó Estados Unidos para derrocar la revolución fue la invasión a Playa Girón y luego a Bahía Cochinos, pero en ambos intentos fue derrotado por el pueblo cubano que empuñó las armas para defenderla. A partir de ese momento, la estrategia fue diseñada según el pensamiento del subsecretario de Estado Lester Mallory, quien al ver el apoyo popular a la revolución se propuso la rendición de ese pueblo por hambre para obligarlo a levantarse contra el régimen socialista.

La otra vuelta de tuerca

La filosofía de Mallory se aplicó en Estados Unidos hasta la llegada de Obama al gobierno. Según explica Jonathan Quiroz, de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores Cubanos, el propósito de Obama era el mismo, pero con estrategias más inteligentes: lo que buscaba era moldear la juventud a través de los hábitos de consumo y la cultura estadounidenses, y confiaba en que esto se lograba más bien impulsando las relaciones comerciales que manteniendo un bloqueo inoficioso. Pero el mismo Obama terminó absteniéndose de votar en contra del bloqueo en la ONU, dado que la ley Helms-Burton, aprobada en 1996 durante el gobierno Clinton, en la cual todas las leyes anteriores sobre bloqueo se codificaban en una sola y su administración dejaba de ser potestad del presidente para pasar al Congreso.

Hasta antes de Trump, ningún gobierno había implementado los puntos más duros de dicha ley, aquellos que sancionan a las empresas cubanas o extranjeras que administran bienes que antes eran de los cubanos y luego fueron nacionalizados. Pero Trump puso estos puntos como bandera de su guerra contra Cuba. Además, eliminó todos los avances de Obama en materia de relaciones comerciales, restringió el envío de remesas y los viajes de estadounidenses a la Isla y estableció sanciones para cualquier buque que transporte combustibles, alimentos o cualquier otra cosa hacia a Cuba.

Cuba obtiene casi toda su energía del petróleo, porque no hay en la Isla grandes ríos que le permitan obtener energía hidroeléctrica. Así que los efectos de la escasez de petróleo han obligado a un recorte planificado y drástico del consumo de energía en la Isla. Por ahora, de lo que se ha cuidado el gobierno es de no repetir los tremendos apagones de los años 90; ha reducido más bien el consumo de energía en los centros de producción y trabajo, procurando no reducirla en los hogares.

También ha implicado una reducción muy grande en el transporte. Y es que el transporte en Cuba, por sus propias restricciones económicas, está limitado al automotor, que funciona con gasolina. La ineficiencia actual del transporte se reporta en incomodidades grandes para la población, que tiene que gastar hasta tres y cuatro horas en recorridos que antes demandaban una. Además, en el caso de estudiantes y profesores, por ejemplo, después de soportar las dificultades del transporte, llegan a la universidad y encuentran que tienen que subir a pie hasta 20 pisos porque no pueden usar los ascensores, y luego trabajar en un salón que no tiene aire acondicionado, en una temperatura promedio de 34 grados centígrados.

La otra dificultad tiene que ver con la escasez de alimentos básicos. Pues Cuba fue un país durante muchos años exportador neto de azúcar y el cultivo de caña durante tantos siglos fue empobreciendo la tierra. No hay en Cuba tierras aptas para el cultivo de oleaginosas y por eso todo el aceite debe ser importado, tampoco se produce trigo, y el arroz, que es base de la alimentación cubana, apenas es producido en cierta cantidad. Tampoco se produce suficiente leche porque hay poco territorio apto para la ganadería.

Con las sanciones que el gobierno Trump está imponiendo a los buques que llevan alimentos a Cuba está haciendo escasear cada vez de forma más dramática estos alimentos, con lo cual multiplica la incomodidad y el sufrimiento del pueblo cubano. Pero el nivel de conciencia de los cubanos, que ha crecido muchísimo con la revolución según explica Jonathan, les ha permitido entender desde el principio que dichos problemas no son generados por el régimen socialista sino por el bloqueo cada vez más criminal. Y lo sabe también la comunidad internacional a juzgar por las votaciones en contra del bloqueo en la ONU.

Por ahora, como explica Jonathan, el gobierno cubano sabe que debe confiar principalmente en sus propias fuerzas y por eso está impulsando proyectos a largo plazo para producir alimentos. Pero necesita grandes capitales para la adecuación de los terrenos tan empobrecidos por el cultivo de caña, para implementar cultivos orgánicos y sistemas de regadío, porque Cuba no tiene grandes ríos y, por tanto, debe recurrir a estrategias de trasvase que cuestan muchísimo.

Ahora está ingresando a la Isla capital europeo, japonés, mexicano, canadiense, a pesar de las amenazas estadounidenses, y se ha creado una zona franca en el puerto de Mariel para promover estas inversiones, al tiempo que se han ido consolidando empresas mixtas sobre todo en el sector turismo. “Se trata de buscar un capital que efectivamente le sirva al país -explica Jonathan-. Por eso hay polémicas internas a propósito del capital que quiere invertir en campos de golf. Ese es el riesgo de abrirse a la inversión del capital foráneo, porque hay que ofrecerle condiciones favorables; pero el gobierno debe ser lo suficientemente estratégico para lograr que estas inversiones se realicen en lo que realmente necesitamos y promuevan un desarrollo efectivo”.

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